Opinión

Como hace treinta años

En el fondo de la tragedia hay que destacar la irresponsabilidad y corrupción de los funcionarios públicos de todos los niveles del DDF.

  • 19/09/2015
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Suena el teléfono, contesto. -Hola Carlos, ¿cómo te fue de temblor?, me dice la voz de Jesús. -Bien, se movió fuerte el edificio pero todo tranquilo; hay humo en el edificio de Comunicaciones, le respondo. ¿Cómo les fue a ustedes?, pregunto a la vez. -Estamos bien, pero se nos cayó la casa. -¿Cómo, qué dices?  ¿Qué pasó? ¿Cómo que se cayó? --Sí, quedamos al nivel del piso. Te estoy hablando del departamento de una amiga que vive en los edificios de la otra acera. -Voy para allá.

 

Ese fue mi primer contacto con las consecuencias del terremoto del 85. Me vestí, tomé el carro y a toda velocidad recorrí calzada de Tlalpan rumbo a Coyoacán, a la calle de Américas, para entender a qué se refería Jesús. La conciencia de la dimensión la fui descubriendo conforme pasó el día, metido en el desastre. [El departamento estaba en el segundo piso de un edificio de tres pisos y planta baja que servía de estacionamiento, en un terreno con tres edificios iguales: el de la calle, quedó afectado; el segundo se deslizó, se fue de lado y se detuvo gracias a una barda y a los autos al lado: ahí vivían ellos. El tercero no sufrió daño, aparentemente].

 

El piso del departamento quedó a unos setenta centímetros del nivel de la calle y difícil entender cómo es que podía haber dos losas (el piso de ese departamento y el piso del de abajo) y que entre las mismas hubiera personas, cosas, muebles, libros, cuadros, etcétera.

 

Las razones

 

En el fondo de la tragedia hay que destacar la irresponsabilidad y corrupción de los funcionarios públicos de todos los niveles del Departamento del Distrito Federal y, en particular, de los inspectores responsables de las normas de construcción: el edificio tenía columnas con cuatro varillas de un calibre muy bajo, no aptas para resistir la carga y los movimientos, sobre todo en la planta baja, sin paredes, pues servía de estacionamiento y de paso hacia el fondo del terreno.

 

¿Por qué se cayó ese edificio? Por la mala calidad de los materiales, y sobre todo, por la inmensa corrupción y connivencia entre el constructor y las autoridades: esa fue la causa de tanta tragedia, ya sea en San Antonio Abad, en la Roma o en Tlatelolco.

 

Las acciones

 

En el departamento del primer piso quedaron atrapadas la dueña de la casa y la trabajadora doméstica. El rescate fue difícil y fue gracias a la destreza y habilidad de los trabajadores de una vulcanizadora, de una herrería, de los diversos oficios que se les pudo rescatar ilesas, después de un arduo trabajo de más de doce horas.  Jesús salió lastimado pues un pedazo de pared le cayó sobre el pie y fue hasta el día siguiente, con la adrenalina a la baja, que se dio cuenta y fue al hospital con una fractura. Su casa había desaparecido y lo sorprendente, como digo más arriba, fue remover los escombros, las losas y encontrar los cuadros con los vidrios rotos pero intactos, los libros llenos de polvo pero completos.

 

El auto estacionado en la planta baja del edificio quedó hecho acordeón y los señores del seguro se resistían a declarar la pérdida total, llegando al absurdo de señalar que “no se encuentra el encendedor”. Hasta ahí, una historia como las miles de historias dolorosas que se vivieron.

 

La ciudad y sus actores

 

Lo trágico, como sociedad, es la actitud y el comportamiento de las autoridades, tanto las de la ciudad y de la delegación como de las autoridades federales. La ciudadanía, ante la incapacidad gubernamental se separó del poder y se puso en manos de los jóvenes de todas las clases sociales, de muchos muchachos de zonas marginadas que organizaron el tránsito, cuidaron y colaboraron en el levantamiento de escombros. A la mañana siguiente, el día 20, pasaron por casa de Jesús unos soldados y algunos miembros de la delegación presionando para que limpiáramos la banqueta ya que el presidente de la República haría un recorrido por diversos lugares y “no estaría bien que viera tanto escombro”.

 

La delegación, además, señalaba que pondría máquinas para remover las losas pero que en su momento cobraría por el servicio. Ramón Aguirre, el regente,  ante las críticas por su ineficiencia dijo que si no nos gustaba cómo se gobernaba la ciudad nos fuéramos de aquí; doce años después la ciudad decidió: Ellos se tuvieron que ir. ¿Ya regresaron?

 

De pilón…

 

México es una ciudad que se renueva y reconstruye y está siempre abierta a las aberraciones y las decisiones más desafortunadas de los gobernantes. Hoy, parece que se trata de crear la ciudad del futuro, con segundos pisos para autos o para corredores “culturales”. ¿Quiénes viviremos en la planta baja, ese lugar donde el sol aparecerá sólo un breve momento?

 

¿Cómo luchamos contra la corrupción? Un ejemplo es la violación a los reglamentos: veamos los nuevos edificios en la Condesa o la Roma. ¿Qué hacemos? ¿Peleamos por la ciudad, por nosotros y nuestra calidad de vida? ¿Qué hacemos si el partido que creció como la conciencia del terremoto traicionó su compromiso? ¿Los dejamos?

 

Facebook: carlos.anayarosique

Twitter: @anayacar

 

(Obviedades es un ejercicio de reflexión que comparto con mucho gusto no para que estén de acuerdo sino para hacer conciencia de las contradicciones de un régimen… que puede ser cualquier  régimen, no importa el partido, por supuesto)