Opinión

¿Con melón o con sandía?

Lograr una nueva legislación electoral basada en el consenso es deseable, pero no se ve factible. | José Antonio Sosa Plata

  • 04/05/2022
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La contrapropuesta de reforma electoral que presentó la coalición Va Por México augura un conflicto tan grande como el que provocó la reforma eléctrica. Con la certeza de que la propuesta del presidente Andrés Manuel López Obrador será rechazada, lo más probable es que no se consolide para las elecciones de 2024 una legislación que fortalezca más nuestra democracia

La diversidad de temas que serán debatidos durante las próximas semanas —pero sobre todo los desacuerdos que tendrán los partidos— impedirán que tengamos un marco legal compacto y eficaz que corrija los problemas que hoy enfrenta nuestro modelo de competencia política. 

El sondeo que realizó (y este fin de semana publicará) La Silla Rota entre sus columnistas ofrece un buen panorama de la alta complejidad que existe para lograr los acuerdos esenciales para que nuestro sistema siga asegurando elecciones confiables, libres, transparentes y con procesos que permitan que las diferencias, conflictos y controversias se resuelvan institucionalmente. 

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El Gobierno, Morena y sus aliados, se mantienen firmes en sus posturas. También los partidos de oposición. Sin embargo, las propuestas que unos y otros han colocado sobre la mesa no apuntan hacia la realización de un debate sereno y civilizado. Con base en lo que está sucediendo hasta ahora, es evidente que la polarización no logrará el consenso ni arrojará los mejores resultados.

La agenda que se ha construido es amplia y dispersa. Tanto que las prioridades se confunden. Las acusaciones, recriminaciones y reproches van de una lado para otro. Los argumentos para mantener los privilegios y debilitar al adversario se imponen. Cierto es que las diferencias no son de forma, sino de fondo. Pero también se puede asegurar que algunos objetivos parecen obedecer más a revanchas o venganzas que a lo que en verdad necesita la democracia que llevamos años construyendo. 

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En contraste, es preciso señalar que también hay propuestas valiosas y plenamente justificadas en ambos bandos. Pero se desdibujan, minimizan o pierden enmedio del caos informativo que provocan las estrategias de comunicación política que se pusieron en práctica. El ruido producido no permite a la ciudadanía comprender con facilidad qué es lo que debe cambiar y porqué. No lo hará mientras predominen los argumentos de choque, no los de reflexión y análisis.

La batalla en los medios convencionales, digitales y redes sociales está encendida. Vendrán días difíciles, sin duda. Más aún en el marco de una agenda nacional en la que se atraviesa la información de los procesos electorales en marcha. Y en la que, también y de manera contundente, ha regreso a la vieja normalidad informativa.

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Las prioridades de la reforma electoral de vanguardia parecerían estar bien claras: 

1. Poner fin a la sobrerregulación

2. Reducir el gasto en partidos e instituciones electorales

3. Crear un nuevo modelo de comunicación política a partir de la reducción en los tiempos, costos y espacios mediáticos de las campañas.

4. Ampliar los márgenes de libertad de expresión de gobiernos, partidos, candidatos y ciudadanos

5. Adaptar todos los procesos del sistema electoral, con mucha mayor efectividad, a las herramientas tecnológicas y al nuevo ecosistema de comunicación.

A esta lista se han agregado otras propuestas también relevantes, como impedir que los grupos del crimen organizado interfieran o controlen los procesos electorales y los resultados finales, el mejoramiento del sistema de representatividad y de pesos y contrapesos, o la segunda vuelta en las elecciones presidenciales.

Sin embargo, en el espacio mediático predominan hoy las acusaciones de corrupción, fraude, parcialidad, inequidad o abuso como si no tuviéramos desde hace años un sistema electoral confiable y que funciona adecuadamente en términos generales. El problema de fondo está en que frente a esta cortina de humo es altamente probable que se terminen imponiendo los intereses de algunos en detrimento de lo que requiere nuestra democracia.

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Es normal que una reforma de gran calado como la electoral desate pasiones, genere encontronazos y se lleve la lucha por el poder a extremos inauditos. Desde esta perspectiva, tampoco extraña que consejeros del INE y magistrados del TEPJF estén en el centro de la atención. Lo que no es aceptable es que se pierda la oportunidad para seguir avanzando en el proceso de democratización en el que estamos inmersos. 

México está preparado para tener una legislación electoral de primer mundo. Muchos líderes y lideresas piensan que la misión es posible y están actuando en consecuencia. Pero muchos otros solo están viendo por sus intereses. La complejidad que tienen las dos propuestas  de reforma no se puede limitar a una simple consulta de estar a favor o en contra de quienes las encabezan.

Consulta: Luis Carlos Ugalde y Said Hernández Quintana (coordinadores). Elecciones, justicia y democracia en México. Fortalezas y debilidades del sistema electoral, 1990-2020. México: Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), 2020.

Por otra parte, también están presentes los esfuerzos que realizan algunos actores políticos, organizaciones de la sociedad civil, instituciones académicas, servidores públicos, medios de comunicación y líderes de opinión para cumplir con dicha misión. Sin duda, trabajan por convertir lo deseable en viable. Lo malo es que sus esfuerzos de acción y comunicación tal vez no incidan en el resultado final.

En síntesis. El diálogo productivo se ve lejano. Las condiciones para el debate constructivo no están dadas. A nadie conviene elegir entre melón y sandía, Lo más recomendable sería seleccionar lo mejor de cada una y tener un marco normativo sólido, compacto, justo, equilibrado, equitativo y con visión de largo plazo. Pero para eso se requiere algo que no es factible: el acuerdo entre quienes hoy se mantienen en los extremos. 

Recomendación editorial: David Van Reybrouck. Contra las elecciones. Cómo salvar la democracia. España: Editorial Taurus, 2017.

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