Opinión

Colosio

Hace 25 años del nacimiento de una leyenda con hambre de sed y justicia. | Gustavo Ferrari Wolfenson*

  • 30/03/2019
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El otoño de Buenos Aires asomaba sus primeras horas. Marzo es un mes especial e inestable en todo sentido para la Argentina. Aun no termina para algunos la temporada de descanso, los chicos ya van a la escuela y el ritmo laboral apenas despierta de su letargo veraniego. Muchos de los golpes de estado en el país sucedieron a partir de marzo, nunca interrumpiendo la temporada vacacional. El verano es sagrado.

Eran las siete de la tarde y volvía a mi casa de una rutinaria jornada de trabajo en el Senado de la Nación, donde me desempeñaba como director de la Comisión de Asuntos Institucionales presidida en ese momento por Fernando de la Rúa, quien sería años más tarde, presidente de la república.

Abrí la puerta y mientras besaba y me aprestaba a jugar con mi hija Macarena de tres años, sonó el teléfono y la voz alterada de mi madre me decía: “poné la tele, se lo echaron a Colosio”.

Luis Donaldo Colosio Murrieta se había convertido en el candidato elegido por el PRI para la presidencia de México. Provenía de los cuadros clásicos formados por el partido para conducir los destinos, en una nueva etapa, de un sistema que llevaba ya más de 70 años controlando el régimen partidocrático reinante en el país.

Encendí el televisor y sintonicé Eco Noticias, un experimento informativo creado por el imperio Televisa que salía a competir con CNN en español para tener una cobertura latina en todo el continente. La voz de Jacobo Zabludovsky, su periodista estrella era pausada, seria, nerviosa y cortante. Hablaba de que el candidato había sufrido un atentado y no se sabía sobre su estado de salud. La información era confusa, pasaban los minutos y nadie decía nada o no se podía decir nada más. Solo que Colosio había sido herido.

Volvió a sonar el teléfono y nuevamente la voz de mi madre fue categórica: “para mí que ya está más que muerto y no saben cómo decirlo”.

Por tareas diplomáticas de mi padre en ese país durante muchos años, nos criamos desde muy chicos en México y fuimos conociendo, entre otras cosas, de cómo se resolvían muchas de las desavenencias políticas. Nos tocó el tiempo del avionazo comercial que le quitó la vida a Carlos Madrazo, aspirante a la presidencia en los finales de los 60, sacrificando al Pelón Osuna, el tenista más famoso que ha tenido México en su historia. Asimismo la misteriosa muerte en una prisión de Francia de Humberto Mariles, militar mexicano y ganador de tres medallas olímpicas, el accidente aéreo del padre de mis compañeras de colegio “las Rojas” en un vuelo inaugural de su propia empresa aérea que competía con una oficial. Años más tarde se sumaron la de Ramón Huerta, secretario de Seguridad Publica, Gustavo Vázquez, gobernador de Colima, Juan Camilo Mouriño y Francisco Blake, ministros de gobierno del presidente Felipe Calderón y hace pocas semanas el accidente del helicóptero de la gobernadora de Puebla Martha Erika Alonso, con su esposo, ex gobernador de la misma entidad Rafael Moreno Valle. Vuelven a mi memoria también el asesinato de José Ruiz Massieu cuñado del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari y Rodolfo Torre Cantú, candidato al gobierno de TamaulipasContinúo con mi relato: la televisión seguía gastando palabras sin definiciones. De pronto habiendo pasado más de cuatro horas aproximadamente de cobertura e incertidumbre, la periodista Talina Fernández, integrante del noticiero que cubría la campaña dada su personal amistad con la esposa del candidato, informa la noticia que Luis Donaldo Colosio había muerto.Todo se convirtió en un silencio sepulcral. De pronto, el líder político que “vio un México con hambre,” quedaba ciego.Nunca conocí a Luis Donaldo Colosio, pero en mis años posteriores de trabajo en ese país, he conocido a muchos ex colaboradores que aún conservan intacto su recuerdo, legado y mística por su figura. El culto a su persona, su pensamiento e ideales siguen siendo para ellos el verdadero sentido para seguir en política. En sus frases, conversaciones y acciones siempre incluyen la frase “como decía Colosio”, a lo cual siempre les contesto: “Lo único que puede decir Colosio es quien fue el H de P… que me mandó matar y me disparó.Como suele suceder en todo régimen imperial que duró, lo repito más de 70 años con el pleno control del poder político del país, el PRI levantó un culto a nivel cuasi endiosamiento a la figura de Colosio. No hay sede partidaria que no lleve su nombre y su busto. No hay discurso que no recuerde sus pensamientos y frases. No hay un pueblo que no tenga una calle, parque, barrio con su nombre. Total, ya está muerto.¿Hubo o no complot en su asesinato? ¿El gatillero que fue apresado es el mismo que le disparó y que está en prisión? Si el entonces presidente Carlos Salinas estuvo involucrado o no, si la nomenclatura partidaria estaba molesta, inquieta o preocupada por el cambio de rumbo que se avecinaba en la política mexicana, son misterios que aún no se descifran en estos 25 años que se cumplen el día de hoy. Total, ya está muerto.¿Qué pudo haber sido de México con Colosio como presidente? No lo sé. Sólo se le conocen las frases de su discurso épico en su lanzamiento de campaña donde veía a un México con sed de justicia.Quizá pudo haber sido el mejor presidente de la historia de México, como quizá el peor. Es el más recordado pero jamás ejerció el poder y con ello evitó la posibilidad de haber sido el más criticado. México empieza idolatrando a sus presidentes, pero espera ansioso que suene la campana para que ya se vayan.No podemos saber que hubiese pasado con un Colosio presidente. ¡Está muerto! Quizá a alguien le incomodó, quizá a muchos los alejaba del control del sistema y les preocupaba un nuevo liderazgo, sin entender un país donde el endiosamiento sólo dura un sexenio para luego convertirse en un cadáver en vida. Pero más allá de ello, hace 25 años en Lomas Taurinas una barranca cerca de la línea fronteriza con Estados Unidos, a espaldas del aeropuerto de Tijuana, comenzaba el culto a una figura y la debacle de un partido que sólo entendía la democracia como la suma del poder absoluto. Jamás el PRI se recuperó, jamás volvió a ser lo que fue, y jamás recupero su credibilidad y muchos menos la conducta de los principios que le dieron historia.Veinticinco años después del asesinato de Colosio, la historia sigue. Solo en 2018, 112 candidatos a puestos de elección popular fueron abatidos en el país por medio de supuestos accidentes, armas de fuego, calcinados o hasta desmembrados, marcando la estadística de un crimen político cada tres días.Colosio no es un mártir, fue una víctima. Colosio no vive en la memoria, sino es una figura más en un pueblo que no olvida a sus muertos. Sigue existiendo un México con hambre y sed de justicia, al que se le ha sumado, lamentablemente, un país que convive con la inseguridad y la violencia.Hace 25 años sonó el teléfono y la voz de mi madre, hoy de 92 años, fue categoría y premonitoria “se lo echaron”. 


