Opinión

China: el rival estratégico

Estados Unidos y China están en manos de dos grandes egos que, pese a las diferencias, están escribiendo un capítulo importante en la historia

  • 23/01/2018
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Estados Unidos y China tienen una categoría propia en la escena internacional. Son las dos economías más grandes del mundo, las que mayores recursos destinan al sector militar y tienen intereses regionales y globales que no siempre comparten. Adicionalmente, ambos países están en manos de dos grandes egos que, pese a las distintas trayectorias y perspectivas, están escribiendo un capítulo importante en la historia de sus países y del mundo actual.

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El presidente estadounidense Donald Trump ha sido protagonista de escándalos mediáticos que sus opositores utilizan para poner en tela de juicio su capacidad para gobernar y que la población estadounidense no ve con agrado, lo que lo ha llevado a una tasa de aprobación del 38%, siendo la más baja que cualquier presidente de Estados Unidos haya tenido desde Harry Truman.

Por su parte, a través de los años, el presidente chino Xi Jinping ha ido consolidando su imagen como un gran líder. El viernes 19 de enero, mientras Trump vivía la víspera del cierre del gobierno estadounidense derivado de las discrepancias políticas en su administración, el Congreso del Partido Comunista incluyó en su constitución “el pensamiento de Xi Jinping sobre economía socialista china de la nueva era”, hecho que sitúa a Xi Jinping a la altura de Mao Zedong.

Una rivalidad constante

Después de la primera reunión entre Donald Trump y Xi Jinping en abril de 2017, parecía que ambos países llegaban a una fase de cooperación en la relación bilateral. Sin embargo, a nueve meses de ese primer encuentro, los vínculos entre Washington y Beijing siguen basados en conflictos de intereses que los mantiene en un constante estado de rivalidad.

En la Estrategia de Seguridad Nacional, Donald Trump reconoció a China como el “rival estratégico” que no solo "desafía el poder, la influencia y los intereses estadounidenses", sino también "intenta erosionar la seguridad y la prosperidad estadounidenses".

Geográficamente, los intereses estratégicos de Estados Unidos y China se superponen en la península de Corea y el Mar del Sur de China. Si bien hasta el momento la administración Trump no ha confrontado directamente los intereses chinos en la zona, sí ha realizado maniobras que han contribuido a acrecentar la tensión entre ambos, como el despliegue del sistema de defensa antimisiles THAAD en Corea del Sur y la reanudación de su libre navegación en el Mar del Sur de China. Por otro lado, en Medio Oriente, China se ha vuelto el mayor comprador de petróleo iraní, lo que en la práctica lo convierte en un obstáculo adicional para Trump en su intento por aislar a Irán.

El Quad

En el terreno económico, sin duda el decreto de Trump sobre la salida de Estados Unidos del Tratado de Asociación Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés) dio paso a la consolidación de China como el principal socio comercial de muchos países de la Cuenca del Pacífico y que, al igual que la Belt and Road Initiative (BRI) que conectará el mercado chino con el europeo a través de la antigua Ruta de la Seda, representa la visión de China sobre el nuevo orden económico mundial.

Por lo que respecta a Estados Unidos, pese al declive de su influencia en Asia, la estrategia de Trump aún no queda del todo clara, aunque hay señales que muestran la dirección que podría tomar. Ejemplo de ello es la reunión que Estados Unidos, Japón, India y Australia (Quad) sostuvieron en noviembre pasado. Sin que hubieran formulado una declaración conjunta, coincidieron en cuatro objetivos: Indo-Pacífico libre y abierto; orden basado en reglas; libertad de navegación y sobrevuelo; y respeto al derecho internacional y la seguridad marítima. Este grupo de países podría representar el obstáculo más grande para la hegemonía de Beijing en la región. Si bien es difícil pensar que el Quad pueda constituir por sí misma una herramienta de contención al poder chino, sí se le debe reconocer su capacidad de disuasión a través de medios diplomáticos.

Por otra parte, si Estados Unidos quisiera formar un contrapeso de poder frente a China en Asia, lo ideal sería trabajar con sus aliados regionales en la construcción de una alternativa a la estrategia económica china que ya está en marcha, pero en las circunstancias actuales esta opción no es viable, ya que Trump no quiere acuerdos nuevos en los que la balanza comercial estadounidense corra riesgos.

El Foro Económico Mundial que se celebrará en Davos en los próximos días, puede constituir la plataforma idónea para que Trump demuestre al mundo que es un estadista capaz de ofrecer una visión coherente del mundo, al igual que lo hizo Jingping el año pasado al defender la globalización económica y rechazar al proteccionismo.

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