Opinión

Charles Aznavour

Apenas ayer tenía veinte años. | María Teresa Priego

  • 02/10/2018
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El compositor, cantante y actor francés de origen armenio, murió el domingo a los 94 años en su casa en el sur de Francia. Que c' est triste Venice, la noche sobre la laguna. Las horas del olvido y la belleza de la ciudad desdichada. La bohème. Hier encore, "apenas ayer tenía veinte años" y esa nostalgia tan cercana a la de Renato Leduc cuando nos habla de "la dicha inicua de perder el tiempo". Compuso más de 800 canciones. Cantó en cinco lenguas y en cientos de escenarios. A los nueve años comenzó en el teatro y participó en ochenta películas como Disparen sobre el pianista de Truffaut, Diez negritos de Peter Collinson, Los fantasmas del sombrero de Chabrol, Ararat del director armenio Atom Egoyan. Un hombre que nunca paró de trabajar, de amar, de reírse de sí mismo.

“Me dijeron que no tenía nada para triunfar, lo que prueba que la crítica no tenía nada para hacer crítica”. Le señalaban: "no tiene voz, no es guapo, es pequeño de estatura". Durante ocho años vivió con Edith Piaf, quien fue su mentora. Aznavour aseguraba que nunca fueron amantes. Vivieron sin embargo una larga pasión (bajo el mismo techo) de codependencia y amor-odio. Escribió canciones para ella como la bellísima: Plus bleu que tes yeux. Tuvo un romance de un año con una jovencísima Liza Minnelli que un día llegó y le dijo: "quiero ser como tú". Se casó tres veces. Tuvo seis hijos. “Me casé tres veces. La primera era demasiado joven, la segunda era demasiado tonto, la tercera me casé con una mujer que viene de una cultura diferente... aprendí cosas, sobre todo aprendí la tolerancia”.

Shahnourh Varinag Aznavourian, (la partera les aconsejó "afrancesar" su nombre), nació en París "por accidente" en 1924, mientras sus padres que huyeron de Armenia -su padre era barítono- esperaban una visa para refugiarse en Estados Unidos. Pero los acogió Francia. Abrieron un restaurante armenio. Especias. Nostalgias de los orígenes. Ese dolor ante el genocidio armenio y su negación histórica llevó a sus padres a participar en las redes de resistencia durante la ocupación alemana. Charles tenía 16 años. A los 93, a él y a su familia se les rindió un homenaje en Israel en el que recibió la medalla Raoul Wallemberg, por su solidaridad con los judíos perseguidos por los nazis.

Durante toda su vida mantuvo una intensa relación amorosa con el país de sus padres. Con su cultura originaria. Con la marca inolvidable de la persecución y el exterminio del que fueron víctimas. Cuando el terremoto de 1988 en Armenia fundó el Comité Aznavour por Armenia, escribió la canción Pour toi Armenie cantada por 90 artistas famosos. Vendieron un millón de ejemplares, los fondos fueron donados para la reconstrucción. Fue nombrado por la UNESCO Embajador permanente en Armenia.

En este contexto podemos imaginar lo que significó para Aznavour cuando el joven director canadiense Atom Egoyan (también de origen armenio), lo llamó para participar en su (magnífica) película Ararat. La masacre de Van negada por el gobierno turco. El sentido de la memoria. Lo insoportable del olvido. El genocidio armenio. “¿Sabes lo que le dijo Hitler a sus comandantes para convencerlos de que su plan funcionaría? ¿Quién recuerda el exterminio de los armenios?” Le dice un personaje joven, el que anhela saber, a un hombre menos joven que no quiere saber nada. Abrazaron el exilio. Llevan ya una vida tranquila en un país nuevo y en paz, ¿para qué indagar más?

En una entrevista con Darius Rochebin para la televisión Suiza (país en el que vivió durante muchos años y al que llamaba "home Suisse home"), Charles Aznavour dijo que ofrecería su último recital el 20 de mayo del 2024, al cumplir cien años. “Entonces podré decir: Heme aquí, soy el primer cantante centenario. Sólo espero que nadie se me adelante”. Todavía en abril ofreció un recital en Barcelona. “No soy viejo, tengo edad”. Después confesó, sí, su miedo a la muerte. “Preferiría no tener que morirme”.

Me permito tomar y traducir un bello homenaje para él escrito por Veronique Mortaigne en Le Monde: Aznavour era Francia. No la de Edith Piaf -el realismo, la periferia, los niño de nada-, ni la de Mauricio Chevalier o de Charles Trenet, la suya era la Francia internacionalista, tierra de acogida, la que sabe enseñarle a los hijos de la República los valores fundamentales, pero también el encanto y el romanticismo sexy... Charles Aznavour fue el ídolo de una nueva generación surgida de la inmigración. El senado de Francia propone un homenaje nacional para "el monumento de la canción francesa".

En entrevista con  Alexandra Schwartzbrod (Periódico Libération): El amor es muy simple para mí. Cuando uno lo encontró, no debe mirar hacia la recámara del vecino. Su último álbum incluye una experiencia extraña. Muy. Un dúo real -imaginario con Edith Piaf. Un dúo virtual. En un montaje cantan juntos la canción que escribió para ella en los año cincuentas: Plus bleu que tes yeux . Fue escuchando a Natalie Cole (dúo virtual con su padre muerto), “que quise cantar con Piaf. O más bien volver a cantar porque no paramos de cantar juntos. Fuimos muy cómplices. La familia de la môme me dio la autorización post mortem de utilizar su voz”.

Au revoir, Charles Aznavour. Fue un hombre magnífico. Y una piensa junto a él en Léo Ferré, Jacques Brel, George Brassens, Goerges Moustaki. Esas voces masculinas que marcaron toda una época en Francia. Le preguntaron a Aznavour en una entrevista el último año de su vida: ¿Cuál desearía que fuera su epitafio? Y él respondió con un juego de palabras basado en el doble significado de la palabra vers: verso y gusano: Encore des vers. Más gusanos. Más versos.

Edith Piaf y Charles Aznavour:

Plus bleu que tes yeux

Una madre en fuga

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