Opinión

Combatiendo la polución a escopetazos

Las “medidas inmediatas” presentadas por la CAMe para mejorar la calidad del aire incluye muchas que no tienen nada de inmediatas. | Leonardo Martínez

  • 13/06/2019
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Se dice que cuando uno no tiene buena puntería una alternativa es ponerse a tirar escopetazos, con la esperanza de que la suerte haga que al menos uno de los balines dé en el blanco.

Lamentablemente es esa la imagen que a muchos nos vino a la mente cuando vimos los esfuerzos infructuosos de Claudia Sheinbaum, sus eminentes asesores y la Comisión Ambiental de la Megalópolis para reaccionar adecuadamente ante las contingencias ambientales de hace unas semanas, y más recientemente para actuar responsablemente cuando presentaron sus “medidas inmediatas” para mejorar la calidad del aire en la zona metropolitana del Valle de México.

La mayoría de los muchos comentarios que leí y escuché en esos días ponían el dedo en la llaga, resaltando la abierta incapacidad de ese frente para reaccionar ante la emergencia y comunicarse asertivamente con la sociedad que demandaba explicaciones congruentes y acciones efectivas.

Pero creo que lo peor de todo es la retención de este irresponsable afán de minimizar la gravedad de los efectos y los daños que la contaminación atmosférica genera sobre la salud de la población y los ecosistemas naturales. En vez de decir responsablemente con todas sus letras que enfrentamos un serio problema de salud pública en esta Ciudad de México (como, dicho sea de paso, en muchas otras ciudades del país), Sheinbaum reiteró públicamente en plena crisis ambiental que la exposición a partículas PM2.5 causa enfermedades respiratorias, lo que, por decir lo menos, denota una clara falta de actualización sobre los hallazgos de la comunidad científica internacional en los últimos años.

Reducir los efectos de la exposición a las PM2.5 solo a enfermedades respiratorias, es como reducir la sintomatología de un cáncer a la caída del cabello. Porque si en algo se ha ido poniendo de acuerdo la comunidad científica internacional que estudia los efectos de la contaminación atmosférica sobre la salud, es que dichos efectos han estado históricamente subestimados, es decir, que los daños que algunos contaminantes causan a la salud de muchas personas son mucho más graves de lo que se pensaba.

Las preocupaciones de muchos investigadores se han centrado en los efectos de un grupo reducido de contaminantes, entre los que se cuentan el dióxido de nitrógeno, las partículas PM2.5 y el ozono, que son justamente algunos de los contaminantes que más aquejan a los habitantes de la Ciudad de México. Si bien el dióxido de nitrógeno está relacionado, entre otras cosas, con enfermedades mentales, depresión, ansiedad y hasta con incremento de suicidios, en estas semanas el tema tuvo que ver con altas concentraciones de PM2.5 y ozono.

La evidencia científica muestra que aparte de los efectos sobre el sistema respiratorio, como cáncer de pulmón, estos contaminantes propician una serie de padecimientos que generan más muertes por enfermedades isquémicas del corazón, por enfermedades cerebrovasculares y por diabetes, entre otras causas. Y una de las consecuencias de todo esto es que la esperanza de vida de muchas de las personas que habitamos en las ciudades mexicanas se ha ido reduciendo por causa de la contaminación del aire, simplemente por vivir ahí, sin necesidad de llegar a concentraciones de contingencia.

Esta información se conoce dentro de los grupos de especialistas, pero no ha sido divulgada ni por la jefa de gobierno ni por la CAMe, lo cual es una omisión irresponsable especialmente frente a los daños que sufren sistemáticamente los niños, los ancianos y los grupos más vulnerables de la población.

Las “medidas inmediatas” para mejorar la calidad del aire en la zona metropolitana del Valle de México que fueron presentadas hace unos días por la CAMe, más allá de sus errores ortográficos y su lenguaje anticuado sin perspectiva de género, incluye muchas que no tienen nada de inmediatas porque se refieren a procedimientos que pueden tomar años y a programas que ni siquiera se han elaborado. Las estimaciones de reducciones y costos están elaboradas con metodologías basadas en supuestos irreales y por tanto sus números no son creíbles. En fin, basándose en diagnósticos anacrónicos, dan la impresión de querer distraer con lugares comunes para ganar algo de tiempo, sin atinar al diseño de medidas que puedan proteger eficazmente la salud de la población.

Es muy lamentable, pero todo indica que en materia de calidad el aire seguiremos a merced de las travesuras o bondades de la meteorología, y a base de escopetazos en lo que a políticas públicas se refiere.

La inoperancia del programa de contingencias atmosféricas

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