Opinión

CDMX, un botín

Las autoridades no quieren entender que esto es un asunto de sentido humano y de seguridad social. Pero sí lo ven como un tema de negocios | Joel Hernández

  • 21/02/2018
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Si usted vive o visita o viaja o pasea por la Ciudad de México ¿ha observado la cantidad enorme de grandes edificios que por estos días se construyen acá o allá?

Tan solo a lo largo del Anillo Periférico hacia el sur, vea, mire, retenga esa enorme cantidad de palas mecánicas que le miran con desprecio porque ahí se construyen rascacielos inauditos en una ciudad sísmica, con todo y que digan que esos edificios “cumplen con la reglamentación de construcción-seguridad”.

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Nada. Que de cinco años a la fecha la Ciudad de México se ha transformado en una enormidad de construcciones verticales, una gran cantidad de unidades habitacionales bajo toda sospecha, pero que han sido autorizadas por las delegaciones correspondientes (“¡Ah, no, ya no son delegaciones “ahora son alcaldías”!) Y, por lo tanto, por el gobierno local.

Consecuencias graves


Una de ellas es el del abastecimiento del agua; los servicios; las vialidades; los estacionamientos; el hacinamiento; las confrontaciones vecinales; la seguridad-inseguridad de las estructuras… Mucho se pone en juego al construir esas grandes moles… Y sin embargo ahí están… “¡Míralas, míralas!” como La puerta de Alcalá.

Pero en sí mismo es una tragedia de convivencia y es una irresponsabilidad de las constructoras y de autoridades de gobierno que saben, se les ha advertido, se les ha dicho hasta el cansancio que por estar en zona sísmica esta ciudad debe ser construida a modo horizontal, y no vertical. Deben construirse estructuras de baja altura y no enormidades que no garantizan su propia estabilidad en momentos críticos.

Pero no quieren entender que esto es un asunto de sentido humano y de seguridad social. Pero sí lo ven como un tema de negocios. De cargos y abonos. De utilidades. Y es también un asunto de corrupción de gobierno que autoriza este tipo de edificaciones, de estructuras y de modos de vida.

Allí, frente al centro comercial Gran Sur, hacia esta zona de la capital, están construyéndose edificios altísimos. Y ya comienzan a comercializarse como departamentos-vivienda. ¿Quién los autorizó? ¿Quién decidió que en este lugar se podrían construir este tipo de gigantescos edificios? ¿Se hicieron los estudios apropiados para garantizar vida, abastecimiento, vialidades?

Todo esto viene al caso porque apenas el lunes 19 de enero, La Silla Rota, presentó un muy amplio y buen reportaje especial sobre lo que ha sido el proceso de apoyos gubernamentales a la transformación monstruosa y criminal de la capital del país.

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En el trabajo periodístico se da cuenta del conflicto de intereses en los que se ha caído al favorecer a empresas cercanas a Miguel Ángel Mancera. De hecho, se documenta ese conflicto de intereses y se plasma lo que ha sido este gobierno en muchas de sus actividades en política y de capital.

Es importante hacer un balance de esta naturaleza en lo que respecta a la manera como se han manejado los intereses de los capitalinos en uno de los aspectos básicos de su vida: la vivienda; pero también es importante ver cómo estos mismos empresarios junto con el gobierno han engañado a gente que aporta los ahorros de su vida para conseguir una casa y, al final, salen pagando mucho más de lo acordado y con menos servicios de los prometidos.

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En ese balance social debe mirarse con lupa cada una de las áreas de desarrollo en las que estuvo involucrada la inversión de recursos; una especie de auditoría hecha por ciudadanos que valoren y denuncien cualquier tipo de anomalía y desajuste en los ordenamientos legales y en el uso de las atribuciones para otorgar permisos de toda naturaleza; los de construcción por ejemplo.

La CDMX quedó abandonada a su suerte hace tiempo


Las exigencias a los ciudadanos fueron del tipo recaudatorio más que para su beneficio colectivo. La permanente negativa a que aquí no ocurre la tragedia del crimen organizado ha generado aún más desconfianza y día a día se incrementan las muestras de que esto es al contrario.

La mala organización de traslado urbano es una pesadilla. La negativa a aceptar que el transporte público —Metro/Metrobús— tiene fallas estructurales, de orden, de coordinación y de seguridad, es inaudita. La privatización del transporte público en taxis y combis es cada vez más onerosa y sin supervisiones apropiadas de seguridad y precio (los taxímetros están frecuentemente alterados y ninguna autoridad hace nada por evitarlo)… La vendimia callejera es cada vez más agraviante.

Así que el balance a la gestión del señor Mancera es negativo. Y peor aún, deja una ciudad sin orden ni gestión.

Inmisericorde, el aspirante a Senador plurinominal –que no se somete al voto popular– apuntó el dedo flamígero sobre el habitante y no sobre su propia estructura fallida.

¿Cómo habremos de recordar al gobierno de Miguel Ángel Mancera al pasar el tiempo?... Lo que se ve, no se juzga y ahí está documentado el tema de lo inmobiliario, para muestra del todo… y la tragedia del todo.

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@joelhsantiago | @OpinionLSR | @lasillarota

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