Le guste o no al mundo Occidental, actualmente Asia representa más que el motor económico del mundo. El continente reúne a dos de las cinco economías más importantes, China y Japón; al 60% de la población mundial; cinco potencias nucleares; y dos miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidos tienen presencia territorial en la zona. Por estas características, la región es fundamental para mantener la paz y seguridad internacionales y promover la prosperidad mundial.

Ante este panorama, resultó obligada la reciente visita de Donald Trump a Asia, región en la que Estados Unidos está consciente de que cuenta con aliados y competidores. Mientras Japón y Corea del Sur se encuentran entre los primeros, China se ubica en la segunda categoría. Cabe señalar que, en mayor o menor medida, el resto de los países de la región parecen guiarse por el vaivén de sus vecinos más fuertes o por intereses muy particulares. No es casual que el viaje de Trump comenzara por Tokio y Seúl para obtener su respaldo antes de acercarse a su competidor más fuerte en la arena internacional, Beijing.

Envueltos en un tono beligerante, los objetivos oficiales de la visita de Trump a Asia, eran la desnuclearización de Corea del Norte, promover una región libre y abierta del Indo-Pacífico y un comercio justo y recíproco. Sin embargo, más allá de lo anecdótico del viaje, los resultados observados hasta el momento apuntan más a la construcción de un apalancamiento diplomático-militar y comercial con los hombres más fuertes de Asia, caracterizado no por la búsqueda de un apoyo regional consensuado, sino por el bilateralismo en donde el binomio China - Estados Unidos jugó un factor destacado.

En materia de seguridad, la presencia del Comando del Pacífico de Estados Unidos (USPACOM por sus siglas en inglés) en Honolulú, y el gran número de diplomáticos estadounidenses desplegados en Asia, parecen buscar un equilibrio en las relaciones entre Beijing y Washington. En este sentido, resulta lógico que las primeras paradas de Trump hayan sido Honolulú y la Base aérea de Yakota, en Japón.

Por otra parte, la estrategia del presidente estadounidense hacia la región Indo-Pacífica en general se ha limitado a la renovación de compromisos anteriores, especialmente aquellos destinados a financiar a los países asiáticos para mejorar sus propias fuerzas navales y a mantener, e incluso aumentar, la presencia militar de Estados Unidos en la zona. Para sorpresa de muchos, China y Estados Unidos avanzaron en esquemas de cooperación poco específicos en materia militar, aplicación de la ley y seguridad cibernética, logros minúsculos si se toman en cuenta los retos y oportunidades que representa el gigante asiático y la retórica beligerante con la que Trump inició su gira.

En el caso particular de Corea del Norte, con su peculiar estilo, Trump no dudó en recordar la obligación de todos los países de cumplir con las resoluciones del Consejo de Seguridad derivadas de los ensayos nucleares de Pyongyang. Coincidencia o no con la visita de Trump, Japón es el único que recientemente ha endurecido las sanciones contra Corea del Norte. Por su parte, China ha demostrado su compromiso ante la amenaza norcoreana solo en su calidad de miembro permanente del Consejo de Seguridad. La tendencia china a favorecer las situaciones ganar-ganar, hacen dudar que en el corto plazo se comprometerá abiertamente con Estados Unidos en este tema, sin saber a ciencia cierta cuál será el balance de fuerzas resultante de su intervención; sobre todo cuando Beijing está consciente que puede influir en Corea del Norte, pues el camino a Pyongyang, como todo el mundo sabe, pasa por Beijing.

Respecto a la cuestión económica, desde el inicio de su administración, Trump se propuso reducir los déficits comerciales que Estados Unidos tiene con otros países, que en el caso de las economías asiáticas son los más grandes actualmente. De acuerdo con el Departamento de Comercio, Estados Unidos registró un déficit comercial con Asia de 532,603 millones de dólares en 2016, y de 421,010 mdd en lo que va de 2017. El año pasado, el déficit estadounidense con China fue de 347,016 mdd, -cinco veces el déficit con México, 64,354 mdd-, y con Japón fue de 68,810 mdd.

El resultado del encuentro de Trump con su homólogo chino, Xi Jinping, se resume en más de $250 mil millones de dólares en acuerdos comerciales y de inversión, con carácter bidireccional, como anunció el líder chino. Ante la falta de claridad de un solo beneficiario del acuerdo, The Diplomat señaló que "China puede tener lo que quiera, usando paciencia y dinero", dándole el mérito del resultado obtenido.

Si bien Trump tenía una agenda sustancial durante su visita a Asia, también es cierto que fue demasiado extensa al grado de aventurar pocos resultados. Un factor importante que pareció obviar Trump es que los líderes asiáticos suelen tomar posiciones firmes en los asuntos regionales y que generalmente el éxito con ellos se logra a través de esfuerzos diplomáticos consistentes y continuos, junto con acciones serias para acomodar también sus intereses. Es difícil pensar que la actual política exterior estadounidense lograría el éxito deseado al ser inconsistente y episódica, e intentar cubrir tantos temas en un solo encuentro. 

@alifur1 | @OpinionLSR | @lasillarota



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