Opinión

Basáñez, antes y después

Le reprochan su pasividad frente a los embates de Donald Trump hacia México.

  • 13/04/2016
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Todavía el 2 de septiembre de 2015, cuando el Senado de la República ratificó a Miguel Basáñez como embajador de México en Estados Unidos de América, el hombre era un dechado de virtudes, de maravillas; de conocimientos, de sensibilidad, de experiencia… inconmensurable…: Era –decían los aplaudidores – “¡la mejor elección!”.

 

Ese día hubo 98 votos a favor y tres en contra de la ratificación. Los priístas dijeron ‘sí’ a una sola voz: No dudas, no revisión de posibilidades o imposibilidades, no un estado de responsabilidad como merecía el nombramiento del representante de México ante el país  más importante para México: No; era lo que tiene que ser si quieren subsistir en el poder-la gloria-y el recurso…

 

El PRD-Senado, igual. Total, de todos modos se iba a ir y, con excepción mínima de panistas y alguien más, la aprobación pasó casi sin mácula: Al día siguiente algún periódico encabezó feliz: “Embajador habemus”…

 

Pero todos sabían la verdad. Que en la sesión de preguntas y respuestas en el mismo Senado de la República, el doctor Basáñez no había dado el ancho para ser el embajador en Estados Unidos; y que su percepción de la relación con Estados Unidos era errática y con soluciones que sonaban a superficial. Esto debido a la inexperiencia del personaje que se había hecho más como encuestador y estudioso de la opinión pública que como diplomático…

 

…Y más a la sombra del poder político del Estado de México, ya como secretario de quien fuera gobernador de la entidad Enrique del Mazo y muy cercano a Peña Nieto por lo mismo. Hombre que transcurrió en puestos de tono burocrático según se leían en su Curriculum vitae distribuido por la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) a los medios de comunicación:

 

“Miguel Basáñez Ebergenyi es licenciado en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México, maestro en Administración Pública por la Universidad de Warwick y en Filosofía Política por la Universidad de Londres; doctor en Sociología Política por la Universidad de Londres…

 

“Dentro de su trayectoria profesional se ha desempeñado en diversos cargos en la administración pública, entre los que destacan director general de Evaluación de la Presidencia de la República, secretario particular del gobernador del Estado de México, secretario particular del secretario de Energía y Procurador de Justicia del Estado de México; ha sido director asociado del Instituto de Cambio Cultural de la Escuela Fletcher  de la Universidad de Tufts y… y…”. Todo eso.

 

Basáñez no era el mejor candidato para el cargo; había otros nombres de mayor experiencia y linaje diplomático; se los expusieron al presidente Peña Nieto en la mesa, pero él se empeñó y se equivocó. Le dijeron que podía ser Miguel Ruiz Cabañas, Vanessa Rubio o Carlos Sada; los tres pulidos en las lides diplomáticas y de política exterior… Pero no, no y no… ¡Será Basáñez! Y fue.

 

El 2 de septiembre la senadora panista, Gabriela Cuevas, dijo de él: “Fue funcionario, pero también es un hombre que ha construido bases democráticas en nuestro país. Un hombre que al expresar sus opiniones y al exponer los resultados de su trabajo profesional como encuestador, hay que recordar que también se ganó algunas enemistades poderosas, pero es un demócrata”, dijo.  Y más que se dijo a su favor ese día…

 

También hubo ‘peros’. Javier Lozano, Mariana Gómez del Campo y Jorge Luis Preciado criticaron su falta de experiencia diplomática y conocimientos de la relación bilateral con Estados Unidos: “Cuando uno empieza a ver las respuestas, es alarmante…” dijeron. Y sí. Basáñez reconoció ese día que no tenía experiencia como diplomático, pero dijo que desde hace 20 años participa en la “diplomacia ciudadana”…

 

Por esos días incluso sesudos analistas de la política interior y exterior, en medios de comunicación, dijeron que el doctor Basáñez era una buena sorpresa; y que tal y tal: También le encontraron virtudes que antes no se veían…

 

Siete meses después es todo lo contrario. “¡Fueron siete meses perdidos!”, dicen algunos que lo ponderaron entonces. Le reprochan su pasividad frente a los embates de Donald Trump hacia México; le reprochan no haber hecho nada en contra de la creciente animadversión hacia México, los mexicanos y lo mexicano; le reprochan navegar por aguas distintas a las aguas que se le destinaron e incluso que en Londres, durante una conferencia, aplaudiera la candidatura de Margarita Zavala a la presidencia de México… Todo junto.

 

El coro dice ahora que Basáñez no dio el ancho; que fue superficial y descuidado; que no se entendió en el cargo y que siguió pensando como académico. ¿Lo fue? Sí. Muy seguramente; pero esto lo sabían de antemano quienes lo propusieron y quienes aceptaron la propuesta.  

 

Gabriela Cuevas, quien antes hizo su apología, dijo que realizó un mal trabajo de enlace; que impidió un diálogo fluido y continuo con sus contrapartes senadores en Washington y que funcionarios se quejaron de la mínima colaboración que recibían de Basáñez. Y se repetía lo de su pasividad y que tal y tal. Ahora él es lo peor que le pudo pasar a México en su embajada en EUA.

 

¿De quién es la culpa? Se podría decir que de todos los ahí presentes: un nombramiento presidencial sin ton ni son --sí para seguir el estilo de poner a los amigos en puestos que ni les van ni les vienen--; del Senado que lo ratificó a sabiendas de que no estaba capacitado para el cargo, y de todos aquellos que aplaudieron el nombramiento porque querían quedar bien con el gran poder de México: Todos juntos. De la inexperta Canciller mexicana, asimismo impuesta.

 

Miguel Basáñez Ebergenyi ayer maravillas fue; ahora ni sombra es, que se dice.

 

Y ya está a la vista el nuevo embajador en Estados Unidos, Carlos Sada: De él ya se fija que es un dechado de virtudes, de maravillas; de conocimientos, de sensibilidad, de experiencia… inconmensurable… “¡la mejor elección!”: A coro.

 

@joelhsantiago

@OpinionLSR

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