Opinión

Cómo ser más amables con nosotros mismos este 2020

Cuando nos damos un respiro no solamente nos relajamos, recargamos batería para poder ser más productivos en el momento necesario. |

  • 25/01/2020
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Es el cuarto sábado del año, y muchos de nosotros nos sentimos como si estuviéramos en la semana 42, sin haber tomado vacaciones, y recién salidos de un gripón monumental, que además, con este frío, está a la orden del día.

Con tantas cosas sucediendo tan rápido y al mismo, más todas las preocupaciones cotidianas, ¿a qué hora nos damos un respiro y nos damos un tiempo para nosotros mismos? De vez en cuando, un poquito de egoísmo es necesario para mantener nuestra salud mental, sin llegar a caer en el individualismo y que todos los demás nos valgan tres kilos de pepino.

Podemos empezar con darnos un poco más de tiempo a nosotros mismos. Ya sea al día o a la semana. Muchos le huyen a la soledad, pero puede llegar a ser una gran aliada, nos ayuda a regular nuestras emociones, y a prepararnos mejor para lidiar con otros. Al identificar situaciones en donde necesitamos un momento para estar solos y reflexionar, canalizamos mejor nuestras emociones, respondemos mejor a situaciones incómodas, y que tienen mayor costo emocional.

Dentro de ese tiempo para nosotros, es perfectamente válido el no hacer nada. Pero de verdad, nada. Nada de “voy a aprovechar para lavar, escombrar la casa, hacer el súper, o ponerme al corriente con mi correo”. NA-DA. Cuando nos damos un respiro de la ajetreada vida de godín, padre o madre de familia, o alma de la fiesta, no solamente nos relajamos, recargamos batería para poder ser más productivos en el momento necesario, y evitamos la ansiedad, burnout, insomnio y tantos otros males que nos aquejan hoy en día.

Cuando no hacemos nada, es válido, y hasta necesario, disfrutar al máximo nuestros gustos culposos. Que en realidad no tendrían nada de culposos, nos gustan y punto, y además, nos hacen felices. Lo mismo para experiencias que repetimos en lugar de probar cosas nuevas. Ojo, que probar cosas nuevas tiene lo suyo, pero el disfrutar las cosas que sabemos nos van a hacer felices, tampoco tiene precio.

Pero, ¿el tiempo con amigos no cuenta, no es relajante, no es un distractor, no es una ayuda? Claro que lo es, y también lo es el darle su lugar a nuestros conocidos. Que si los otros papás en la escuela, nuestros compañeros menos sociables en la oficina, el mesero de nuestro café favorito. No tienen que convertirse en nuestros mejores amigos, ni en nuestros confidentes. Pero el tener relaciones superficiales, pero empáticas, nos ayuda a sentirnos menos solos, más conectados socialmente, y según un estudio publicado el 2014 en el Personality and Social Psychology Bulletin, entre más relaciones así tengamos, más felices somos, sin sacrificar a nuestros amigos del alma, claro está.

Se los dejo al costo, ustedes sabrán si lo intentan y cambian sus vidas paso a pasito, o si me mandar por un tubo y siguen viviendo con su ansiedad tóxica, que la mía por ahí anda.

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