Cien días y contando

A cien días del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, es importante recordar algunos aspectos que giran en torno a la llamada “Cuarta Transformación (4T)” y cuyo discurso de campaña lo llevara a ganar la titularidad del Poder Ejecutivo de México.

Un recuento de las ideas del ahora presidente, nos hace pensar en el contexto histórico en que ubica esta nueva ruta de vida institucional de México (4T), y que parte de la idea de constituirse como la cuarta transformación de la vida política y pública de la nación.

En efecto, desde un punto de vista histórico, la cuarta transformación atiende al tránsito de tres momentos clave en el camino hacia la libertad y democracia mexicana: 1. La Independencia (focalizada de 1810 a 1821 con una guerra por la libertad contra la dominación española); 2. La guerra de Reforma (desde cuyo periodo 1857 a 1861 se reconoce a los grupos liberales y conservadores, tendiendo como protagonista a Benito Juárez) y, 3. La Revolución (movimiento armado de 1910 a 1917, y que diera vida a nuestra Constitución General vigente).     

Un común denominador en estos tres momentos históricos, es que se trató de movimientos armados, pero, además, de movimientos sociales que duraron al menos cuatro años -tomando en consideración el de menor duración, la guerra de Reforma-. En todos estos, donde cientos de miles de mexicanas y mexicanos perdieron la vida.

En este sentido, los mexicanos debemos estar orgullosos de contar con un sistema jurídico democrático, a través del cual logramos alcanzar el reconocimiento de nuevas propuestas políticas por la vía pacífica de las elecciones y, con ello, dar paso a una nueva forma y estilo de gobernar -como hemos dicho-, a diferentes modos de dar lectura a las graves problemáticas públicas de la nación, para establecer distintos modelos o fórmulas políticas y administrativas de solución.

Sin embargo, pretender atribuir un cierto valor de efectividad a esa nueva forma de gobernar y hacer política, a cien días del nuevo gobierno, de suyo representa un asalto al razonamiento sensato e inteligible, puesto que cualquier calificadora que se precie de ser seria en los mecanismos para evaluar la eficiencia y eficacia de un gobierno, sabrá que a lo más que puede aspirar es a la obtención de elementos apriorísticos, predicciones basadas en la percepción de mercados y personas o grupos de personas.

Ese afanoso quehacer mediático por pretender atribuirle una calificación al presidente que lleva apenas cien días en funciones, es tan absurdo como pretencioso, cuando se piensa en la enorme complejidad de temas que se deben atender de manera seria, razonada, consciente e informada, a fin de no caer en la toma de decisiones paliativas de alcance mediato y relativo, que no resuelven el fondo de los problemas.

La estructura política y administrativa que venía operando en México, anquilosada por los graves efectos de la corrupción, inseguridad e impunidad, es un edificio que debe demolerse hasta sus cimientos para reformularse e implementarse, luego entonces, podrá realizarse un ejercicio de evaluación objetiva y seria de su eficacia. Sin embargo, para ello, habrá que esperar quizá más allá de este sexenio.

En México se anhela un gobierno diferente que, en el corto plazo, signifique cambios verdaderos, reflejados en los bolsillos, en el costo de la canasta básica, en la seguridad en las calles y en el patrimonio, en el trabajo, en la salud, etcétera., es decir, cambios alejados de discursos trillados, huecos y propagandísticos que se dejaron de creer.

La esperanza es, en realidad, el cimiento de la confianza institucional -ahora depositada en el presidente- y que lo ha mantenido en el estrellato, no por la eficacia de sus decisiones o resultados hasta ahora vistos, para eso habrá que esperar como ya se apuntó.

Lo interesante es, quizá, tener claro que en la actualidad la ciudadanía es sabia (como bien dice el presidente), pero también es ya poco paciente y mucho menos tolerante, solo basta mirar los graves conatos y hechos de linchamientos populares que dan muestra del hastío por la ausencia e ineficiencia de la autoridad para garantizar los derechos más elementales.

Esto es, se vale contar no solo cien días, sino el día a día, de todos los servidores públicos sin excepción, no solo del presidente, sino también de senadores, diputados, gobernadores, alcaldes, titulares de organismos autónomos, etcétera, todos tienen la misma responsabilidad frente a la ciudadanía, de ahí proviene precisamente la filosofía de la transparencia y rendición de cuentas, enmarcada a lo largo y ancho de nuestra Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

* Mtro. Javier Quetzalcóatl Tapia Urbina

Catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México y de la División de Estudios de Posgrado, Centro de Investigaciones Jurídico-Políticas, de la Universidad Autónoma de Tlaxcala.

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