Opinión

Colectivo El Hogar: muerte, aprendizajes, duelo

El Hogar, esta asociación sin fines de lucro busca reintegrar el cuidado de la muerte a la vida. | María Teresa Priego

  • 19/07/2021
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“La muerte dirige todos nuestros impulsos creativos y destructivos como seres humanos. Entre más nos acerquemos a entenderla, más cerca estamos de entendernos a nosotros mismos”. –Caitlin Doughty

En el año 2018, Ángela Barraza Mejía, Elisa Martínez y María Fernanda Gutiérrez fundaron el colectivo multidisciplinario El Hogar, un espacio "de actividades artísticas y culturales para hablar, investigar, pensar y relacionarse con la muerte". Desde mucho antes "las hogareñas" nos han ido compartiendo los avances de su proyecto ("nuestro sueño", nos dicen), sus intervenciones en medios, sus conversatorios. "Todos nos vamos a morir". Entonces, ¿por qué no hablarlo? A través de sus redes sociales convocaron a la presentación de su "manual" el sábado pasado: "¿Qué hacer cuando alguien muere? Manual de supervivencia para la muerte de un ser querido". 

Una amorosa guía para saber cómo enfrentar las exigencias prácticas al momento de la muerte. Cuando el dolor abruma y, sin embargo, hay tanto por resolver. "Ya sea que se vele a la persona en casa o en la funeraria, una buena forma de sobrellevar el dolor de la pérdida es permitir que cada quien realice el ritual que le haga sentido". Yo que tiemblo cada vez que una empresa funeraria llama al teléfono de mi casa, he seguido con mucho interés el proceso de búsqueda de estas tres artistas creativas, y muy jóvenes, que intentan imaginar maneras distintas de aproximarnos a la muerte. Otros acompañamientos posibles. Otros rituales. Más sencillo. Más cercanos.

Un ataúd con rueditas conducido por una muchacha vestida de negro llegó el sábado al parque Santa Catarina, circula por la ciudad a base de pedales. Está decorado con flores y trae el símbolo de El Hogar, esta asociación sin fines de lucro que busca "reintegrar el cuidado de la muerte a la vida". "Existe la expresión parteras de la muerte para nombrar a quienes acompañan a personas moribundas". Quizá justo por esa negación, por ese miedo que me habita/¿nos habita? el trabajo del colectivo El Hogar me importa tanto. Que la pérdida no sea un proceso que se enfrenta a solas. Que la muerte y la pérdida no sean el espacio de lo innombrable. Allí estamos en el parque soleado, frente al ataúd y a la fuente y las jóvenes "hogareñas", nos invitan a conversar. 

Las circunstancias del covid alteran, por supuesto, las modalidades del acompañamiento que, de todas formas y por el momento, puede realizarse a larga distancia. Pero las propuestas anteriores a la pandemia nos llevan a reflexiones muy importantes para cuando los rituales presenciales sean posibles: "Nada muere para siempre". ¿Se puede velar un cuerpo en casa? ¿existen técnicas de cuidados de los cuerpos distintas al embalsamamiento? "Es posible preservar el cuerpo con alternativas ecológicas y más económicas y, de hecho, prescindir de la funeraria para el trato con el cuerpo, llevando el proceso en la intimidad familiar". 

Me hubiera gustado muchísimo contar con esta atención cuando la muerte de mi padre. No mirar cómo sacaron su cuerpo en una caja metálica rumbo a la funeraria. Poder regresar a ese entorno amoroso de los velatorios en casa. La familia, los amigos, la música. Sí que me hubiera gustado. "Aunque la muerte es la única certeza que tenemos en la vida, casi nunca tenemos la preparación para hacerle frente..." El Hogar ofrece lecturas a través de su canal de YouTube. Nos invita a encuentros. A reflexionar en colectivo como sucedió en el parque Santa Catarina el sábado pasado. Es extraño, sí. Y es tranquilizador. ¿Cómo podemos acompañar a una persona amada en fase terminal? ¿cómo aceptar la pérdida? ¿cómo abrirnos al duelo? ¿cómo aceptarnos mortales y pensar nuestra muerte?

El colectivo. Entrevista con Ángela Elisa y María Fernanda

¿Cuál fue tu primer encuentro con la muerte?

ÁNGELA: Mi primer encuentro con la muerte creo que fue cuando murió mi hamster. Me di cuenta de que los cuerpos se inflan y sueltan líquidos. 

