Opinión

Capricho elevado al cubo

Si están construyendo un trolebús elevado es porque no hay ninguna esperanza de que el tramo oriente de Ermita Iztapalapa se vuelva una avenida bella. | Roberto Remes

  • 09/12/2020
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Hace unos días la jefa de Gobierno de la Ciudad de México balconeó la debilidad de carácter de su equipo de movilidad. Este 6 de diciembre hubo un evento de seguimiento de las obras, que presumen de 32% avance, y allí expresó:

“Tuvimos una discusión muy fuerte con Andrés (Lajous) y su equipo, porque ellos decían que el trolebús debería ir a nivel y yo los convencí de que el trolebús tenía que ir arriba, sencillamente porque va más rápido, y de esa manera no se requieren más trolebuses, no se tienen que parar en la estación y después en el semáforo sino que pueden tener una velocidad mayor en su operación y poder permitir que abajo se circule de una manera distinta”. 

Con esta frase, Sheinbaum los dibujó como lo que son. Fantoches de la movilidad. El trolebús elevado medirá, 7.4 kilómetros de Constitución de 1917 a la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Según el subsecretario Rodrigo Díaz, el trolebús transitará este tramo en 18 minutos a 30 kilómetros por hora en promedio, en comparación con los 14 kilómetros por hora que hacen los microbuses hoy día. Claro, nadie se detuvo a calcular el tiempo de acceso a la estación, el tiempo de descenso desde la estación, ni tampoco la posibilidad de una solución actual optimizada: carriles exclusivos con estaciones.

Por la experiencia de los distintos sistemas de transporte de nuestra ciudad, sabemos que se podría haber logrado la operación de un autobús o trolebús en carril exclusivo, como el Metrobús o los corredores Cero Emisiones, con velocidades promedio de entre 18 y 20 kilómetros por hora.

De hecho, el tramo contiguo a las vías de maniobra del metro, carente de semáforos, bien puede contribuir a una buena velocidad operativa, con la ventaja de que el acceso a una estación a nivel de calle se realiza en pocos segundos, versus una estación elevada que tomará varios minutos. Basado en los accesos al metro o el cruce de puentes antipeatonales, estimo 5 minutos de acceso y 3 de salida de las estaciones. Por cualquier lado, la solución a nivel era mejor. Qué bueno que “el mejor equipo técnico que haya tenido la Secretaría de Movilidad” posea el carácter para concluir, tras la fuerte discusión que relató Sheinbaum, un simple y lacónico, “Sí, jefa”.

Si es tan buena solución el trolebús elevado, pregunto al lector ¿Se imagina un trolebús elevado en la calle en la que vive? ¿En las principales avenidas de la Ciudad de México? ¿Tasqueña, Eje Central, Cuitláhuac, División del Norte, Miramontes, Albino Corzo, Montevideo, Ejército Nacional? Por ejemplo, en los próximos meses habilitarán el carril trolebús bici en el Eje 2 Sur ¿Y si mejor hacemos una ciclovía y el trolebús lo mandamos elevado en plena Colonia Roma? la sola respuesta refleja la postura fría y reproductora de una sociedad desigual por parte del Gobierno de la Ciudad de México.

Si están construyendo un trolebús elevado es porque no hay ninguna esperanza de que el tramo oriente de Ermita Iztapalapa se vuelva una avenida bella. Es porque no hay carácter ni visión transformadora, es porque en tiempos electorales bien vale la pena gastar casi 4 mil millones de pesos con todo y trolebuses, por 7 kilómetros, contra algo que costaba 1,300 millones de pesos por 22 kilómetros de servicio y que ya había sido evaluado por organismos internacionales como la Agencia de Cooperación Alemana GIZ y por C40.

Repito mis argumentos: lo que gana en velocidad el trolebús elevado, lo pierden los usuarios porque 7 kilómetros son muy pocos para que se obtenga un beneficio significativo en tiempo por una infraestructura elevada. Un proyecto a nivel se habría visto obligado a mejorar el entorno, mientras que uno elevado se concentra sólo en los puntos de acceso a la estación. Por último, es tres veces más caro, por la tercera parte de kilómetros; no contribuye a hacer ciudad, es sólo una postura ingenieril, como los segundos pisos, las avenidas sobre ríos entubados y la destrucción de paseos con palmeras para dar pie a los ejes viales.

“Estoy segura que va a hacer historia, así como el metrobús, cuando lo construimos hizo historia, estoy segura que el trolebús elevado se va a empezar a construir en otras ciudades de México y en otras ciudades del mundo”, sentenció la Jefa de Gobierno en su discurso del 6 de diciembre. Ese es el peligro, que los políticos de todo el país, para hacer política de relumbrón, empiecen a construir estos viaductos, que los copien demagogos de todo el mundo, y al final, que reproduzcan calles violentas con viaductos para trolebuses.

Tengo una consideración más. Si lo hubieran planteado como la primera etapa de la necesarísima ampliación de la línea 8 del Metro, lo apoyaría: en 2020 hacemos el viaducto y lo operamos con trolebuses; en otro momento, con mejores condiciones económicas, ponemos vías y trenes, y los trolebuses se reubican. Pero los 275 apoyos de este capricho elevado al cubo serán ligeros, no soportan el peso del convoy del metro. Ni para eso tuvieron visión.

La jefa de Gobierno cree que el trolebús elevado “Es idea única”, pero no, y no lo digo por el Expresso Tiradentes que lleva 13 años en operación en Sao Paulo. Lo digo por el ego. Es lo mismo que hicieron gobiernos de los otros partidos por décadas: casarse con sus ideas geniales, a costa de todos, y convertir a sus equipos técnicos en meros charlatanes que mientras más se humillan, más se aferran al cargo.

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