* Gustavo Ferrari Wolfenson

Nació en Buenos Aires, Argentina. Es Licenciado y Master en Administración (Universidad Nacional Autónoma de México y Complutense de Madrid), Doctor en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales (Universidad de Brasilia y Centro de Altos Estudios Internacionales de Ginebra, Suiza).

Comenzó su actividad profesional en el Voluntariado de las Naciones Unidas en misiones de emergencia en los terremotos de Nicaragua (1972) y Guatemala (1975) y formó parte del Proyecto de Desarrollo Integral de los Altos de Chiapas auspiciado por la Organización de las Naciones Unidas y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) 1972-75. Como miembro del servicio exterior argentino, cumplió misiones diplomáticas en México y Cuba como Agregado Cultural y de Prensa.

Desde ese entonces, su labor como funcionario de las Naciones Unidas, diplomático, docente e investigador y consultor internacional ha abarcado más de treinta y seis países en especial de América latina y África. Desde 1990 se desempeña como consultor para diferentes organismos internacionales, gobiernos y organizaciones no gubernamentales focalizando su labor en el comportamiento de la comunidad en los procesos de consolidación democrática y fortalecimiento municipal, con especial énfasis en la reconstrucción del tejido social.

Se desempeña como profesor asociado e investigador del Centro de Estudios Internacionales de la Universidad de Harvard en temas relacionados con la problemática sociopolítica de los países en desarrollo y coordina el Programa Gobernabilidad y Ejercicio del Poder del Instituto Tecnológico Autónomo de México. (ITAM). Es autor en la Rep. Argentina del Proyecto de Ley sobre el Control de los Aportes Privados a los Partidos Políticos que mereció el Premio Nacional del Poder Ejecutivo en 1990 y ha participado como consultor principal en la creación de las Escuelas Nacionales de Gobierno de la Argentina, Sudáfrica y Canadá. Fue Subsecretario de Relaciones Exteriores y Delegado Especial del señor Presidente de la Rep. Argentina Fernando de la Rúa en misiones internaciones y Jefe de Asesores en el área de reforma del Estado y su inserción hacia la sociedad. Miembro activo del proceso de la reforma política de la Rep. Argentina integrando la Mesa del Dialogo Argentino y la Pastora Social en la crisis del 2000 conjuntamente con monseñor Jorge Bergoglio (hoy S.S el Papa Francisco).

Es docente y colabora con más de 30 reconocidas instituciones académicas internacionales, siendo autor de numerosos ensayos, publicaciones y columnas de opinión, Socio fundador de la Asociación Latinoamericana de Consultores Políticos (ALACOP) y miembro de la Asociación Internacional de Consultores Políticos. En el año 2010 fue designado Académico de Número de la Academia Argentina de Ciencias del Ambiente, por sus investigaciones y trabajos sobre la sustentabilidad democrática en América latina. Fue nominado en dos oportunidades Joven Sobresaliente de la República Argentina.

Actualmente se desempeña como consultor internacional en temas de gobernabilidad y fortalecimiento de la sociedad dentro de los procesos democráticos.

Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024 

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