ELISA: Esta es una pregunta que siempre me resulta difícil de responder porque el concepto de muerte es tan amplio, se experimenta de muchas maneras y sin embargo todas son recuentos externos de ella, o sea testimonios de la muerte de alguien más. No puedo recordar la primera vez que entendí el concepto de muerte en la infancia, pero fue cuando tenía 17 que tuve el único momento en el que estuve tal vez cerca de experimentar la muerte en cuerpo propio. Perdí el conocimiento no sé por cuánto tiempo después de un accidente que me dejó con dos cervicales rotas.

MARÍA FERNANDA: Recuerdo vívidamente una mañana, cuando tenía unos cinco años, en la que mi familia seguía dormida y yo desperté muy temprano y aproveché para husmear en el cuarto de mi hermano mayor y jugar con su tortuga. Mientras él dormía me asomé a la pecera y me di cuenta de que estaba ahí flotando sin voluntad; me impresionó mucho darme cuenta de que había muerto y que yo era la primera en saberlo. 

¿Qué piensas que te marcó en esa vivencia?

ÁNGELA: La curiosidad. Sentí mucha curiosidad sobre lo que le pasa al cuerpo, las primeras señales de descomposición, la falta de vida. Me acuerdo que no quería enterrarlo, quería seguir viendo qué pasaba, y supongo que mis papás me convencieron en algún momento, tal vez por el olor. 

ELISA: En este momento entendí la fugacidad de la vida propia, lo azarosa que puede ser la muerte y lo importante que es vivir sin postergar lo que realmente quieres experimentar y hacer.

MARÍA FERNANDA: Creo que fue vivir por primera vez ese dolor de pensar y vivir lo mortífero, empezar a abrir mi conciencia y mi relación con la muerte.

¿Por dónde comenzaste tu investigación? Tu acercamiento...

ÁNGELA: De manera más seria, sería después de acompañar a mi abuela en los últimos meses antes de su muerte. La experiencia me impulsó a explorar muchos aspectos de la muerte que no había relacionado y que más tarde iría conectando hacia el sueño que ahora tenemos en El Hogar, que es tener una funeraria que también sea espacio cultural y un panteón ecológico de compostaje.

ELISA: Para mí se vinculó con mi interés por explorar el comer como tema de trabajo artístico, en concreto, la forma en la que comer nos vincula con los otros y con el mundo, estableciéndose como un espacio fronterizo entre ambos la vida y la muerte. De ahí partí para acercarme al colectivo y seguir analizando y documentando visiones que exploran esa frontera no tan definitiva, visiones amorosas de la muerte.

MARÍA FERNANDA: Comencé a investigar a mayor profundidad a través de los talleres multidisciplinarios que trabajamos en 2010, comencé a pensar la muerte desde una óptica más amplia y no tanto desde el antropocentrismo que nos ha regido. Me dio herramientas para integrarlas en mi práctica terapéutica y comencé a tener más curiosidad de pensar y aprender de la muerte en otros contextos sociales.

Han expresado que Elisabeth Kübler-Ross marcó sus vida. ¿Por qué?

ÁNGELA: Bueno no sé si diría que ha marcado tanto mi vida. Sus libros me gustan mucho, era una mujer muy valiente, brillante, determinada y sensible, y la admiro mucho por eso. Tenía ideas muy innovadoras y revolucionarias, y sabía muy bien cómo llevarlas a cabo.

ELISA: Creo que algo que rescato mucho de haber leído con el colectivo “Sobre la muerte y los moribundos”, es la forma en la que Elisabeth se acerca al tema y a las personas que se encuentran al final de su vida: siempre desde la escucha, la observación, la paciencia, la sensibilidad. El libro me ha dado confianza de acercarme al acompañamiento desde ese lugar más intuitivo y humano.

Ángela, cuéntanos de tu experiencia en Berlín

ÁNGELA: Fui a Berlín a probarme a mí misma que podía estar con cadáveres, conocer lo que implicaba una preparación natural para un funeral. Para entonces ya había decidido que lo que quería era usar mis manos y mi cuerpo más que mi mente en lo que respecta a la muerte, es decir, no quedarme en la teoría sino meterme a la práctica. Berlín fue por casualidad porque encontré una funeraria que accedió a capacitarme sin ningún tipo de examen o educación previa. Aquí no es fácil que una funeraria sea así de abierta, tiene que ver con el cambio de mentalidad ante la muerte que allá parece que tuvieron hace muchos años.

¿Por qué un ataúd con ruedas que se desplaza? ¿por qué un ataúd librero?

Queríamos sacar el objeto de contexto y con ello develar su poder simbólico. Al modificar el uso del ataúd y transformarlo en auto, en pieza artística y materia de performance, siguiendo el ejemplo de algunas tendencias del arte contemporáneo como el ensamblaje y el ready-made, todas nuestras concepciones sobre lo que significa un ataúd, nuestras relaciones con la muerte, los cadáveres, las supersticiones y preocupaciones, se liberan del objeto y podemos abrir un espacio para su discusión. 

