Opinión

Capos sindicales que mueren y se reproducen

La muerte de Gamboa Pascoe ya ni al gobierno ni a los empresarios les importa.

  • 08/01/2016
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Joaquín Gamboa Pascoe fue un ejemplo vivo de la podredumbre de los liderazgos sindicales que padecen los trabajadores en nuestro país. No se sabe que haya sido trabajador de alguna empresa, pero eso no importó para que el sistema político lo encumbrara como líder sindical.

 

Murió como dirigente máximo de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), pero lo que menos le interesaban eran los asalariados, seguramente por lo mal vestidos y mal pagados que estaban. En cambio, Gamboa Pascoe presumía de las virtudes de hacer negocios fáciles. Su riqueza no la disimulaba, la ostentaba de manera grosera.

 

Fue celebre su dicho: -Porque los trabajadores están jodidos ¿yo también debo estarlo?

 

Vestía con los mejores casimires importados, relojes y autos de lujo minimizando la pobreza de sus representados.

 

Le gustaba lo adularan. Líderes serviles se acercaban para decirle: –Don Joaquín es usted un gran dirigente, un gran líder. 

 

Hasta le mandaron a hacer una estatua que la presumió como su mejor trofeo sin el menor empacho.

 

En los eventos donde se reunían los líderes sindicales contrataban edecanes de vestidos cortos y entallados para rodearlo con grandes sonrisas. Se sentía apuesto y hasta se pintaba el pelo de azul para disimular sus canas.

 

Quienes lo trataban de cerca sabían que era prepotente y no le gustaba que lo contradijeran. Se sentía el rey de los obreros (a pesar de que no los conocía), por eso mejor lo celebraban dándole por su lado.

 

Sin embargo, los líderes sobrevivientes hablaban a sus espaldas reprochando que había hecho de la CTM, una central de papel y que esta crisis que padecen les hacía perder negocios importantes.

 

A las oficinas de la CTM, a pesar de ser el líder máximo, ya no se paraba sino únicamente para los grandes eventos. Su escritorio estaba siempre vacío. Pero eso sí, no le gustaba que nadie le reclamara su abandono. En los últimos tiempos el edificio cetemista estaba ausente de trabajadores y hasta la fecha parece un mausoleo de líderes vetustos.

 

Gamboa Pascoe usó el poder para hacer negocios a costa de las instituciones.  El Infonavit en 1971 lo hizo como si fuera de su propiedad. De la construcción de viviendas que impulsó el gobierno federal, se dice de 50 mil, hizo riqueza sin disimulo.  Familiares y allegados crearon empresas constructoras al vapor, a pesar de su nula experiencia en el ramo, para beneficiarse sin límite con los créditos obreros. Funcionarios lo sabían, pero callaron porque la complicidad y beneficio mutuo ha sido parte de las reglas de sobrevivencia del sistema político mexicano.

 

Las componendas lo hicieron diputado y hasta senador de la República, lo que le permitió acrecentar sus negocios sucios.  A pesar de ser un priísta de cepa, cuando Vicente Fox y Felipe Calderón gobernaron supo adecuar su apoyo incondicional para ellos para conservar los registros sindicales como vil negocio.

 

Fue uno de los grandes promotores de los contratos de protección.  Venta fácil en los empresarios para evitarles cualquier disidencia sindical.  Se sabía que facilitaba grupos de golpeadores contra sindicalistas independientes o contra líderes de otras centrales, como cuando lo hizo contra Rafael Galván en la Comisión Federal de Electricidad. Quienes usan y han usado la violencia como práctica sindical no la castigaba, la encomiaba.

 

La muerte de Gamboa Pascoe ya ni al gobierno ni a los empresarios les importa.  No representan él ni sus allegados ninguna fuerza política representativa, como lo llegaron a ser en antaño otros líderes, pero sí motivo de negocios por la venta de protección; como viles capos son usados para mantener bajos salarios, largas jornadas sin pago y mucha producción, en los centros de trabajo donde operan y ostentan la marca: “CTM”, como empresa de sociedad anónima.

 

Los beneficiados del control obrero saben que estos capos mueren y se reproducen como bichos perniciosos para bien del sistema. Rondan en el sindicalismo mexicano capitos, capos y grandes capos que usan la intimidación, corrupción y negocio para regocijo empresarial.

 

Muere un gran capo como Gamboa Pascoe, pero hay cientos en formación como plaga, ansiosos de ser como él o mejores: para traicionar a la clase obrera y servirse de ella.

Son muertes como la de este líder, que los obreros no lamentan, sin embargo, las estructuras que heredan líderes venales como Gamboa Pascoe persisten en diversos organismos que se dicen sindicales.

 

Siguen la escuela de capos como forma de control social que envilece, porque actúan al amparo del poder y son la esencia de este sistema que pisotea la dignidad de la clase trabajadora y la mantiene en la miseria más vil.

 

Correo: mfuentesmz@yahoo.com.mx      twitter: @Manuel_FuentesM

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