Opinión

¿Ánimo y paciencia?

Para mantener o recuperar el buen estado de ánimo de la gente, las autoridades deben ser capaces de responder a sus expectativas. | José Antonio Sosa Plata

  • 12/11/2020
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Esta semana recibimos dos buenas noticias. Una, el anuncio de la efectividad de la vacuna farmacéutica Pfizer, lo que significaría su disponibilidad antes de lo esperado. Otra, la información que dio el Dr. Hugo López-Gatell en el sentido que se está observando una “reducción importante de la epidemia en nuestro país”

No cabe duda que después de tantos meses de tensión, miedo e incertidumbre, se trata de anuncios optimistas que ya le hacían falta a la sociedad. También a los mercados financieros. Desde esta semana, los gobernantes tienen frente a sí una gran oportunidad para reencauzar y fortalecer las expectativas de la gente en aras de no bajar la guardia y poder reducir en forma significativa el número de contagios y muertes.

Si bien la politización del tema era inevitable, no todos los liderazgos han tenido la capacidad de gestionar las diversas crisis que provocó la covid-19. Cuando se diseña y opera una estrategia de comunicación, se debe tener siempre presente que una cosa es construir narrativas y transmitir mensajes a una sociedad con optimismo y esperanza, que a otra angustiada o apabullada por la inseguridad económica o de su integridad personal.

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Algunos gobiernos están pasando la prueba con éxito. En los países en los que se han celebrado elecciones, el costo ha sido alto para quienes no dieron los resultados esperados, a pesar de las bases sociales que mantienen los perdedores. Lo que está sucediendo en el proceso de Estados Unidos es uno de los mejores ejemplos. Debemos revisarlo y darle seguimiento con lupa.

El presidente electo Joe Biden comprendió muy bien la importancia que debería tener el manejo responsable de la pandemia para el gobierno. Lo hizo durante su campaña y ahora lo confirma con su primera acción ya como virtual ganador de las elecciones. Suplicar a las y los estadounidenses que usen el cubrebocas va más allá de reforzar una acción preventiva básica. Se trata de un acto político-comunicacional legitimador y muy potente

Por si no lo leíste: "Se los suplico, lleven cubrebocas", Biden a estadounidenses.

La lección del triunfo de Biden será muy importante para las elecciones que tendremos en 2021. La diferencia estará en que ya habrá vacuna (México tiene acuerdos para acceder por lo menos a cinco empresas farmacéuticas), aunque quizá el proceso de aplicación no habrá concluido para el día de la jornada electoral. Y si el gobierno federal logra en parte la recuperación anunciada por el presidente Andrés Manuel López Obrador, la historia será muy distinta y no tendrá ninguna comparación con lo sucedido en Estados Unidos

El tema de la pandemia seguirá vigente. Pero no por la solución que hay en curso. El debate se centrará en el número elevado de personas muertas, contagios y, sí, en los efectos negativos que provocaron los mensajes encontrados, principalmente los relacionados con el uso del cubrebocas. En cuanto a los asuntos económicos, la agenda electoral tendrá al desempleo y a la pérdida del poder adquisitivo como los principales. También estará, por supuesto, el problema de inseguridad y con mucha fuerza el de los feminicidios y la violencia contra las mujeres.

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A pesar del optimismo que se ha generado durante los últimos días, 2021 será un año muy complicado para la sociedad y también para nuestra democracia. Hay control por parte de la mayoría de los gobiernos en sus tres niveles. Sin embargo, en algunos temas y en algunos lugares la situación está sostenida con alfileres.

Las zonas de riesgo e incertidumbre incidirán sin duda en los resultados finales. La confianza de la ciudadanía se depositará principalmente en quienes se la hayan ganado a base de los logros alcanzados, de la capacidad demostrada para gestionar las crisis y, sobre todo, de la palabra cumplida.

Consulta: Luis Woldenberg. "La comunicación política en la era de las expectativas rotas". Este País, 25 Diciembre 2015.

Para mantener la gobernabilidad en tiempos de crisis, un sistema democrático debe ser capaz de responder a las expectativas de la sociedad. Pero como se ha demostrado desde que surgieron los momentos más críticos generados por la pandemia, los conflictos crecen cuando la información no fluye con la claridad, responsabilidad y oportunidad que las circunstancias exigen.

Las buenas noticias empiezan a llegar. Qué bueno que las autoridades estén tratando de recuperar la esperanza y el optimismo. Es lo conveniente. Sin embargo, la estabilidad no llegará tan pronto como muchos quisiéramos. Primero, porque a pesar del “control” el número de contagios, hospitalizados y muertos sigue siendo muy alto. Segundo, porque serán pocas las pruebas diagnósticas que se realizarán durante los próximos meses. Y tercero, porque la gente no aceptará regresar a un nuevo confinamiento por el impacto económico negativo que ya tuvo el primero.

Es bueno saber que los personajes políticos —incluidos los del sector salud— están actuando con mesura ante las noticias esperanzadoras. La razón es obvia. Las soluciones no llegarán en el corto plazo y cometer errores en este momento les puede costar caro el próximo año. Lo que a nosotros corresponde es no confiarnos y atender los llamados a tener paciencia y cautela, pero también seguir actuando con la mayor responsabilidad.

A los personajes políticos les toca revisar las prioridades y sus estrategias de comunicación. Son muchos los ajustes que se tienen que hacer, por ejemplo en las narrativas, campañas publicitarias y, de manera especial, en las conferencias de prensa que realizan todos los días. Es la oportunidad de reconocer que algunos de los modelos se han desgastado y que requieren ajustes profundos.

Actualizar la estrategia de comunicación debe ser una de las mayores prioridades del gobierno. Es mucho lo que se puede corregir antes de que termine el año. Para hacerlo de la mejor manera, se tendrían que poner en su justa dimensión los intereses de la sociedad con sus intereses particulares, que también son legítimos, siempre y cuando se ajusten al marco jurídico y a los valores de la democracia.

Recomendación editorial: Roy Campos, Leonardo Curzio, Javier Esteinou Madrid y León Felipe Maldonado. Comunicación política y democracia. México, Instituto Electoral del Distrito Federal (IEDF), Colección Sinergia, Número 11, 2011.

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