Opinión

¿Cambio de rumbo?

El mensaje que dará la ciudadanía a nivel nacional el próximo 1 de julio es claro: ya no quiere más inseguridad ni corrupción. | José Antonio Sosa Plata

  • 07/06/2018
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Los resultados de la encuesta publicada por El Financiero el lunes pasado confirma la enorme ventaja que tiene Andrés Manuel López Obrador para la elección presidencial. Si no sucede nada extraordinario en los próximos 20 días, el dirigente de Morena ganará en forma clara y legítima.

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El triunfo se deberá en parte a su campaña, que ha sido la mejor de las tres que ha llevado a cabo, aunque no podría calificarse de inédita, audaz o espectacular. No obstante, en el análisis también tendremos que considerar la incidencia del actual contexto político y económico. La inseguridad, corrupción, desempleo y pobreza explican la inconformidad, el desacuerdo y el enojo que tiene la población con las autoridades.

La mayoría quiere un cambio, ya, sin importar los riesgos”.

De acuerdo con la encuesta de El Financiero, “tanto el electorado en su conjunto como los propios simpatizantes de López Obrador ven la principal fortaleza del morenista en el tema de la corrupción”. Y el puntero en las encuestas ha seguido concentrando, además, la mejor expresión que representa el voto antisistema.

Dicho en otras palabras, la realidad minimizó a las campañas electorales. De la misma manera confirmó que el resultado final de una elección es multifactorial y que ni la publicidad, ni el marketing político ni las redes sociales imponen presidentes. La efectividad de las acciones de comunicación en estos dos temas la tendremos que revisar con detalle, una vez que concluya el proceso electoral.

Políticos, medios y consultores nos hemos equivocado

Aunque se han generado y producido acciones, mensajes y materiales creativos, atractivos y eficaces en determinados momentos o coyunturas, la evidencia demuestra que la mayoría aún no hemos comprendido la manera de vincular los temas que más preocupan a la gente con los mensajes que enviamos a través del nuevo ecosistema de comunicación, de manera particular en los medios digitales.

El fenómeno tiene una explicación

En la comunicación los hechos y las acciones siempre son más contundentes que la retórica o la persuasión. Los primeros modifican actitudes, que por su naturaleza son firmes y se afianzan con la experiencia directa y el paso del tiempo. Los mensajes de contenido publicitario y los que viajan predominantemente en las redes son emocionales, efímeros y volátiles, por lo que solo modifican opiniones. Sin embargo, esta situación no justifica la falta de efectividad.

La exigencia de un cambio, pero en serio, no ha tenido la respuesta creíble y contundente que la gente quiere escuchar. Por eso, los errores de #ComunicaciónPolítica cometidos en todas las campañas presidenciales durante este proceso explican, en buena medida, los movimientos poco significativos con los que llegan los candidatos en el último tramo de la contienda. La realidad y la comunicación no se han vinculado adecuadamente.

El distanciamiento ha favorecido al candidato de Morena

En el terreno de la mercadotecnia y publicidad política, los modelos de comunicación están alejados de la realidad. Han privilegiado las imágenes, los mensajes superficiales y los lugares comunes. Por lo tanto, y en forma paradójica, las campañas más recordadas son las que se han centrado en los ataques o descalificaciones al adversario.

En las #RedesSociales se trabaja a partir de esquemas centralizados o descentralizados, cuando éstas funcionan a partir del modelo de red distribuida:

En las redes distribuidas —afirma David de Ugarte— nadie depende de nadie en exclusiva para poder llevar a cualquier otro su mensaje. No hay filtros únicos. ‘Todo conecta con todo’ (…) Estamos tan acostumbrados a vivir en redes de poder descentralizadas, que confundimos la organización de la representación con la organización de la acción colectiva”.

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La sociedad quiere un cambio de rumbo, sí

Sin embargo, muy pocos han entablado la conversación que se requiere en este momento para proyectar la imagen de liderazgo que esperan las y los ciudadanos. En este contexto, las campañas de Ricardo Anaya, José Antonio Meade y Jaime Rodríguez no han podido competir con efectividad contra los 12 años que lleva en campaña López Obrador. Y por eso también ha sido muy difícil arrebatarle la bandera antisistema que ha enarbolado durante este periodo, en el cual ha mantenido el mismo perfil de imagen y el mismo discurso.

¿Y qué pasa con los indecisos?

Esta es la pregunta más importante del actual contexto. Por un lado porque —como lo han señalado los voceros del PRI— la tasa de rechazo a las entrevistas de las encuestas podrían estar encubriendo los resultados verdaderos sobre las preferencias electorales de la ciudadanía. Por el otro, porque la indecisión y la posible abstención se mantienen aún con números muy elevados. De lo que no hay duda es que en todas las encuestas #AMLO se ha mantenido como el puntero.

Visto así, la moneda no está en el aire

Gane o pierda AMLO, lo cierto es que la gente ejercerá una gran presión en el nuevo gobierno para que se concrete el cambio que espera. Mientras tanto, la clase política, las empresas de consultoría y las encuestadoras estamos obligados a revisar nuestros métodos de trabajo y modelos operativos para fortalecer la confianza en nuestras actividades, pues son fundamentales en cualquier democracia y en el ejercicio de la libertad de expresión, el derecho a la información y la transparencia.

¿Elegir desconocidos?

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