Opinión

Babeles

Se necesita dar agilidad al sector de planeación y desarrollo urbano y vivienda para que no sigamos haciendo Babeles contiguos a pueblos originarios. | Roberto Remes

  • 03/03/2021
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La construcción de la Torre Mitikah va muy avanzada. Desde distintos puntos del sur de la ciudad se puede observar la edificación, junto con las dos grúas que van acelerando la formación de los últimos niveles. Viviendo a 1,200 metros de este rascacielos, puedo decir que ya forma parte de mi vida y tengo sentimientos encontrados.

Si miro solamente el trabajo de César Pelli, la torre me encanta. Estamos a semanas de que sea el edificio más alto de la ciudad, aunque el gusto sólo le dure cuatro años, porque un proyecto de Javier Sordo Madaleno se edifica en Paseo de la Reforma, frente al Monumento a Colón. Y es ahí donde deberían empezar nuestras dudas por el capricho de llegar al cielo por medio de grandes estructuras: es sólo la competencia de egos. Monterrey compitiendo con Ciudad de México y ambas compitiendo con Panamá; las tres suspirando por Chicago y Nueva York.

Volteamos hacia el nivel de calle y veremos un gran contraste. Del lado de Churubusco, puedo coincidir en que la escala de Mitikah es la misma que la avenida, pero cuando atiendo todo su entorno, el edificio de 267 metros de altura y 68 pisos es un contraste atroz con el pueblo originario de Xoco y la capilla de San Sebastián Mártir, del siglo XVII.

El proyecto de crear una calle subterránea y una pasarela artificial entre Avenida Universidad y el pueblo, en el fondo, es lo de menos; probablemente se convierta en un espacio agradable, aunque nunca dejará de parecer un hotel todo incluido. La resistencia al desarrollo de Mitikah no debería estar, en estos momentos, centrada en la vialidad soterrada, sino en que los automóviles de Mitikah no puedan salir al Eje 1 Poniente atravesando el pueblo de Xoco, es decir, que Real Mayorazgo sea peatonal de la Sociedad de Autores y Compositores al Panteón de Xoco, con acceso exclusivo a los autos de quienes vivan en el núcleo del barrio.

Esto que describo de forma tan local, es la clave para la conservación del pueblo. El complejo de Mitikah es mucho más que los edificios que destacan desde el Circuito Interior. Si vecinos y trabajadores del conjunto Mitikah tienen salida vehicular a través del pueblo de Xoco, habrá congestión, contaminación, incidentes de tránsito en calles que seguirán sin banquetas pero perturbadas por la circulación vehicular.

Unas horas antes de escribir este artículo tomé una foto desde el Museo de Frida Kahlo. El rascacielos ha invadido la perspectiva, lo mismo desde el Jardín Hidalgo, y otras plazas de Coyoacán. No estoy en contra de los rascacielos, pero creo que deberíamos reflexionar la forma en que éstos se integran con las zonas patrimoniales y originarias de la ciudad, lo cual centraría los edificios de mayor altura sólo en ciertos corredores como Paseo de la Reforma, Insurgentes, Periférico y las salidas a Toluca, en una estructuración mucho mejor pensada que la simple aplicación de las normas de ordenación.

Sé que muchos especularán sobre la legalidad del desarrollo de Mitikah. Es legal. Dentro de un polígono utilizaron todo el potencial basados en las leyes y normas vigentes. La construcción del paso inferior en Real Mayorazgo también está basada en instrumentos previstos en la Ley del Régimen Patrimonial de la Ciudad de México. Los vecinos de Xoco se han manifestado en distintos momentos de los últimos años. Les asiste la razón urbana mas no jurídica, porque no hemos sabido proteger el patrimonio a través de los instrumentos normativos.

Las normas se han vuelto estrictas para las construcciones al interior de los pueblos originarios, inhibiendo desarrollos de bajo impacto; pero a la vez se mantiene la permisividad en las zonas exteriores de dichos pueblos, donde se concentran desarrollos más grandes. Si permitimos pequeños desarrollos de vivienda social y media al interior de pueblos y barrios originarios, y a su vez forzamos que las construcciones de las zonas exteriores armonicen con su entorno inmediato, podremos detonar un desarrollo más equilibrado. Nuestras reglas están al revés. Castigamos lo que armoniza y toleramos lo que altera.

Los errores que ya cometimos en las Granadas y el “Nuevo Polanco”, los repetimos en el sur de la ciudad. Mitikah no va sola, las City Towers se impusieron en los años previos volcando calles pequeñas y cerradas al uso intensivo del coche, con infraestructura peatonal mínima.

Tras la pandemia, está claro que el sector de la construcción será estratégico para que la Ciudad de México recupere su dinamismo económico, pero necesitamos trabajar tanto las políticas como los instrumentos de planeación y sus reglas.

Ojalá que el nuevo director del Instituto de Planeación Democrática y Prospectiva, Pablo Benlliure, y el nuevo Secretario de Desarrollo Urbano y Vivienda, Carlos Ulloa, sean sensibles para dar agilidad a un sector que exige decisiones, pero prudencia para que no sigamos haciendo Babeles

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