Opinión

Colosio

Crónica mínima del 23 de marzo en casa de campaña. | Adolfo Gómez Vives

  • 12/11/2018
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A las 15:00 horas del miércoles 23 de marzo de 1994, la casa de campaña de Luis Donaldo Colosio, ubicada en la colonia Jardines del Pedregal, lucía prácticamente vacía. La mayoría de las personas que allí laboraba se había ido a comer.

En el interior permanecían algunos elementos jóvenes del Estado Mayor Presidencial que por instrucciones del propio Colosio actuaban con mucha discreción. Luis Donaldo Colosio era enemigo de la ostentación. Los elementos castrenses eran los responsables de abrir y cerrar la puerta y de registrar el acceso de los visitantes. Nunca estuvieron fuera de la casa; nunca percibidos como elementos de seguridad.

Luis Donaldo Colosio

Afuera, sobre Camino de Santa Teresa, había dos o tres vehículos estacionados. Nada que hiciera patente que allí se encontraba la casa de campaña del candidato del PRI a la presidencia de la República.

Pero algo ocurrió sin que los asesores de Colosio lo supieran; en las siguientes dos horas la calle comenzó a llenarse de patrullas de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal. Hacia las 17:00 horas en que la mayoría de colaboradores fue regresando de comer, podían contarse siete unidades.

Al interior, la luz eléctrica había presentado fallas en su suministro, por lo que había arrancado de manera automática la planta de emergencia. Tampoco había sistema de microondas, que para su tiempo constituía la intranet de contacto con el área de logística. Alguien bromeó con que “sólo falta que corten el agua”.

La logística de la campaña se encontraba no muy lejos de allí, en un edificio ubicado sobre avenida de los Insurgentes, frente a lo que en su momento fue la fábrica de papel de Peña Pobre.

En la polvorienta Lomas Taurinas, eran las tres de la tarde. Faltaban más de dos horas para que se produjera el atentado que terminó con su vida. La casa de campaña fue llenándose poco a poco de actividad. En el subconsciente de quienes allí laboraban sería un día tranquilo en razón de que “el jefe” andaba fuera de la Ciudad.

Previamente se habían elaborado los discursos que Colosio pronunciaría durante esa parte de la gira. Algunos en hojas tamaño carta, de color verde; otros en formato de tarjetas media carta, amarillas.

Discursos que habían pasado por sus manos muchas veces, para que les hiciera correcciones con su pluma de tinta color sepia; algunas de ellas con notas marginales que llamaban la atención al equipo de asesores a través de Samuel Palma César, su coordinador general.

Liberan expediente

A mediados del mes pasado, el Senado de la República, por iniciativa de Félix Salgado Macedonio, aprobó un punto de acuerdo para solicitar que el presidente de la República, Enrique Peña Nieto ordene a la Procuraduría General de la República, liberar al expediente sobre el atentado al sonorense.

Al inicio de este mes, el Instituto Nacional de Transparencia (Inai) ordenó a la PGR dar a conocer los 13 videos que forman parte de la averiguación previa del asesinato de Colosio.

Finalmente, el expediente ha sido liberado. La PGR había negado el acceso con el argumento de que “forma parte de una averiguación previa”, a pesar de que existe sentencia en firme desde 2004 contra Mario Aburto Martínez, el “autor material” del homicidio, por lo que legalmente no había impedimento para seguir manteniendo esos materiales en reserva.

El 23 de marzo de 1994 en Lomas Taurinas, Colosio pronunció un discurso desangelado. Bajó de un improvisado templete y les dijo a los elementos de seguridad que lo acompañaban: “¡Vámonos, vámonos!”

Eran las 19:12 horas en la Ciudad de México, cuando Luis Donaldo Colosio fue herido de muerte. Habían transcurrido al menos cuatro horas desde que se presentaron fallas en el suministro eléctrico y en la intranet de la casa de campaña.  Cuatro horas con una presencia policiaca inusual, que a partir de ese momento se volvió permanente.

Era Procurador General de Justicia del Distrito Federal, Humberto Benítez Treviño y a partir de mayo de ese año, titular de la Procuraduría General de la República. Benítez Treviño a quien Enrique Peña Nieto acostumbra llamar “maestro”.

Las modificaciones a la ley de transparencia de la CDMX

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