Cuando nos preguntamos ¿qué más puede ser un ataúd? ¿de qué otra forma podemos concebir la muerte? Nos gusta pensar que, al modificar la función del ataúd en un vehículo o contenedor de reflexiones sobre la muerte, estamos alentando la resignificación de nuestros conceptos sobre ella y ayudando a transformar el tabú que la rodea.

¿Cómo se puede realizar el trabajo de duelo? ¿cómo se transita en el duelo de la negación a la aceptación?

El duelo es una experiencia distinta para cada persona. Depende de muchos elementos: la relación que se tenía con la persona que murió, el tipo de muerte, las circunstancias familiares, la personalidad. Lo que nosotras proponemos es que cada quien encuentre, según sus necesidades específicas, diversas maneras para aprender a vivir con el duelo en todas sus etapas, y eso sólo se puede hacer conociéndose y conectando con la intuición, aceptándose con sus límites y fortalezas. A veces lo más complejo es crear un espacio en el cual nos permitamos experimentar ese duelo en cualquiera de sus formas, para ello usamos ejercicios artísticos, el significar, simbolizar y expresar mediante el arte, nos ha permitido establecer un lugar de autoexploración libre de los mandatos sociales y de consecuencias severas, un lugar para la experimentación de las emociones y reflexiones que a veces no nos permitimos hacer de otras formas.

Ustedes como colectivo han señalado la resistencia cultural a "soltar" y las técnicas que pretenden "preservar" lo que ya no es…

El modelo funerario que rige en nuestra ciudad sigue una mentalidad de preservación del cuerpo en la que el objetivo es suspender la apariencia de la persona en la ilusión de que está durmiendo, se considera que esa es la mejor forma para despedirse de un familiar fallecido. Nosotras creemos que, para poder comenzar un duelo, es importante ver el cuerpo como primera aceptación de la muerte. No estamos diciendo que al no verlo o verlo “como si estuviera dormido” no haya posibilidad de elaborar un duelo, pero podemos modificar esta mentalidad que favorece la idea de la permanencia y la eternidad hacia una mentalidad que se acerque a los procesos naturales de degradación por el que todas las personas vamos a pasar, y no esconderlo. El esconderlo alimenta el tabú y el estigma que no permite otras formas de morir y de acercarse a la muerte.

¿Cuáles son los apoyos que el colectivo El Hogar ofrece hoy?

Nosotras ofrecemos actividades artísticas y culturales, un conversatorio quincenal en donde exploramos el tema de la muerte desde varias perspectivas, tenemos un live en nuestro canal de YouTube cada jueves en el que leemos y comentamos libros de nuestro acervo. También ofrecemos acompañamientos colectivos y para el proceso de muerte.

Si una familia lo solicita mañana ante un enfermo grave, ¿cómo podrían acompañarla?

Podemos ofrecer un acompañamiento en el proceso de muerte tanto presencial con las medidas necesarias, como virtuales y telefónicas. Este acompañamiento incluye una asesoría sobre asuntos funerarios y un apoyo hacia lo que nosotras llamamos autonomía del ritual, para que la persona que va a morir y la familia puedan decidir sobre un servicio funerario que se adapte a sus deseos y que no se sienta impuesto por ideas con las que no sientan identificación. 

Les recordamos que es posible y legal tener funerales en casa, y nosotras podemos guiarles para realizarlos.

¿Querrían compartirnos algunas experiencias?

Pues el sábado que tuvimos nuestra presentación sacamos otra vez el ataúd móvil, y siempre es simpático ver las reacciones: hay gente que se persigna, gente que se ofende, gente que nos felicita, gente que le da igual, pero la mayoría saca su celular y nos graba. Es interesante porque representa formas de reaccionar ante la muerte, ante el símbolo que es el ataúd. Nos llama mucho la atención el respeto que se le muestra, pero cómo ese respeto se rompe un poco con lo raro que es ver un ataúd convertido fuera de contexto, y entonces la gente se permite reír un poco, y es esa ruptura la que creemos que permite la reflexión.

 

El Hogar

Colectivo multidisciplinario que ofrece talleres con actividades artísticas y culturales para reflexionar sobre el tema de la muerte.

Puedes escuchar sus podcasts aquí: https://www.mixcloud.com/elhogar/ :

Su canal de YouTube:

https://www.youtube.com/channel/UCMjM1_Zi6QMxVQOxMpsPV3A

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