Opinión

Conducir no es cocinar en el microondas

Hace décadas que el trámite de la licencia no es engorroso; engorrosas, las muertes que conlleva cuando sólo se le ve como un acto burocrático. | Roberto Remes

  • 16/12/2020
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Aprendí a manejar en la adolescencia. Mis abuelos vivían en una privada familiar de tres casas. Cabían seis autos, pero eso obligaba a hacer maniobras todos los días. Desde los 14 años ya sacaba coches y los volvía a meter, poco a poco probaba meter segunda, dar la vuelta al camellón de la calle Rébsamen y regresar.

A los 16 años obtuve el permiso para conducir. Ningún examen de manejo. A los 18 años saqué la licencia y, por los requisitos de entonces, mi permiso sirvió casi como renovación para eludir el examen. En la base de datos de la Secretaría de Transportes y Vialidad se generaron al menos dos registros míos, uno con mi segundo nombre, que jamás uso, y otro sin él; en una renovación lo supe, así que podría haber tenido dos licencias permanentes, por si en una se acumulaban demasiadas multas. 

En 2009 sufrí un asalto donde me robaron varias cosas importantes, entre ellas mi celular y mi licencia. Cuando intenté cobrar el seguro del teléfono, me topé con un trámite engorroso; para no perder la vuelta a la Colonia Roma, decidí asomarme a la oficina de la Setravi en Álvaro Obregón, sólo éramos dos personas tramitando la licencia; contrario a lo que esperaba, me trataron mejor que en Telcel, sólo tuve que ir al banco a pagar y me repusieron la licencia permanente.

En algún momento fui un conductor agresivo. Tomaba las vueltas continuas, vueltas prohibidas, aceleraba, reclamaba, entre otras conductas que conforman la violencia vial. Fue justo ese asalto de 2009 el que me puso los pies en la tierra. Hasta mis 22 años yo había sido bastante independiente del auto; sin embargo, desde que tuve el mío propio, me fui atando al vehículo y mi neurosis se exacerbó. Desde 2009 uso el auto por excepción, he reducido tanto la velocidad como elevado la prudencia; como lo dije hace unos meses en esta columna, eso salvó mi vida, la de mi hermana y la de mi hijo, en un incidente vial contra una patrulla que se pasó el alto.

Millones de conductores en las calles no saben lo que tienen en sus manos, no saben que en el fondo es como si dejáramos pistolas al alcance de los niños. Urge la licencia de conducir. Es irresponsable que no se esté dando un solo paso para establecer requisitos que vinculen la emisión de la licencia con los hábitos de manejo. Sólo interesa el pago, la identificación y un ridículo comprobante de domicilio.

Para colmo, iniciando este gobierno se facilitó la renovación de la licencia en línea. Ni siquiera tuvieron el oficio de consultar a los 31 estados si tendrían disposición o problema para validar un comprobante de renovación en papel corriente. Un gobierno que más se preocupa por facilitar la vida del automovilista que proteger las vidas humanas, ahora incluye un módulo en su app, para renovar la tenencia y llevarla virtual en el teléfono, para evitar “engorrosos trámites”, expresión utilizada por la jefa de gobierno en un tuit.

Después de 11 años de emitida, mi licencia de conducir presenta deterioro, se están despegando las micas. Podría quejarme de que mi licencia permanente no pueda ser convertida en una licencia digital y que tarde o temprano tendré que acudir al “engorroso trámite” para sustituir el plástico. Pero no, en realidad me muero de ira por la irresponsabilidad que representa esta digitalización: es más importante simplificar lo que ya era simple, que velar por la destreza de los conductores. Manejar no es cocinar en el microondas.

Lo que me causa furia es que sea más importante simplificar un trámite que hacen todos los conductores en el mundo, y que este gobierno sea incapaz de dar un solo paso para que la licencia de conducir refleje que quien la posee sabe conducir, que sea un documento que deje de estar basado en una declaratoria de buena fe, y que como hacen todos los demás países se emita cuando la persona demuestre que sabe conducir.

En 2015, el hoy Subsecretario de Planeación de la Secretaría de Movilidad escribió “Licencia de conducir en 23 minutos. Record. Único problema es que no saben si: Veo. Escucho. Conozco reglamento. Da lo mismo”. En 2011, el hoy Secretario de Movilidad dijo a la periodista Karla Iberia en un tuit: “es increíble que no se hagan exámenes para sacar la licencia de conducir”; todavía en diciembre de 2018 dijo que la introducción de los exámenes sería un proceso gradual. El proceso gradual, suponemos, empieza con una nueva licencia para motociclistas pero no basta, mínimo tendríamos que establecer el examen en los permisos de conducir para menores o la primera emisión de la licencia, o que las renovaciones por medio de una app vayan acompañadas de cursos a distancia y exámenes en línea.

En realidad, la decisión de facilitar el trámite a cambio de nada es irresponsable. Parece una decisión político electoral, suscrita por comparsas, a sabiendas de su costo en vidas humanas. Hace décadas que el trámite de la licencia no es engorroso; engorrosas, las muertes que conlleva cuando sólo se le ve como un acto burocrático.

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