Opinión

Consejo Asesor de Espacio Público

La existencia de un Consejo Asesor significa que las decisiones más trascendentes con impacto en el espacio público sean reflexionadas. | Roberto Remes

  • 02/09/2020
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La traza de París se atribuye al Barón Georges Haussmann, quien fue nombrado por Napoleón III como el encargado de Planificación, a través de la Prefectura del Departamento del Sena. A Haussmann lo mismo se le reconoce haber abierto los grandes paseos que hoy caracterizan a la capital francesa, que haber expulsado a los pobres del casco medieval. Y así como Haussmann hay otros hombres en el mundo que quedan asociados con el diseño unipersonal de sus ciudades: Ildefonso Cerdá en Barcelona, Christopher Wren en Londres, Frederick Olmsted para Manhattan.

En el caso mexicano no hay un padre único de la traza urbana chilanga, pero sí la influencia de tomadores de decisión individualistas que tenían un solo jefe, el presidente, y no un órgano colegiado: Ernesto Uruchurtu, en la extensión del Paseo de la Reforma hacia el noreste; el entubamiento del Río de la Piedad para hacer los Viaductos Piedad, Alemán y Becerra, y así como el Periférico poniente. Años más tarde, Carlos Hank González marcó la traza de la Ciudad de México generando grandes vialidades Norte-Sur y Este-Oeste, llamados Ejes Viales, que terminaron con bellos paseos de palmeras y árboles frondosos.

En estas historias dominan las decisiones sin deliberación. Para bien y para mal, estos grandes planeadores tuvieron aciertos y errores, aunque no podemos comparar a Haussmann con Hank González. Para muchos, las obras de Periférico, Viaducto o los Ejes Viales, incluso los segundos pisos, eran obras necesarias. Hoy resultan cuestionables y probables causantes de muchos de los males que vivimos, no sólo la congestión. 

Decisiones colectivas quizá padezcan el defecto de limitar la genialidad pero también la improvisación, ya no hay más luz divina para un solo hombre sino ideas enriquecidas para la colectividad.

Cuando iniciaba la administración de Claudia Sheinbaum, en la Autoridad del Espacio Público (AEP) prevalecía la certeza de que el órgano desconcentrado desaparecería, pero todo lo demás era incertidumbre. David Garay Maldonado, ex Secretario de Seguridad Pública, amigo recién fallecido, me decía, "nadie quiere ser el Santa Anna de su territorio". Aún así, redactamos un borrador de Acuerdo para desaparecer la AEP, en el cual propusimos la conformación de un Consejo Asesor. Cuando finalmente, el 31 de diciembre de 2018 se publicó el Acuerdo de Extinción –distinto al que propusimos– se incluyó este Consejo Asesor, el cual debía ser convocado en un plazo de 90 días, que nadie respetó.

Este consejo se planteó "con el fin de mantener un espacio de análisis de la política en torno de la imagen urbana, los barrios originarios, el diseño urbano derivado de mitigación e integración urbana, la protección del uso común del espacio público, la generación de programas de uso, mantenimiento y ampliación del espacio público con metodologías participativas, entre otros temas concernientes del espacio público".

Decenas de millones de pesos después, por fin se convocó a expertos para la conformación del Consejo Asesor. En general veo nombres que me agrada ver, que conocen la materia y tienen mucho que aportar. No me centraré en ellos, porque sé que si el Consejo Asesor es escuchado estamos en buenas manos.

Sin embargo, la existencia de un Consejo Asesor significa que las decisiones más trascendentes con impacto en el espacio público sean, por lo menos, reflexionadas en el seno de este órgano colegiado. Lo que, por lo menos, esperaríamos de un Consejo Asesor, es que los proyectos fueran presentados con transparencia desde su concepción, que los planos se revisaran antes de iniciar el proceso de licitación y con suficiente tiempo para hacer correcciones. Que programas ambiciosos como Sembrando Parques se enriquezcan con la voz de la veintena de consejeros, pero que también obras que concentran más de mil millones de pesos cada una, como el viaducto elevado de Periférico y Cuemanco, o el de Galindo y Villa, pudieran contar con perspectivas más humanas, donde no sólo se evite el daño al humedal y al espacio público, sino que además se mire por la permeabilidad e integración.

No habrá ocasión de tener planeadores únicos como Haussmann, Cerda o Wren. Los Ejes Viales mexicanos han asesinado a miles de personas. México ha enterrado sus ríos. Ya no queremos ciudades planeadas por individuos. La democracia exige colegiar las decisiones, pues nadie posee toda la verdad.

Bien que finalmente hayan retomado la idea de un Consejo Asesor de Espacio Público, lástima que hayan tardado tanto que los proyectos de gran impacto (en el espacio público) de esta administración no hayan sido deliberados, como los pasos a desnivel, el teleférico, el trolebús elevado. Ojalá sí alcancen a discutir la rehabilitación del Bosque de Chapultepec, y pongan sobre la mesa la necesidad de un Plan Rector en materia de Espacio Público, que determine lugares, formas, procesos y etapas, para mejorar el espacio común de la ciudad en su conjunto.



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