Opinión

Ciclovías de camellón

Mientras la ciclovía de Reforma no modifique los factores que generan inseguridad, no recomendaría seguir adelante con la idea de ciclovías de camellón. | Roberto Remes

  • 26/02/2020
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Las guías de infraestructura ciclista que existen en el país han tenido gran influencia de las organizaciones, algunas de las cuales se agrupan en la BiciRed y se reúnen, año con año, en el Congreso Nacional de Ciclismo Urbano. A partir de las discusiones se ha generado cierta oposición a las ciclovías de camellón.

Lo que se ha establecido por ciclistas que llevan años en esta agenda en nuestro país, pero también por teóricos, es que el mayor riesgo para un ciclista son las intersecciones y no el tramo en el que circulan en paralelo a otros coches. Por tanto, cuando diseñamos una ciclovía en el camellón estamos olvidando el punto más frágil, que son los cruces y retornos.

Sin embargo, no podemos negar que si transitamos en bicicleta en medio de árboles o áreas jardinadas, nuestra sensación de seguridad se eleva, con respecto a las ciclovías con alto grado de invasión por vehículos automotores.

En el caso de Bogotá, he tenido la oportunidad de revisar, en decenas de ocasiones, el funcionamiento de la ciclovía que va sobre el camellón de la Carrera 19, muy cerca de la casa de mis suegros. La forma en que están gestionadas las vueltas, por ejemplo, ayuda mucho a ordenar el paso de todo tipo de vehículos, lo que mantiene la seguridad de los ciclistas. Ignoro cuál sea el desempeño de esa vía en términos de seguridad vial, pero la tengo como un buen ejemplo de ciclovía de camellón, para lo que influyen los hábitos de manejo bogotanos que, a diferencia de Ciudad de México, los autos no esperan las vueltas a mitad de la intersección.

La idea de desarrollar ciclovías de camellón en Ciudad de México no es nueva. Algunas vialidades como Camarones, Marina Nacional, Andrés Molina Enríquez, Miramontes, entre otras, han sido planteadas para contar con ciclovías sobre el camellón, sin alterar la capacidad vial. Yo feliz quito carriles del auto, pero la verdad es que mientras la bicicleta no ocupe al menos el 10% de los viajes, esta batalla está casi perdida en vialidades de tres carriles por sentido. ¿Podemos hacer seguras las ciclovías de camellón?

El diseño del recién inaugurado Sendero Reforma nos quita todas las esperanzas sobre las ciclovías de camellón. A pesar de que cuenta con pocas intersecciones, todas están pésimamente gestionadas. El Sendero justo hizo que todas las dudas que prevalecían sobre las ciclovías de camellón tuvieran un laboratorio para demostrar su inviabilidad.

A los pocos minutos de la inauguración del Sendero Reforma, fui testigo de cómo un ciclista atropelló a una peatona. Uno podría culpar, de manera simplista, al conductor de la bicicleta. Sin embargo, dos días después ya circulaba en redes la foto de otro accidente. Ignoro cuántos van hasta la fecha, espero ninguno mortal, pero la lógica me dice que, tanto irá el cántaro al agua, que terminará por haber muertos en esa ciclovía. Cuando busquen responsables no piensen en conductores, sino en tomadores de decisiones, concretamente las áreas de “Planeación” de la Secretaría de Movilidad.

El Sendero Reforma, al ser la primera ciclovía de camellón desde el auge ciclista en la ciudad (ya había experiencias previas muy cuestionables, como Chapultepec), debió cuidar las intersecciones. Hicieron lo opuesto. Señalizaron que los ciclistas deben desmontar, mientras los policías acumulan coches que esperan dar la vuelta. En la práctica los ciclistas y peatones cruzan con total vulnerabilidad: sobre los vibradores del reductor de velocidad, en condiciones de pésima visibilidad. El día de la inauguración, ni siquiera el Secretario de Movilidad se apeó de su bicicleta como indica la señalización (no lo cuestiono, es lo intuitivo).

Mientras la ciclovía de Reforma no modifique los factores que generan inseguridad, no recomendaría seguir adelante con la idea de ciclovías de camellón. Al final, contribuiremos a seguir elevando los riesgos para los usuarios de la vía.

En el caso concreto de Paseo de la Reforma, aun cuando conservemos la grava que hoy sirve de base en el Sendero, y que terminará hundiendo en un rotundo fracaso el proyecto, es necesario corregir la forma en que se accede al sendero en la Estela de Luz y en Monte Elbruz, así como los cruces de éste con vialidades como Julio Verne, Anatole France, Gandhi, Grutas y Acuario. Al mencionar Acuario nos viene a la mente la muerte de Monserrat Paredes en ese punto, arrollada en bicicleta por un autobús.

La lucha por la seguridad vial no es política, al menos no desde la sociedad. Ha crecido el número de muertos en las calles por decisiones de esta administración, aunque la Secretaría de Movilidad lo niegue y, con la ayuda de la Agencia Digital de Innovación Pública maquille cifras. Cada vez que el Gobierno de Ciudad de México presume acciones a favor de la seguridad vial es mera propaganda. El Sendero Reforma es peligroso, algunos de los cruces seguros de los que hoy se jacta el gobierno de Claudia Sheinbaum siguen siendo peligrosos, el de Buenavista a la cabeza, pero incluyendo muchos más. El Sendero Reforma necesita acciones urgentes para evitar un grave accidente. No las tomarán, ya sabemos que su especialidad es la soberbia, no la movilidad.