Opinión

Cibermontescos y Cibercapuletos

Al estar insertos en pequeños grupos que representan una realidad unidimensional, se genera una falta de empatía hacia los que se identifican con la otredad.

  • 13/03/2017
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Uno de nuestros principales problemas, del que pareciera que nadie quiere hablar, es que somos una sociedad profundamente dividida. Buenos y malos; pobres y ricos; nacos y fresas; izquierda y derecha; gobierno y ciudadanos; güeritos y morenos. Tenemos un sinfín de clasificaciones para diferenciarnos de los demás. Muy útiles para responsabilizar de todos nuestros males a “los otros”.

 

Cuando el mundo se construye así, entonces no existe autocrítica, ya que por definición nos encontramos en la facción que hace lo correcto. Tampoco es posible reconocer virtud alguna en los otros puesto que, también por definición, no son capaces de ningún acierto ya sea por ineptitud, apatía o simple malevolencia.

 

Por eso, durante las últimas décadas las soluciones mágicas para el país han descansado en que llegue, ahora sí, el líder que solucionará todos nuestros problemas. Aunque nosotros no cambiemos. Aunque sigamos obstaculizándonos unos a otros. Aunque sigamos sin contribuir nuestro granito o roca de arena para que las cosas mejoren.

 

Y estas soluciones mágicas consisten también en destruir lo que hicieron los anteriores e inventar el hilo negro. Comenzar desde cero perpetuamente, eliminando indiscriminadamente tanto errores como aciertos.

 

Al estar insertos en estos pequeños grupos que representan una realidad unidimensional, se genera una falta de empatía hacia los que se identifican con la otredad, barrera muchas veces infranqueable para reconocer las dificultades que enfrentan distintas personas en su labor de todos los días y las aportaciones pequeñas o grandes que hacen en beneficio de su entorno.

 

Esta forma de funcionar en claustros favorece un tipo de sesgo cognitivo llamado sesgo confirmatorio, que es un tipo de comportamiento que lleva a filtrar la información que recibimos privilegiando aquella que confirma nuestras propias creencias o prejuicios, y descartando o relativizando la que apoya conclusiones contrarias. El sesgo confirmatorio se produce tanto al seleccionar la información, como al interpretarla a favor de convicciones previas, más aún cuando éstas involucran emociones. Pensar así produce errores sistemáticos del razonamiento inductivo y nos impide aprender de la información que nos rodea, pues seleccionamos o damos más peso sólo a aquélla que se acomoda a lo que ya creíamos desde un inicio quizá sin ninguna base fáctica.

 

Con este contexto de fondo, resulta un tanto preocupante la forma en que se está desarrollando el uso de las redes sociales, puesto que esta manera de compartimentar nuestras interacciones puede amplificarse en detrimento de nuestra ya dividida sociedad, gracias a la posibilidad de crear ciberespacios donde no admitamos sino a quienes piensan como nosotros.

 

Las redes sociales funcionan con base en la creación de grupos ad hoc que van siendo seleccionados por cada persona, en donde se tiende a incluir primero al círculo más cercano como la familia y los amigos, luego a las relaciones de trabajo o la escuela y después a líderes de opinión, fuentes formales o informales de noticias, comentadores, blogueros, celebridades, etc. A medida que se va extendiendo el círculo, generalmente la selección de contactos y fuentes depende de que exista alguna afinidad con el tipo de contenido que se busca, lo que lleva a descartar toda posición que pueda considerarse opuesta, disruptiva, ofensiva, irrespetuosa o desafiante de nuestro sistema de creencias y valores.

 

Si en ese ejercicio aparece alguna voz que se sale del agradable entorno que hemos tratado de crear en nuestros cibercírculos sociales, todavía nos queda el recurso de bloquear, filtrar o, en el mejor de los casos, seleccionar o segmentar nuestras redes.

 

Pero esta mecánica no hará sino reforzar la fragmentación de nuestra sociedad y seguir impulsando una percepción falseada de la realidad.

 

Los extensos prejuicios presentes en el país no van a desaparecer si nos rodeamos de información unilateral que sólo confirma esa mirada sesgada respecto de otras personas percibidas como diferentes debido a sus simpatías partidarias, nivel de ingreso, religión, actividad profesional, color y herencias culturales –algo esencialmente absurdo en un país mestizo-,  pero que por otro lado pueden compartir nuestros mismos valores fundamentales.

 

Es cierto que con la cantidad de información disponible en la actualidad, que no hace sino multiplicarse, es ineludible emplear filtros que nos ayuden a procesar y discernir lo útil, pero quizás la creación de grupos de opinión homogéneos no sea la mejor respuesta a esa necesidad. Para construir una sociedad unida que aprecie la diversidad y se encuentre en lo sustancial, les invito a mantener algún disenso en sus redes sociales. Un tema a reflexionar.

 

@elenaestavillo 

 @OpinionLSR

 

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