Opinión

Brexit: referéndum histórico

Quienes votaron a favor señalaron que la pertenencia a la Unión Europea era un obstáculo para el desarrollo del Reino Unido.

  • 25/06/2016
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Hay países en donde existen mecanismos democráticos que no constituyen mera formalidad, realmente los ciudadanos son consultados de tal manera que deciden el presente y futuro de sus países en diversas materias.

 

Respetar la voluntad ciudadana es necesario, sobre todo cuando sabemos que la mayoría de las veces existen en diversas partes del mundo intereses personales que enarbolan un puñado de líderes sin visión, ni sensibilidad, pero con grandes ansias de poder y protagonismo.

 

Al Reino Unido lo conforman cuatro países: Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte, su sistema político consiste en una monarquía constitucional y parlamentaria, en donde la reina es la Jefa de Estado, empero hoy en día, ejerce un papel fundamentalmente representativo. El Jefe de gobierno es el primer ministro, siendo ésta una figura clave debido a que concentra, prácticamente, todo el control de las decisiones políticas, económicas y sociales del Estado. El parlamento es bicameral, lo integran la Cámara de los Comunes, todos ellos elegidos por sufragio universal y la Cámara  de los Lores, conformado por lores temporales, elegidos por la reina con carácter vitalicio y lores eclesiásticos, integrado por arzobispos y obispos. El régimen de partidos es clasificado como bipartidista, en donde el Partido Laborista y el Partido Conservador forman mayorías estables, pero también coexisten con ellos el Partido Demócrata Liberal, el Partido Nacionalista Escocés y por supuesto el Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP).

 

Es necesario señalar que existe un verdadero equilibrio de poderes debido a un sistema eficiente de pesos y contrapesos, todo ello a pesar de que el Reino Unido presenta la peculiaridad histórica de no contar con una constitución escrita, su jurisprudencia responde a un sistema consuetudinario, es decir regido por la costumbre.

 

La consulta popular y el referendo forman parte de sus mecanismos de democracia directa, mismos que son utilizados de manera gradual y con mesura. La primera es utilizada con límites espaciales, abordando temas de interés para determinada localidad o territorio; mientras el referendo adquiere especial relevancia debido a su impacto nacional, de tal manera que el resultado que sale de las urnas refleja la facultad otorgada a los ciudadanos, de decidir sobre aspectos fundamentales de índole y repercusión general.

 

El jueves 23 de junio, los británicos fueron convocados a un referéndum para decidir nada menos que, sobre su permanencia o salida de la Unión Europea (UE), medida que en uno u otro sentido marca un hito en la historia económica-política de ese país.

 

El Brexit hace referencia a este inédito proceso en el que los ciudadanos decidirán directamente sobre este tema de trascendencia no sólo nacional sino internacional; los países no sólo de Europa sino de todo el orbe, especulan sobre las posibles consecuencias en caso de que opten por la salida.

 

David Cameron, el actual primer ministro, impulsó dicho referéndum como resultado de la promesa que realizó en el 2013, en caso de ganar las elecciones del 2015. Ello a pesar de ser él, uno de los principales defensores de la permanencia junto con Jeremy Corbyn, el líder laborista y Nicola Sturgeon líder del Partido Nacionalista Escocés.

 

Jefes de Estado y diversas personalidades de todo el mundo han externado su preocupación por el resultado del Brexit, señalando su total oposición a la salida de dicho país de la Unión Europea, advirtiendo incluso los inconvenientes que está medida propiciará en los mercados internacionales.

 

Entre los partidarios de dicha salida se encuentran el líder del UKIP, Nigel Farage, la mitad de los parlamentarios del Partido Conservador, incluidos cinco miembros del gobierno, entre ellos Michael Gove, ministro de justicia, diputados laboristas y el ex -alcalde de Londres Boris Johnson. En general señalan que la pertenencia a la UE es un obstáculo para el desarrollo del Reino Unido, que las regulaciones europeas, son excesivas y propugnan por el completo control de sus fronteras enfocando la migración como un fenómeno indeseable.

 

Independientemente de que los intereses de cada grupo sean válidos o no, de que se persigan privilegios económicos mayores de los que se otorgan al resto de los países que integran la UE, o de que existan intereses ocultos por parte de los líderes políticos de ese país, para detonar elementos que apuntalen o proyecten sus carreras políticas, el elemento central a considerar, es la participación de cada ciudadano británico en la decisión del rumbo que ha de tomar su país en el complejo entramado internacional.

 

Mientras escribía estas líneas, la decisión de los británicos fue tomada, ganaron por un estrecho margen los partidarios del Brexit (52% a 48%). En un hecho, histórico, la mayoría de los ciudadanos dejan en claro que nunca se sintieron del todo cómodos con las posturas de la Europa continental en materia de apertura económica y migratoria.

 

Las consecuencias sin duda, serán de grandes dimensiones en todos los aspectos, desde movimientos independentistas en el ámbito nacional británico, hasta posible desbandada de países que no se encuentran del todo satisfechos con su estadía en la UE; sin olvidar los costos en materia política, social y por supuesto económica.

 

Finalmente, es importante destacar un hecho del que podrían aprender muchos gobernantes en nuestro país y el mundo, el primer ministro David Cameron, afrontó con absoluta congruencia la decisión del pueblo y anunció su dimisión ante la crisis de su gobierno, con el objeto primordial de que sea otro líder, quien dirija las negociaciones de la desincorporación de la UE. Dicho proceso de abandono, lo dispone la cláusula prevista en el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea que prevé el mecanismo para la retirada voluntaria y unilateral de un país de la Unión Europea.

 

@OpinionLSR

@UlisesSandal

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