Opinión

Cielito lindo

Mi sueño es demoler el “Cielito lindo”, una obra inútil que representa lo opuesto. | Roberto Remes

  • 17/05/2022
  • Escuchar

Ponerle "Cielito lindo" a un paso a desnivel es ya un exceso. Sin embargo, así fue como la Jefa de Gobierno bautizó al polémico viaducto de dos kilómetros sobre Periférico y el humedal de Xochimilco. No obstante, aprovecharé el eufemismo para reflexionar sobre el futuro de la zona.

El segundo piso de Periférico, sobre el polígono de la Zona Patrimonial UNESCO, afectó el humedal existente y lo sustituyó con uno artificial. Para algunos, con la apertura del Periférico en ese tramo, en 1991, ya se había perdido el humedal natural, sin embargo éste se encontraba registrado como un Sitio Ramsar, en la convención internacional del mismo nombre, donde se registran todos los humedales de los países suscriptores.

La conformación de un humedal artificial, debajo del paso a desnivel, en teoría restaura los servicios ambientales previos a la obra. Sin embargo, en mi visita al recién remodelado Parque Ecológico de Xochimilco, donde se encontraba una de las dos principales reservas de aves de la Ciudad de México, me llamó la atención que las aves se habían ido, había muy pocas, comparadas con mis fotos de años anteriores. El “Cielito lindo”, al ser un viaducto elevado, carece de contención del ruido, pues la circulación de los coches ahora ocurre por encima de las copas de los árboles, afectando aún más el entorno.

Puede que haya sido un mal día, puede que haya sido la temporada, pero desde mi valoración subjetiva, el “Cielito lindo” tuvo impactos en la ecología de la zona más allá del humedal del Periférico. Aunado a esto, junto a la reserva de aves se acondicionó un pabellón de conciertos, lo que también las afecta.

La construcción de una obra vial elevada representa muchas alteraciones al medio ambiente. Si el derecho de vía tiene árboles, como de hecho los tenía Periférico en ese tramo, hay que desmontar quizá decenas y hasta centenas de ejemplares, y reponerlos por otros de talla pequeña que tardarán años en llegar a sus máximos servicios ambientales.

Sin embargo, como lo decía, al llevar la circulación de autos por encima de las copas de los árboles, el ruido se dispersa generando mayor afectación a las personas y animales. Más allá de los impactos mismos de la obra, por mucho congestionamiento que parezca solucionar, hay un fenómeno de inducción del tránsito: dado que la infraestructura existe, la gente adapta sus rutas a las nuevas soluciones.

Llamar “Cielito lindo” a un paso a desnivel es un contrasentido, suena además partidista, porque “De la sierra, Morena, Cielito Lindo ... “. No puede haber un cielo lindo con un paisaje lleno de infraestructura vial. Sin embargo, no se puede negar que hay gente en Iztapalapa e Iztacalco que necesita ir a Xochimilco, Tlalpan, Coyoacán y Magdalena Contreras, cuya ruta, sin el Periférico a la altura de Xochimilco, representaría por lo menos ocho kilómetros más de recorrido por vialidades poco adecuadas.

La dimensión del Cielito Lindo es esa. Dos zonas de intenso crecimiento de la ciudad, hasta 1991, estaban desconectadas; luego de que se les comunicó la capacidad vial fue insuficiente, cualquiera que haya sido la causa. Ahora que tenemos el “Cielito lindo” sigue habiendo congestionamiento, pues se comprobó que realmente no era la solución. Mañana, por tanto, tendrá que haber algo adicional al “Cielito lindo”.

Mi sueño es demoler el “Cielito lindo”. Que el gobierno de la Ciudad de México, en una administración futura, integre ambas márgenes de la Zona Patrimonial de Xochimilco, que incluso se restaure la navegabilidad y por supuesto que vuelvan las aves y se promueva la cultura de observación respetuosa de su hábitat.

Este sueño que describo está en contradicción con las necesidades de traslado en el corredor San Jerónimo-Pantitlán, lo que incluye viajes a ambos aeropuertos, a centros de producción y de negocios, así como decenas o cientos de miles de hogares. Ya lo he dicho antes, necesitamos explorar la vía subterránea, una conexión vial y de transporte que restaure el polígono de Xochimilco, sin afectar cuerpos de agua.

De concretarse, quizá no le podamos llamar “Cielito lindo”, pero será mucho más probable que tengamos un cielito lindo si derrumbamos el viaducto elevado, que si aceptamos el cinismo de llamar así a una obra inútil que representa lo opuesto.

Para La Silla Rota es importante la participación de sus lectores a través de  comentarios sobre nuestros textos periodísticos, sean de opinión o informativos. Su participación, fundada, argumentada, con respeto y tolerancia hacia las ideas de otros, contribuye a enriquecer nuestros contenidos y a fortalecer el debate en torno a los asuntos de carácter público. Sin embargo, buscaremos bloquear los comentarios que contengan insultos y ataques personales, opiniones xenófobas, racistas, homófobas o discriminatorias. El objetivo es convivir en una discusión que puede ser fuerte, pero distanciarnos de la toxicidad.