Opinión

CDMX y su paradoja. Transparencia y rendición de cuentas

¿Vivir en una ciudad que nos enorgullece, pero que también nos puede dar vergüenza, miedo y desconfianza? | H. Adán Peña Fuentes

  • 16/02/2018
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La CDMX vive una suerte de paradoja desde hace un largo tiempo. Por un lado es la ciudad con mayor nivel de vida del país, con una población educada, trabajadora y que se construye y reconstruye las 24 horas de los 365 días del año; una ciudad que afronta sin temor un sismo y que en su corazón y arterias como el Zócalo, Reforma o Tlatelolco, deja que fluyan la causas más distintas y conexas.

Pero también es la ciudad de las desigualdades, donde a menos de 2 kilómetros conviven Santa Fe, uno de los centros económicos más relevantes del continente con precios promedio de 50 mil pesos el metro cuadrado, y Jalalpa Tepito una de las colonias con mayores carencias sociales y violencia en el poniente de la ciudad.

Una ciudad donde la confianza en las instituciones que procuran la justicia es mínima y con la percepción de corrupción más alta del país.

En el componente luminoso de la paradoja, la Ciudad de México puede definirse como una ciudad global, tanto por sus dimensiones territoriales y poblacionales como por su capacidad de influencia en términos políticos, económicos y culturales; está dentro de los primeros tres centros financieros más importantes de Latinoamérica; cuenta con uno de los periodos de estabilidad gubernamental más largos de la región (un solo partido desde hace más de veinte años) y se ha constituido como uno de los principales centros de atracción cultural y de entretenimiento para el turismo.

Si bien no se ha reducido de manera significativa la pobreza, la ha contenido. Según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, entre 2010 y 2016 pasó de 28.5 a 27.6 por ciento de población en esta condición y es la entidad federativa que más aporta a la actividad económica total del país (en comparativa, el Estado de México pasó de 42.9 a 47.9 en el mismo periodo y tiene a la mitad de sus ciudadanos viviendo con carencias sociales).

En su parte más oscura, según el  Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional, es la entidad federativa de todo México con una mayor percepción de corrupción: más del 90% de sus ciudadanos consideran que las prácticas de corrupción son muy frecuentes o frecuentes, 10% más alto que la media nacional. Al igual, la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental de 2015 arrojó que en la CDMX hay 16 mil 167 víctimas de corrupción por cada 100 mil habitantes, una tasa casi 30% mayor que la media nacional.

En este mismo sentido, según el estudio los Derechos Humanos y la Corrupción en México elaborado por investigadores de FLACSO y del Colegio de México, más de la mitad de la población consideraron corrupta la administración de justicia en la Ciudad de México; además, el boom inmobiliario y la falta de respeto de los usos de suelo relacionados con la dudosa interpretación de los juzgadores en favor de los desarrolladores inmobiliarios, ha favorecido la violación de las disposiciones en materia de desarrollo urbano en la ciudad, uno de los grandes temas para su sostenibilidad.

¿Cómo podemos vivir esta paradoja?


¿Vivir en una ciudad que nos enorgullece, pero que también nos puede dar vergüenza, miedo y desconfianza? ¿Cómo podemos ir iluminando estos espacios de oscuridad e incertidumbre y darle paso a más luz? En mi opinión, existen algunas pistas que a continuación describo:

Hacernos cargo


Desde hace algunos años, organizaciones de la sociedad civil han venido realizando una labor sin la cual no se comprende el México moderno: decir la verdad y evidenciar las fallas y omisiones de los gobiernos, y más allá, explicarlo con números e indicadores. Pero no obstante su esfuerzo encomiable, el día de hoy se requiere una mayor masa crítica, una sociedad civil que florezca y se multiplique, que se haga cargo, que participe en las distintas esferas de la vida social, no solo como grupos de presión (stakeholders, aunque no me gusten los anglicismos), sino siendo parte de las instituciones, con sus agendas, temas y  dinámicas. Encargarse cada vez más de lo público.

Abrir el diálogo


Nos hace falta escucharnos entre actores públicos, privados, sociales, etc. La única forma de construir confianza es dialogando, así nos daremos cuenta que hay más personas que están buscando hacer las cosas de manera distinta, que piensan que lo público es necesario y que no están de acuerdo con un sistema que te hace víctima o cómplice, sobre todo en asuntos de impartición de justicia.

Parar la frente


 Llevar pegadas las etiquetas de los principios que cada vez están más  relegados y demeritados: ética y honestidad. Y que más allá de elementos de un discurso político son pautas para la acción, guías para decidir las posturas que son congruentes con los principios y valores de la sociedad que aspiramos construir.

La nueva caja de cristal


Las tecnologías de la información y la sociedad de la información nos han abierto oportunidades impensables, entre ellas la posibilidad de que todo acto público esté fundado, motivado y sea transparente; se trata de que lo público recobre la  confianza dilapidada. Entre más se hagan públicas las razones del actuar, más fácil se recobrará la confianza. Se puede lograr que el quehacer cotidiano sea transparente y rinda cuentas, con ello todos ganamos.

¿Seremos capaces de desmontar esta paradoja? Tener congruencia entre esa ciudad global que ya somos y esa opaca y oscura que también está presente, ¿podremos con el reto?

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H. Adán Peña Fuentes es  Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Nacional Autónoma de México. Se ha desempeñado como Investigador en el Instituto Belisario Domínguez del Senado de la República, asesor en el Instituto Nacional Electoral y en el Instituto Nacional de TransparenciaAcceso a la Información y Protección de Datos Personales. Actualmente dirige la organización Plataforma de Innovación Económica y Social y asesora a distintas asociaciones civiles y agencias de gobierno en materia de inclusión económica y digital.

@OpinionLSR | @lasillarota

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