Opinión

Campañas CDMX: entre lo ramplón y el disco rayado (II)

La auto organización se observa en el funcionamiento cotidiano de las ciudades. Otro tema es qué tan bien o qué tan mal funciona la ciudad | Leonardo Martínez

  • 29/03/2018
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En el artículo anterior, resumí algunos de los acontecimientos relevantes que han llevado a la comprensión de este intrigante fenómeno que tiene que ver con el comportamiento emergente de los organismos complejos con capacidades de auto organización. Decíamos que es un fenómeno que aparece cuando las condiciones del entorno hacen que un organismo complejo se empiece a comportar como una inteligencia colectiva e independiente de las voluntades individuales de los seres que lo componen.

Campañas CDMX: entre lo ramplón y el disco rayado

Comenté el caso de unos organismos unicelulares de la familia de los hongos (Dictyostelium discoideum) que pasan la mayor parte de su vida merodeando cada uno por su cuenta en busca de alimento, pero cuando las condiciones del entorno se vuelven difíciles, estos miles de organismos se aglomeran en una sola masa que empieza a comportarse como un solo organismo mayor, que se mueve como molusco por el suelo, englutiendo las hojas y ramas que encuentra a su paso.

Otro ejemplo interesante es el mito de la hormiga reina, según el cual esta es la que emite las órdenes que siguen todas las demás hormigas que se reparten las tareas de construcción, provisión de alimento, defensa del territorio, etcétera. Pero esto que se creía, resultó ser una teoría errónea, pues se ha podido comprobar que las hormigas cuidan celosamente a la reina porque es la que pone los huevos y por tanto la que asegura que la comunidad siga reproduciéndose, pero no emite las órdenes que reciben las demás.

Sucede que cada hormiga emite señales químicas que son interpretadas por las otras como indicaciones para realizar tareas simples y específicas, y lo interesante es que en algún momento la suma de todas esas actividades se transforma en una sorprendente acción colectiva, cuyo comportamiento no presenta trazas identificables en las actividades individuales de los miembros de la comunidad.

Este comportamiento fascinante de los organismos complejos lo encontramos por doquier. Pensemos por ejemplo en los organismos vivos: ninguna de las células que componen un tejido o un órgano está consciente de que pertenece a un tejido u órgano en particular y, sin embargo, la suma de las acciones realizadas por cada célula hace que el tejido o el órgano realice funciones complejas y bien organizadas que van más allá de las actividades específicas de cada una de las células que lo componen.

Lo interesante en el caso que nos ocupa es que este fenómeno se puede observar también en las sociedades humanas. En efecto, esta cualidad de auto organización se observa claramente en el funcionamiento cotidiano de las ciudades, de otra manera resultaría difícil de explicarnos cómo es que la suma de millones y millones de acciones realizadas autónomamente por los habitantes de una ciudad no solo no la colapsan, sino que permiten que esta funcione.

Ciudad ineficiente

Claro que otro tema es qué tan bien o qué tan mal funciona la ciudad. Esta pregunta nos permite diferenciar al menos dos categorías de análisis: por un lado, tenemos la presencia del fenómeno de auto organización de la sociedad, la ciudad funciona y no se colapsa a pesar de que las acciones específicas de cada persona responden a decisiones autónomas e independientes, sin acatar las órdenes de un gran ente organizador; y, por otro, tenemos el tema de las eficiencias, es decir, qué tan bien o qué tan mal funcionan los procesos que dan vida cotidiana a la ciudad.

Una manera de visualizar estos dos aspectos es pensar en el hecho de que, cada día,  la gran mayoría de las personas sale de casa y se incorpora a flujos vehiculares de miles o millones de vehículos, realiza todo tipo de actividades, sortea una variedad de riesgos y regresa a casa sana y salva. El hecho de que los congestionamientos fluyan y los vehículos no se queden atorados durante varios días, a pesar de que los vehículos y las personas se cuenten por millones, se debe en buena medida al fenómeno de auto organización al que nos hemos referido. 

Pero otra cosa es medir el tiempo que nos toma transitar por la ciudad para realizar nuestras actividades cotidianas. Cuando esto nos toma varias horas al día, nos causa estrés, cansancio y problemas de salud, y además el transporte es lo suficientemente caro para muchas familias de bajos ingresos, tanto como para impedirles realizar todas las actividades que quisieran, entonces hablamos de una ciudad ineficiente.

Cuando uno logra entender este tipo de fenómenos y cómo es que embonan los unos con los otros, entonces empieza a aclarase la idea del porqué la ciudad es un conglomerado de sistemas complejos de diferentes jerarquías y por ello resulta tan difícil estudiarla y encontrar mejores maneras de planearla y administrarla. Este nuevo cuerpo de conocimientos que ya he comentado está en plena formación y nos seguirá ofreciendo la oportunidad de ir entendiendo cada vez mejor el funcionamiento de las ciudades.

Pero, por el momento, un problema serio es que los actores a cargo de la planeación y administración de la ciudad mantienen una visión obsoleta y rezagada de estos temas, que no les permite ni percibir el tamaño real de los costos que esa visión anticuada genera a la sociedad, ni visualizar sistemas de planeación y administración alternativos, más eficientes.

La ciudad en tiempos electorales

Esto me regresa al tema de las campañas electorales en la ciudad, con sus lugares comunes, sus frasesitas aspiracionales y sus críticas superfluas y repetitivas. Me queda claro que las ideas son pobres porque el entendimiento de los problemas de la ciudad también es pobre, de ahí el título de esta entrega.

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Hay muchos ejemplos que ilustran este punto. Uno es el reiterado afán de querer resolver los problemas de movilidad prometiendo un transporte público “limpio, seguro y eficiente”. Si bien este propósito genérico corresponde a una política pública necesaria, la verdad es que está a años luz de ser una política suficiente para mejorar, siquiera un poco, la movilidad en la ciudad. Es como ponerse a limpiar el agua de un río sin cerrar la llave de los residuos que descarga la fábrica que está río arriba. Como dice el dicho, es el cuento de nunca acabar.

“Juntos hacen historia”

Este problema y muchos otros están siendo abordados en las campañas de manera trivial y poco seria, lo cual, hasta ahora, resulta en un panorama poco prometedor del próximo gobierno. Pero no nos queda de otra, lo seguiremos puntualizando.

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