Opinión

Canija incertidumbre

De generar equidad y certidumbre como ejes del verdadero progreso, es de lo que se trata

  • 10/12/2017
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¿Podrá entrar mi hijo a la universidad? ¿Lograré cruzar la frontera y llegar hasta donde están mis parientes? ¿Tendré empleo el año que entra? ¿Seguirá funcionando el changarro? ¿Me alcanzará la jubilación? Si me opero en el IMSS, ¿quedaré bien?

Las incertidumbres son un aspecto cotidiano de la vida; pero eso no quiere decir que siempre hayamos estado en el mismo nivel de incertidumbre. Ahora la duda es cada vez más canija. Y la pregunta es si esto es lo normal, o inevitable.  

Pocas cosas hacen tanto daño al individuo y a la sociedad, como la ausencia de seguridades mínimas en nuestro futuro y el de nuestros hijos.

Había tiempos de seguridad


Hubo un tiempo en que estudiar una carrera garantizaba un empleo y un futuro de clase media. Luego venía la jubilación. Tal vez esa seguridad no era para todos.

Para otros la seguridad radicaba en el precio de garantía agrícola, el crédito para producir y el seguro contra desastres. O la pertenencia a un sindicato.

A lo largo del siglo pasado este país avanzó en la construcción de certidumbres basadas en instituciones y reglas. Con todo y sus defectos eso era un avance civilizatorio.  

Hoy contemplamos el fracaso del modelo económico adoptado por el país; y es uno de los síntomas del derrumbe del sistema imperante en todo el planeta. Modelo que en el ámbito nacional persiste a base de mentiras o, dicho con más suavidad, que nos tiene sumergidos en la esperanza y acostumbrados a las promesas incumplidas.

Hoy no sabemos el valor del dólar para el año que entra; si va a haber crisis económica; si podremos seguir pagando nuestras deudas; si tendremos empleo o si la empresa en que trabajamos podrán sobrevivir.  

La nueva normalidad


Se trata de la nueva normalidad, la desembocadura de un rumbo que con orgullo destruyó las instituciones del estado y las viejas certidumbres y, a cambio, nos prometió que la apertura a las importaciones y el libre mercado, las inversiones externas, la exportación como objetivo de la política económica es lo que nos garantizaría empleo, educación, salud, seguridad pública y demás.

Pero el experimento en que nos embarcó falló estruendosamente. A falta de certidumbres ahora nos distraemos en apostar cuál será el próximo capitán de este barco que zozobra. No es un juego banal; nos interesa enormemente estar conectados a los futuros ganadores por medio de un pariente, un amigo, un conocido. Lo importante es jugar a ser parte, león o ratón, de la nueva camada en el poder.

La incertidumbre nos hace egoístas en el juego de la sobrevivencia. Dejamos de pensar en cómo salvarnos todos juntos. Pero la supervivencia individual es un camino autodestructivo, es el camino de la salud, la educación, la seguridad privadas. Las colonias cerradas, los autos blindados, los guardaespaldas. Lo que conduce a la corrupción, la violencia, la desintegración de la sociedad.

Urge retomar el camino civilizatorio de la construcción de certidumbres para todos. Empezando por la seguridad en el empleo, en el acceso a educación de calidad, a la salud eficaz y oportuna. Seguridad para producir y saber que podremos vender. Este país requiere producir sus alimentos, su energía y sus manufacturas. No se trata de encerrarnos; pero tampoco del nivel de globalización y riesgo al que hemos llegado de que algún loco poderoso puede movernos el tapete y sacudirnos.

¿Cobertura poblacional?


En los últimos 35 años hemos sido desheredados de los avances sociales que nos daban certidumbre a un grado que cuesta trabajo imaginar. Hace unos días, el 29 de noviembre, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), publicó su reporte sobre la protección social en el mundo. Presenta datos comparativos con relación al gasto público y cobertura poblacional entre los distintos países del mundo. ¿Al nivel de qué otros países cree usted que se ubica la protección social en México?  Creo que se llevará una sorpresa.

Argentina dedica un 5.1 por ciento de su Producto Interno –PIB–, al gasto en protección social, sin considerar salud, de su población en edad de trabajar. Colombia destina el 3.9 por ciento, Costa Rica el 3.4 y Guatemala el 1.7 por ciento. México gasta en el mismo rubro el 0.2 por ciento.

El gasto en pensiones y beneficios asociados, sin considerar salud es del 9.6 por ciento de su PIB en Brasil; del 9.0 en Argentina, del 4.1 en Ecuador, el 3.8 en Colombia, el 2.7 en Panamá. México les dedica solo el 1.7 por ciento de su PIB.  

No es lo mismo gasto que cobertura de la población. De acuerdo a la OIT en Bolivia toda la población en edad de pensionarse, hombres y mujeres, reciben una pensión; también ocurre con el 89.3 por ciento de los argentinos, algo más del 78 por ciento de los chilenos y brasileños; les siguen de cerca los uruguayos y costarricenses. Pero de acuerdo a datos similares solo reciben una pensión el 25.2 por ciento de los mexicanos en la edad requerida.

Los hogares con niños menores de 14 años que reciben alguna ayuda económica superan el 90 por ciento en Brasil y Chile, y son el 25 por ciento en México.

Equidad y certidumbre: progreso


Basta ver los datos de otros países para darnos cuenta de cómo nos hundimos en este proceso en el que las élites nos lanzan discursos diciendo que las pensiones tienen un costo excesivo; que los sindicalizados tienen privilegios incosteables, sin embargo no han tenido el tino y la entereza para defender la producción y el mercado interno y todavía nos recalcan que no hay dinero para los pobres y mucho menos si se trata de gastarlo con honestidad.

De esto, de generar equidad y certidumbre como ejes del verdadero progreso, es de lo que se trata. Esto es lo que se encuentra en juego y no cuál es el gallo, sea el pinto o el colorado.

@JorgeFaljo | @OpinionLSR | @lasillarota


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