Opinión

Cambio climático, cambio de señales

Sin minimizar el fuerte golpe que representa al Acuerdo de París la salida de Estados Unidos, es necesario evaluar si los argumentos de Trump

  • 26/09/2017
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El negacionismo de Donald Trump a la amenaza del cambio climático ha sido una constante en sus mensajes públicos. De 2012 a la fecha, ha ido desde asegurar que es una invención de los chinos para desestabilizar las manufacturas de Estados Unidos, hasta el anuncio del 1 de junio de 2017, de retirar a su país del Acuerdo de París bajo el argumento de que este “…socava a la economía de Estados Unidos, paraliza a los trabajadores, debilita la soberanía, impone riesgos legales inaceptables y pone al país en desventaja para benefiaciar a otros países”. Con esta última acción, Trump pretende cumplir una más de las promesas de campaña que formuló durante la contienda por la presidencia de Estados Unidos.

Sin minimizar el fuerte golpe que representa al Acuerdo de París la salida de Estados Unidos, es necesario evaluar si los argumentos de Trump son realmente válidos o se trata de una acción motivada ideológicamente desde la ultra derecha estadunidense.

Los más afectados


La economía y el empleo estadounidenses pueden ser los más afectados. Esta idea supone que en términos económicos, a largo plazo, Estados Unidos será el perjudicado; sin embargo, las proyecciones del futuro económico ya no se sustentan en los combustibles fósiles, el carbón incluido, pese a lo indicado por Donald Trump en su discurso. Actualmente, todos los países del mundo se mueven hacia las tecnologías limpias y están preparándose para una transición a un modelo de producción con bajas emisiones de carbono que, al mismo tiempo, atiende la amenaza del cambio climático, el pico del agotamiento de los combustibles fósiles y el cambio de los patrones de consumo de las nuevas generaciones en las principales economías. Todo esto contribuye a explicar por qué algunas empresas estadounidenses se han desvinculado de la posición adoptada por Trump.

Respecto al argumento de que el Acuerdo sobre cambio climático restringirá empleos en Estados Unidos, es importante tomar en cuenta que, con base en el Informe sobre Energía y Empleo del Departamento de Energía, en 2016 se generaron 133 mil empleos más en el sector de eficiencia energética, contabilizando con estos más de tres millones de trabajadores en el área de energía y tecnología limpias, frente a los 3.4 millones que laboran en la generación de energía con combustibles fósiles. El ámbito de energía y tecnología limpias está creciendo a 12 veces la velocidad del resto de la economía, por lo que no tiene sentido dejar de apoyar las áreas de rápido crecimiento y alto empleo.

Por otra parte, lo que Trump y sus asesores no mencionan es que los costos económicos de la tecnología limpia han caído en los últimos 10 años. Por ejemplo, el coste de la energía solar fotovoltaica ha disminuido un 80% en los últimos cinco años y la energía eólica también se ha abaratado, aunque no a la misma velocidad. Al mirar estas cifras, los inversionistas comienzan a preguntarse si tiene sentido seguir invirtiendo en combustibles fósiles mientras que los consumidores se preguntan lo mismo desde su posición.

Otros países se benefician


Trump señaló que el Acuerdo permitirá a China e India establecer centrales de carbón mientras obliga a Estados Unidos a cerrar las suyas. Sin embargo, no hay nada en el texto que imponga restricciones para ningún país u oportunidades para otros. Paradojicamente, es al interior de Estados Unidos donde la competencia entre el carbón y el gas de esquisto ha hecho que el primero sea sustituido en la generación de energía por el segundo, tal como lo señala el Balance Mundial de la Agencia Internacional de la Energía.

Contribuciones económicas y recortes presupuestarios


El Acuerdo insta a los países desarrollados a crear un paquete financiero de $100 mil millones de dólares anuales al 2020, cuyo mecanismo es el Fondo Verde para el Clima. En este contexto, Estados Unidos asumió un compromiso financiero de 3 mil millones de dólares, de los cuales, al 18 de agosto de 2017, había erogado mil millones para financiar proyectos asociados a las transformaciones climáticas a nivel mundial. Sin embargo, hay que tener presente que estos compromisos son contribuciones voluntarias. No hay nada en el Acuerdo de París que haya obligado a la administración Obama a comprometer dicha cantidad.

