Opinión

Combatiendo la polución a escopetazos (2)

“Movilidad sustentable” ¿medida inmediata efectiva para mejorar la calidad del aire en la zona metropolitana del Valle de México? | Leonardo Martínez

  • 27/06/2019
  • Escuchar

Empezaba yo la columna anterior diciendo que cuando uno no tiene buena puntería, una alternativa es ponerse a tirar escopetazos con la esperanza de que la suerte haga que al menos uno de los balines dé en el blanco.

Bueno, comentaré en esta ocasión sobre uno de los balines del escopetazo con el que Claudia Sheinbaum, sus eminentes asesores y la Comisión Ambiental de la Megalópolis prometen reducir las concentraciones de contaminantes que rebasen las normas de calidad del aire en esta Zona Metropolitana de la Ciudad de México.

La número 12 de “Las medidas inmediatas para mejorar la calidad del aire en la zona metropolitana del Valle de México” se llama movilidad sustentable, y menciona a manera de objetivo que: “Se requiere cambiar hábitos de movilidad para reducir la demanda de transporte y sus emisiones”.

Las acciones que propone son, para este 2019, disminuir la circulación de los vehículos administrativos de los gobiernos federal y locales los días viernes. Y para 2020, implementar programas de movilidad sustentable en oficinas de gobiernos federal y locales, así como en empresas, incluyendo trabajo a distancia, auto compartido y transporte de personal. Después vuelven a mencionar la creación de incentivos para auto compartido, supongo que con la idea de que no sean sólo las empresas sino también la población en general que lo empiece a usar.

Pero vayamos por partes, para ir revelando la confusión y las contradicciones inherentes a la medida y sus acciones. Empecemos por el nombre, un mote de moda que nadie sabe bien a bien qué significa, y que suelen usar los políticos como un antídoto universal cuando la ocasión obliga a señalar a los vehículos automotores como los peores villanos de la contaminación. Y claro que sí son villanos en esta historia, pero responder con la idea difusa de la movilidad sustentable es una salida fácil que no propone soluciones probadas.

Uno de los conceptos que se fue consolidando entre ambientalistas a partir de los años setenta del siglo pasado, indica que el principio de sustentabilidad aborda tres dimensiones: la económica, la ambiental y la social. De por sí vago, concedamos que el principio se puede usar como una referencia para evaluar qué tan sustentable es una política, programa o acción.

En el caso de la movilidad, para que ésta fuese sustentable habría que exigirle, al menos, que su huella ecológica sea comprobadamente menor que cualquier otra alternativa de transporte (sin olvidar que la huella incluye a la generación de energía y la polución asociada) y que su implementación genere beneficios sociales netos positivos, entre los cuales se cuentan reducciones en los tiempos de traslados y mejoras en la calidad total del servicio (lo cual incluye aspectos de puntualidad, seguridad y comodidad en todos los tramos y transbordos de viaje, desde el origen hasta el destino final).

Pero la “medida inmediata” de “movilidad sustentable” propone disminuir la circulación de los vehículos administrativos de los gobiernos federal y locales los días viernes e implementar programas de “movilidad sustentable” como el trabajo a distancia, auto compartido y transporte de personal.

No me imagino que acto de magia o de prestidigitación puede convertir a la disminución del uso de vehículos gubernamentales los viernes y al trabajo a distancia en medidas de movilidad sustentable, y lograrlo con el auto compartido y el transporte de personal requiere de dosis de creatividad que simple y llanamente no han podido mostrar los responsables gubernamentales y sus eminentes asesores.

A falta de espacio dejaré para la próxima columna algunas consideraciones adicionales sobre esto temas, pero me gustaría terminar comentando sobre el objetivo de esta medida, el que propone literalmente cambiar hábitos de movilidad para reducir la demanda de transporte. Lo menos que puedo decir es que eso es un sinsentido, porque si hay movilidad hay desplazamiento, luego entonces hay demanda para transportarse. Quiero insistir en que la única manera de reducir la demanda de transporte es eliminando las necesidades de desplazamiento, lo cual implica mejorar la accesibilidad de la población a maneras que le permitan satisfacer algunas de sus necesidades al mismo tiempo que se eliminan algunos viajes. Lo que sí puede propiciar un cambio de hábitos de movilidad es un efecto de sustitución entre modos de transporte, pero ello no elimina los desplazamientos, y por definición, tampoco la demanda de transporte.

Pues sí, la soberbia no es una buena aliada para esclarecer las confusiones conceptuales y metodológicas. Como lo dije en la columna anterior, todo indica que en materia de calidad el aire seguiremos a merced de las travesuras o bondades de la meteorología, y a base de escopetazos en lo que a políticas públicas se refiere.


Para La Silla Rota es importante la participación de sus lectores a través de  comentarios sobre nuestros textos periodísticos, sean de opinión o informativos. Su participación, fundada, argumentada, con respeto y tolerancia hacia las ideas de otros, contribuye a enriquecer nuestros contenidos y a fortalecer el debate en torno a los asuntos de carácter público. Sin embargo, buscaremos bloquear los comentarios que contengan insultos y ataques personales, opiniones xenófobas, racistas, homófobas o discriminatorias. El objetivo es convivir en una discusión que puede ser fuerte, pero distanciarnos de la toxicidad.