Opinión

Caricatura de Gobierno

No hay gobierno. El que existe es una caricatura y no hay poder que logre cambiar y redireccionar la agenda presidencial. | José Luis Castillejos

  • 11/08/2020
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México, que está al borde de una crisis de salud pública, con crecientes signos de pobreza e inseguridad marcha a la deriva. Pero a la actual administración no parecer interesarle

No hay gobierno. El que existe es una caricatura y no hay poder que logre cambiar y redireccionar la agenda presidencial.

Y aunque se enojen en el oficialismo hay que decirlo: al presidente Andrés Manuel López Obrador le quedó grande el cargo en un país donde  hay una población cada vez más pobre, sin acceso a la salud, con enfermedades crónicas  y un alto gasto en ese rubro.

El gasto de los mexicanos en materia de salud es uno de los más altos en el mundo, en tanto el presupuesto de la Secretaría de Salud ha decrecido más del 20%.

Y en esta época de pandemia del coronavirus, para sobrevivir muchos debieron desembolsar un promedio de 30 mil pesos por persona para adquirir medicamentos, realizarse estudios y comprar tanques de oxígeno.

Miles de familias tuvieron que vender propiedades, vehículos o solicitar préstamos para sortear el covid-19.

Actualmente México está al borde de una crisis de salud pública. Enfrenta uno de los peores flagelos, una epidemia de obesidad, de acuerdo a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que estima que en 2030 el 40% de los adultos mexicanos tendrá ese problema, principal factor de riesgo para el desarrollo de enfermedades crónicas.

En México, las enfermedades crónicas representan 7 de las 10 principales causas de muerte, las dos más relevantes son diabetes y enfermedades del corazón, de acuerdo con estudios oficiales. Pero a este gobierno de caricatura no parece importarle mientras más de 16 millones de mexicanos carecen de algún tipo de protección financiera en salud.

A ese problema le sumamos el desabasto de medicamentos. Solo el 61% de las personas con diabetes, hipertensión y dislipidemia que acudieron a los servicios estatales de salud pudieron obtener sus medicamentos.

De acuerdo con estimaciones oficiales, el gasto de un tratamiento de diabetes en el sector privado asciende en promedio a 131 mil 357 pesos al año.

Eso tampoco parece importarle a este gobierno que ya raya en el cinismo, en la desvergüenza y el desinterés por la salud de los mexicanos.

Más allá del discurso oficial, México sigue empantanado y con pocas perspectivas de desarrollo. A la actual administración poco parece interesarle el rumbo del país que se encamina a un estrepitoso fracaso.

Según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) en México 52.4 millones viven en situación de pobreza, cifra que equivale al 41.9% de la población y que representa una disminución apenas del 2.5% en comparación con el porcentaje registrado en 2008 cuando el porcentaje era de 44.4.

La población no pobre y no vulnerable en todo el país es de 24.7 millones de personas.

A este dramático panorama se le suma otro problema, el de la violencia que sigue su imparable marcha. Cada vez es más creciente el número de víctimas contabilizadas por homicidio doloso, a manos del crimen organizado.

Guanajuato que anteriormente fuera un estado seguro y viable en el que se podía invertir hoy se ha convertido en uno de los más violentos al tiempo que ese flagelo campea en Baja California, Michoacán, Chihuahua, Guerrero, Estado de México y Jalisco.

En Guanajuato están asentadas grandes empresas de la industria automotriz, agrícola y comercial. Hoy ya es una preocupación ya que en esa zona se disputan el territorio los cárteles de la droga Santa Rosa de Lima y Jalisco Nueva Generación.

Pero el gobierno de AMLO tiene otra percepción y dice que vamos bien.

El reclamo de los mexicanos es constante, le recriminan que haya falta de empleos y que se inviertan más de cien millones de dólares en Centroamérica para contener el flujo migratorio, en atención a la exigencia del gobierno de Donald Trump.

La mayor parte de los mexicanos no la pasa bien y el ejemplo más claro está en la frontera sur donde a los extranjeros se les contrata para servicios de limpieza y a los mexicanos no se les hace caso aunque no tengan, literalmente, ni para comer.

Para López Obrador todos los males son el resultado de políticas neoliberales, aplicadas por gobiernos anteriores pero poco hace para darle la vuelta a ese cansado discurso de acusar a otros y lavarse las manos y no ponerse a trabajar.

Siempre que le preguntan sobre esos temas, a AMLO parece fastidiarle y responde con un “vamos bien” que ya suena a burla.

Las bases de la anunciada transformación del país son enclenques. Y el país, por ratos, pareciera derrumbarse.

Al mismo tiempo, la corrupción se ha cubierto con un manto de oscuridad y se protege a ex gobernadores y al propio Enrique Peña Nieto y sólo se pescan pequeños peces sin que caigan los grandes operadores financieros del sexenio pasado.

Chiapas es un claro ejemplo. Ya se perdonó al ex gobernador Manuel Velasco Coello a quien nunca se le investigó por el supuesto desvío de recursos por casi 700 millones de pesos y el empobrecimiento y destrucción de las instituciones.

¿Qué más falta? Que el país se vaya a la quiebra a mediano plazo porque a ese ritmo no hay quien pare a esta caricatura de Gobierno.

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