Asimismo, no hay que perder de vista que en el presupuesto federal de Estados Unidos se contempla un recorte de 3.1 mil millones de dólares para el Departamento de Energía en 2018, reducción económica que perjudica directamente a los programas de eficiencia energética y de energía renovable en el país y en consecuencia impactará negativamente a la acción mundial contra el cambio climático.

Ante las evidencias y la falta de apoyo de los industriales estadounidenses, tiene cierta lógica el giro en las recientes declaraciones desde la Casa Blanca y el Departamento de Estado sobre la renegociación de Acuerdo. Pareciera que en la estrategia hay un cambio aparente de posición en el que, al tiempo que mantiene su negativa al Acuerdo, abre la posibilidad de permanecer en él, siempre y cuando favorezca los intereses de Estados Unidos. El cambio de señales en la postura de la administración de Trump parece buscar ubicarse en una win-win situation. Sin embargo, hay circunstancias predeterminadas que no pueden evadirse.

El Acuerdo no puede ser renegociado


Poco después del discurso de Trump de junio pasado, conjuntamente los líderes de Alemania, Francia e Italia declararon:

"Estamos completamente convencidos de que el Acuerdo de París no se puede renegociar, ya que es un instrumento vital para nuestro planeta, nuestras sociedades y nuestras economías".

Esta declaración no es retórica, toda vez que el texto del Acuerdo no contempla en ninguna clausula la posibilidad de la renegociación. Todas las enmiendas y aclaraciones ya fueron presentadas por cada país al momento de la ratificación, que para el caso de Estados Unidos ocurrió el 3 de septiembre de 2016, sin que este presentara ninguna observación al documento.

No es claro lo que Donald Trump quiere obtener de una renegociación, pues su país obtuvo un acuerdo muy beneficioso, al igual que los demás signatarios. Los estados desarrollados y aquellos en vías de desarrollo tienen el derecho a fijar, conforme a sus contextos nacionales, sus propios objetivos y políticas públicas para reducir las emisión de gases efecto invernadero y transitar a un modelo de producción bajo en carbono, sin sanciones por la falta de cumplimiento a sus propias metas.

Cómo se retira un Estado del Acuerdo de París


El Artículo 28 del Acuerdo estipula que la denuncia puede presentarse tres años después de su entrada en vigor cuya fecha fue el 4 de noviembre de 2016, seguido de un año más para que surta efecto la retirada oficial. En este sentido, Estados Unidos, podrá solicitar su retirada hasta noviembre de 2019, lo que lleva a la oficialización de su salida al 4 noviembre de 2020, día siguiente de las próximas elecciones presidenciales en ese país.

Con su salida Estados Unidos se convertirá en el tercer estado que no estará en el Acuerdo, junto a Siria y Nicaragua. El caso de Siria se explica por la guerra civil por la que atraviesa y Nicaragua no firmó porque aludía que el Acuerdo no era tan ambicioso. Fuera de estos tres países no se vislumbra el deseo de otras naciones de retirarse. Incluso, los mayores emisores de gases efecto invernadero del mundo, China, la Unión Europea, la India y Rusia, todos han mantenido su compromiso de continuar siendo parte del Acuerdo.

Si bien es cierto que nadie gana si Estados Unidos, el segundo emisor mundial de dióxido de carbono, se retira del principal instrumento internacional para hacer frente al problema del cambio climático; también es cierto que al momento de que Trump fue elegido presidente prácticamente todo el mundo descontaba el compromiso estadunidese al Acuerdo. Con el anunció oficial, ciudades, estados y empresas estadunidenses informaron que mantenían su compromiso con el Acuerdo de París, a pesar de la decisión Trump.

Finalmente, más allá del cambio climático que es una realidad innegable, en términos de soft power y liderazgo global, Trump está cediendo un espacio que China está dispuesto a ocupar. En este contexto adquiere relevancia el discurso del presidente Xi Jinping en Davos, en enero de 2017, en el que defiende la gobernanza global ejemplificada en la Organización Mundial del Comercio y en el Acuerdo de París.

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