Opinión

Cada tres años

Prometen que las mujeres tendrán mejores condiciones y siguen sin podernos asegurar que vivamos sin miedo. | Fernanda Salazar

  • 14/08/2020
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En menos de un año, México volverá a tener un proceso en el que participará todo el electorado del país para elegir nuevos diputados a nivel federal, así como una amplia renovación de congresos estatales y ayuntamientos, además de gubernaturas.

Como sucede en cada proceso electoral, cada partido comienza a presentar o prometer iniciativas legislativas o de política pública que buscan conectar con el sentido común y las necesidades más apremiantes de las personas.

Cada tres años, en lo local y federal, los partidos políticos prometen que se van a cambiar las estrategias contra la inseguridad y la violencia: “para que no te roben” “todo el peso de la ley”, “por la seguridad de tu familia”. Las frases que se reciclan una y otra vez. Pero absolutamente todos siguen votando por penas más grandes para delincuentes sabiendo que en realidad eso no ha significado ni significará cambios en las vidas de las personas a las que les piden su voto y que con eso las víctimas no tendrán mejor acceso a la justicia ni a la reparación del daño. También saben que sus propuestas no significan nada para los criminales, pero sí estigmatizan a muchas poblaciones de por sí discriminadas y, por tanto, romperán familias.

Cada tres años se presentan iniciativas que, como sociedad, nos ponen de nuevo a debatir si en México creemos o no en los derechos y la dignidad de las personas: si las mujeres, las personas de la comunidad LGBTTI+, las infancias y juventudes, grupos vulnerados, etc., merecen seguir avanzando hacia la igualdad y la justicia.

Cada tres años prometen no subir impuestos, aún sabiendo que las exigencias de la sociedad y las necesidades del país no pueden ser satisfechas con la estructura actual y que, por lo tanto, no podrán cumplir la mayoría de sus promesas.

Cada tres años prometen que las y los jóvenes, “el futuro de México”, tendrán más oportunidades; pero siguen siendo la población más afectada y sacrificada siempre que hay una crisis.

Cada tres años prometen que se mejorará la calidad de la educación, pero cada vez es peor y las brechas se amplían más.

Cada tres años, por supuesto, prometen que las mujeres tendrán mejores condiciones y siguen sin podernos asegurar que vivamos en la casa y en la calle sin miedo. Por si fuera poco, siguen registrando las cosas más inverosímiles como inversión en igualdad de género tanto en sus finanzas internas como en los presupuestos públicos.

Los partidos registran una plataforma política y electoral como requisito legal, pero no tienen ninguna obligación de hacerla cumplir ni frente a sus militancias ni frente a la sociedad que cree en ellos. Así, tenemos partidos que a nivel nacional se pronuncian en defensa de los derechos, pero a nivel local se alían con el mejor postor para asegurar una mayoría y una negociación sin importar sus dichos ni su plataforma.

Si las promesas siguen siendo las mismas es porque poco han resuelto sus acciones.

Y todo esto pasa, en buena medida, porque los partidos políticos se han vuelto flojos. Porque no les interesa imaginar que el país realmente puede ser diferente. Tenemos partidos que buscan evitar definiciones claras, no quieren apelar a grupos que hasta hoy no se han sentido realmente representados, sino acomodarse al espectro, aunque este se pueda hacer cada vez más pequeño y el 30% de las personas sigan sin salir a votar. Son partidos que a veces se unen de espaldas a la ciudadanía por su falta de voluntad para escucharla, y otros que no son capaces de entenderse de frente a ella aún si presumen que la escuchan.

La polarización no podrá ser superada si los partidos políticos no salen de esta lógica de no perder. La apuesta por realmente ganar algo, sería entender qué de lo que llevó al presidente de la República a ganar 30 millones de votos sigue esperando la gente, para construir sobre ese anhelo de futuro y dar forma a la esperanza que se despertó. Sumar también a personas que no se sienten representadas por la democracia que hoy tenemos.

La peor tragedia que podríamos pasar el próximo año, frente a la catástrofe que está implicando la pandemia del covid-19, es que los partidos sigan con los mismos discursos, promesas y fracasos de cada tres años.

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