Opinión

Balance adverso

Escándalos de corrupción que no combate, un avión que no pudo vender, y desorden en diversas áreas le están comenzando a pasar la factura. | José Luis Castillejos

  • 01/09/2020
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La estrella del gobierno de Andrés Manuel López Obrador parece apagarse en el primer tercio de su gobierno. Escándalos de corrupción que no combate, un avión que no pudo vender, y desorden en diversas áreas le están comenzando a pasar la factura frente a un país que ya está perdiendo la paciencia.

Sin justificantes, este primer gobierno de la izquierda mexicana está fallando y no tiene capacidad de enmienda. El saldo no es favorable pese a campañas en redes sociales y mensajes del gobernante de que el país está mejor que antes y que se ha avanzado en dos rubros: salud y economía.

"Hasta para mentir hay que tener cuidado para no atragantarse con una espina de pescado", reza un adagio popular costeño.

Aunque comenzó levemente a atender denuncias de corrupción, robo de combustible y financiamiento a personas de la tercera edad, hay que decirlo, ese paternalismo en poco ayuda al desarrollo nacional.

Llega así, López Obrador, a su segundo informe de gobierno con crisis inesperadas, falto de credibilidad y demoledores informes de que su gobierno también ha sido permeado por la corrupción.

Aunque los recortes a los gastos en el aparato administrativo nacional fue saludado inicialmente, hoy se ve que ha sido un grave error, ya que, en ese contexto, los hospitales quedaron sin médicos y sin medicinas. Se restringió las compras estratégicas y hoy no hay medicamentos.

Ello generó una crisis, sin precedentes, en los hospitales públicos. Y ahora para atender ese problema le apuesta a la rifa del avión presidencial, a través de seis millones de billetes de lotería con cuyos fondos se pretende potenciar el Instituto de Salud para el Bienestar.

Para el presidente de México hay una recuperación económica que, realmente, no es cierta. Presume que hay 90 mil empleos formales recuperados de un millón que se perdieron y descarta la posibilidad de contratar deuda.

"Seguiremos apostando al fortalecimiento de la economía popular a través de la dispersión de recursos a quienes más lo necesitan y el impulso a las pequeñas empresas para fomentar el consumo. Mantendremos la política de austeridad y finanzas públicas sanas", según ha adelantado.

En los estratos sociales bajos se ve día con día que la gente subsiste vendiendo chucherías, sin empleos formales, sobreviviendo con una precaria canasta básica. Esa es la transformación de cuarta sobre lo cual no quiere críticas el señor presidente.

A dos años de distancia, el pueblo mexicano sigue esperando un juicio político y cárcel para los expresidentes y exgobernadores que han saqueado México. Pero AMLO dice que esperará hasta el último momento para decidir sobre la consulta para enjuiciar a los ex gobernantes.

"Si no se reúnen las firmas o si los legisladores no hacen el trámite, lo voy a hacer yo", advirtió y esperamos que así sea para saludar esa iniciativa.

Los mexicanos esperamos resultados contundentes en el combate a la corrupción en un contexto que demanda que la transparencia sea "una regla de oro de la democracia".

AMLO presumió en la víspera: "Tenemos finanzas públicas sanas, no habrá despido de trabajadores, no se va a disminuir en términos reales el salario, no van a faltar los alimentos básicos, no va a haber inflación, se amplían los montos destinados a los pobres y no se detiene ninguna de las obras prioritarias".

Y comentó que "a pesar de los pesares" el país va bien, que las dos crisis, la de salud y la económica, se están controlando. Eso, sin embargo, no es cierto; que se dé una vueltecita por los hospitales y que vea hacia abajo qué es lo que está comiendo la gente.

La pandemia ha dejado en la ruina a negocios y millones de mexicanos cuando en realidad se debieron destinar los recursos de la construcción del aeropuerto de Santa Lucía, la refinería de Dos Bocas, el Tren Maya, Tren México-Toluca y las obras del Istmo de Tehuantepec al apoyo de la economía nacional.

El deseo de los mexicanos es que haya más empleos y que el país no siga siendo polarizado por el propio AMLO que un día critica a los empresarios y al día siguiente los apapacha.

Urge fortalecer el bienestar social y los programas ejes que reactiven la economía. Lo demás es un discurso político que no conduce a ninguna parte al país al que ya se le comienza a agotar la paciencia.

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