Opinión

Bob/Donald Roberts/Trump

O cómo la vida imita al arte.

  • 29/08/2015
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A veces no hay como evitar meter cosas desagradables en mi columna, y esta es una de esas ocasiones. Sin embargo el fenómeno de Donald Trump como líder en las preferencias de los candidatos republicanos en esta  primera fase de la carrera presidencial en Estados Unidos hizo que recuerde algunas películas y las lecciones que de ellas se pueden sustraer.

 

Evidentemente, hubo una película y un personaje  en particular que se me vino a la mente cuando vi todas las estupideces y el discurso incoherente que ha estado pronunciando Trump, un descendiente de inmigrantes de segunda generación que quiere quitar la nacionalidad a los ilegales nacidos en EU. Esta película fue Bob Roberts. (Spoiler alert, contra mi costumbre  voy a referirme de forma casi íntegra a la historia completa de esta película, así que si no la conoces recomiendo que primero la busques y después sigas la  lectura).

 

 

Roberts es un personaje de la película homónima de 1992 la cual fue dirigida, escrita y protagonizada por un grandioso Tim Robbins, con el resultado final de una excelente película, tributo a su capacidad multifacética.

 

Las similitudes son obvias desde el primer minuto de la producción, casi como si se estuviera dando un vistazo a muchos aspectos del candidato presidencial que ya mencioné (me niego a seguir diciendo su nombre). Bob es una especie de self made man que gana notoriedad como cantante country que se lanza para el senado con un discurso de ultra derecha en donde los medios no deben tener opinión sino callar y trasmitir los hechos, la familia y la mujer tiene roles muy específicos –tradicionales- y la única forma de regresar a Estados Unidos a su pasada grandeza es por medio de un discurso demagógico de corte  semi fascista.

 

Cualquier parecido con la actual carrera presidencial del lado del partido republicano no es coincidencia, sino  producto de la mente clara y excelente visión de los peligros que encierra un candidato populista en Estados Unidos que tuvo Tim en su momento.

 

      

 

 

Pero es en este punto de la narrativa cinematográfica donde la descripción de Robbins se empieza a alejar de la realidad actual, al menos eso espero.

 

Seguido por las cámaras de un documentalista como narrador principal, atestiguamos cómo Roberts va perdiendo fuerza en las encuestas y se va volviendo evidente que  perderá la elección. Y justo en ese momento un aparatoso accidente deja al cantante de country metido a político en una silla de ruedas, en apariencia para siempre.

 

Como saben los vecinos del norte son más que sensibles a este tipo de historias y como el escritor lo sabía Roberts sube como la espuma sus  porcentajes en las encuestas y gana un puesto en el Senado.

 

Mientras eso sucede nosotros, los espectadores encarnados en el inquisitivo pero algo torpe documentalista que ya mencioné, nos damos cuenta del evidente engaño que es la parálisis del flamante senador.

 

 

Traigo esta revisión de la historia de Bob Roberts, o Ciudadano Bob Roberts como se le conoció también  debido a que, a diferencia de otras películas que tratan del tema de la peor parte de la política, se encuentra en un ambiente que no sólo es posible identificar con nuestro mundo actual, sino que, como lo demuestran los medios desde hace unas semanas, es altamente probable que pueda ocurrir.

 

No es un político completamente caricaturizado como es el  senador que encarna Robert De Niro en Machete (Maniquis y  Rodriguez, 2010), ni tampoco es una agente del mal orgulloso de serlo y con pleno de convencimiento como es O´Brien en 1984.

 

Lo más inquietante y peligroso del personaje de Bob Roberts es que es realista a más no poder. Sabe jugar con las emociones no tiene escrúpulos y no duda en hacer callar a quién le cuestiona o en amenazar y reprimir a quien no está de acuerdo con sus acciones al interior de su equipo de campaña.

 

Y aunque he escuchado muchos comentarios en los que se afirma que el fenómeno del multimillonario neoyorkino es un suceso de inicio de campaña. Que las mismas élites dentro del partido republicano  no lo dejarán pasar, que los demócratas tienen un arsenal de hechos y acusaciones en su contra que usarán a su debido momento y miles más.

 

Para mí una de las funciones del arte, el cine en este caso, es explorar nuestra sociedad y alertarnos de lo peor en nuestro entorno y naturaleza. Por eso creo que hay que levantar la voz en contra de un tipo tan autoritario y peligroso que afirma ser capaz de retirarle los derechos humanos a recién nacidos o iniciar una depuración étnico-racial que podría equipararse al holocausto de la segunda guerra mundial. Solo imagínese lo que sería capaz en el futuro si ahora corre a un periodista de su rueda de prensa por cuestionar estos puntos y aun no tiene un poder político real.

 

Y es que creo profundamente en la multicitada frase, aparentemente de Edmund Burke, lo único que necesita el mal para triunfar es que los hombres buenos no hagan nada. Me parece que tenemos pruebas suficientes de ello en los últimos años.

 

Así que esta es mi recomendación, busque en Netflix, Claro Video o donde quiera la película Bob Roberts y después reflexione si es buena idea dejar que el copetudo multimillonario metido a candidato siga su camino sin oposición.  Recuerde que en este caso las similitudes pueden ser más que coincidencias.

 

eduardohiguerabonfil@gmail.com   @HigueraB