Opinión

¿Científico o político?

Las conferencias de medios sobre la crisis del Covid-19 son, también, un asunto político. | José Antonio Sosa Plata

  • 02/04/2020
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En los últimos días, mucho se ha discutido sobre la efectividad y los alcances que tienen los pronunciamientos del Dr. Hugo López Gatell, vocero oficial de la crisis del Covid-19. Uno de los más relevantes ha sido si su función se limita a los asuntos científicos y técnicos de la pandemia, o si debe entrar o no a las cuestiones políticas que forman parte del interés natural de las y los periodistas con los que interactúa.

Para acabar con este dilema, es importante reiterarlo y dejarlo bien claro: La gestión de una emergencia sanitaria no es solo un asunto médico, técnico o científico; es primordialmente político. Y como tal, involucra los componentes económico y social. El vocero, por lo tanto, es un personaje político que no puede abstraerse de esta realidad y tiene la obligación de hacerle frente con la mayor eficacia y cobertura posibles.

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Las funciones que debe cumplir un vocero gubernamental son complejas y diversas. Su responsabilidad exige un gran esfuerzo, compromiso, disciplina y profesionalismo en todas sus intervenciones frente a los medios. El vocero representa más que el cuidado de la imagen o reputación de un personaje de primer nivel. Es la voz principal del diálogo cotidiano entre la institución y la sociedad.

En el escenario de una emergencia sanitaria, su misión consiste en salvar vidas, reducir el número de personas contagiadas y orientar e informar con precisión a los diversos grupos sociales sobre lo que deben y no deben hacer. Además, es imprescindible que transmita confianza y tranquilidad a toda la población, sin excepciones de ningún tipo. Si logra desempeñar con eficacia sus funciones, el beneficio en la reputación personal, de su jefe y de la institución que representa vendrá por sí solo.

Durante los primeros días del Escenario 1, el desempeño de López Gatell fue efectivo. La decisión de tener un solo vocero oficial, darle un espacio cotidiano de transmisión en radio, televisión y medios digitales —y depositar en él toda la confianza del Presidente— fue una de las mejores fórmulas que se habían aplicado en México. Tanto, que se convirtió en ejemplo para varios países.

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Sin embargo, no pasó mucho tiempo para que el formato se debilitara. Primero, por la saturación informativa y el desorden en la selección de las personas que lo acompañarían. Luego, por la duplicación de espacios al tener un rol secundario en las "conferencias mañaneras". Pero sobre todo por la confusión que generaron las discrepancias que hubo entre el discurso "oficial" del vocero y las acciones del primer mandatario.

Todo lo anterior sirvió para que la presencia del vocero fuera aprovechada por algunos personajes y grupos políticos. El objetivo era claro y predecible: dañar la imagen del Presidente.

Sin embargo, el diagnóstico que se hizo para corregir esta situación fue equivocado. El problema principal no estaba en la "politización" que se generó, pues este fenómeno es inevitable. La causa estuvo en no haberse ajustado a las características principales que debe tener el formato de la conferencia de medios.

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Si se hace una revisión exhaustiva de la estrategia de comunicación del gobierno de la República en lo que va de la crisis generada por el Covid-19, se pueden detectar con facilidad muchos aciertos: en la narrativa, en el sentido de oportunidad de algunos mensajes, en la articulación y coordinación de algunos medios y en los productos que se están generando.

En unos cuantos días hemos sido testigos de excelentes resultados. Sobresalen algunos spots, jingles, videos para redes sociales, infografías, blogs, secciones en los portales del gobierno. También los perifoneos que se están realizando en las calles de las grandes ciudades, así como algunos volantes impresos que se caracterizan por su lenguaje directo, claro y sencillo. El personaje de Susana Distancia es una de las mejores aportaciones, tanto por su creatividad como por el gran impacto y efectividad que está logrando.

Por otra parte, si se compara con lo que se está comunicando en otros países del mundo, nos damos cuenta que el problema informativo es global. También la infodemia, con todo y sus nefastas consecuencias. Y ni hablar de los procesos de politización en los que se ven inmersas las autoridades, sobre todo en donde estaban programados procesos electorales.

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Si asumimos que lo peor está por llegar, el gobierno de la República tiene muy poco tiempo para corregir la problemática que hoy enfrenta la Vocería. Lo primero que se debe asumir es el rol político que sin duda tiene el Dr. Hugo López Gatell. La popularidad que ha adquirido opera en su favor, pero no puede quedar atrapado por la saturación informativa que él mismo genera en las conferencias y entrevistas, ni por la presencia desordenada, y muchas veces injustificada, de tantas voces a su lado.

Por otra parte, tiene que poner un hasta aquí a los mensajes encontrados y omisiones del Presidente y de varios funcionarios de primer nivel de su gobierno. De la misma manera, se tienen que definir las acciones y a los responsables de complementar en forma coordinada al vocero oficial en los temas económicos y sociales que están generando las otras crisis que vive el país.

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Antes que nada, se debe reconocer que la hiperactividad comunicacional no es el mejor método. Por eso se debe limitar el número de voces y ser más ejecutivos en cada presentación. La gente necesita respuestas concretas y didácticas, no más demostraciones de elocuencia injustificadas ni rollos cargados de información técnica, ideológica o estadística que solo la abruma o incrementa su incertidumbre.

La información tiene que ser mejor administrada y estar basada, ciertamente, en la verdad o en la evidencia científica. Pero eso no implica que se le despoje de su carácter político. El cumplimiento de objetivos políticos se puede hacer sin problema y en forma paralela, porque también es una necesidad.

Para que se promueva la acción, se genere empatía, convicción, certidumbre y se reduzca el miedo de todos los grupos de la sociedad, es imperativo que el vocero sea ejecutivo, directo y transparente. Y que sepa combinar en sus respuestas los argumentos jurídicos, económicos, sociales y políticos de la multicrisis. Esta es la mejor fórmula, pero requiere del apoyo de profesionales expertos y capaces.

Uno de los primeros pasos consiste en revisar y ajustar la agenda de López Gatell. Se tienen que recuperar los espacios para la preparación de acciones y contenidos. Su entrenamiento debe ocupar un espacio significativo. Él es el líder del proyecto, y aunque su rol esté subordinado al Presidente de la República, también debe contar con un margen amplio de autonomía para tomar con la mayor eficacia las decisiones operativas y de comunicación que más convengan al país.

Insisto. Queda poco tiempo. Por el bien de todas y todos, las autoridades lo tienen que aprovechar al máximo.

Recomendación editorial: Tomás Miklos (Coordinador). Las decisiones políticas. De la planeación a la acción. México, Siglo XXI e IFE, 2000.