Opinión

Amores imposibles: La perversión narcisista

Cuando necesites conversar lo que has vivido, casi nadie podrá creerlo. | María Teresa Priego

  • 12/06/2018
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Es más, a duras penas (y muy duras, y muy penas), podrás creerlo tú misma. ¿Ese hombre (mujer) tan encantador(a) pasado un tiempo se convierte casi de la noche a la mañana en un verdugo? Ya no habla suavecito. Ya no te deja hablar. En la relación comienzan a irrumpir escenas inexplicables. Pasa junto a ti como si fueras transparente. Utiliza tonos helados, argumentos absurdos. Comienzas a ser acusada(o) de los móviles más inverosímiles. ¿La caída es tan brutal que te sientes incapaz de aprehenderla y apalabrarla? ¿Cómo aceptar que aquella promesa de vínculo amoroso nunca tuvo ni la menor posibilidad?

Comienzas a pensar que exageras, inventas. A sentir que algo debe de estar muy mal en ti. Sí, él (ella) se encargará de convencerte de que algo está muy, muy mal en ti. El mismo encantador del umbral hacia afuera. El despotismo creciente del umbral hacia adentro. Como si se desdoblara. Es él y es otro, y en medio corre un abismo. Que te traga. La angustia se instala: ¿qué nos está sucediendo? ¿qué estoy haciendo mal? ¿de qué soy culpable?

Comienzas a cuestionarte casi todo, frente a alguien que no se cuestiona nada. ¿Por qué? Porque te dices que no es posible que una persona pueda cambiar tanto. ¿Acaso aquella inmensa promesa de amor podría terminar en las alcantarillas? Imposible. Las exigencias aumentan. Cada día descubre en ti una falla nueva. No importa cuánto te esfuerces, nada será suficiente. Cada vez ocupa más espacio, cada vez tu espacio es más reducido. Te acusará de no amarlo, de no serle fiel. Proyectará en ti sus demonios más oscuros. ¿Increíble? Vaya que existe.

Él lo quiere todo de ti y será a cambio de cada vez menos. Una de sus estrategias constantes: eres culpable. Es tu culpa si se equivoca en su trabajo, si pierde a un amigo, si llueve, si hay tráfico. Pasaste de ser ese bello objeto de deseo a convertirte en la depositaria de todos sus males. Y son muchos. Reales e imaginarios. Hay una amplia literatura que analiza a las personalidades narcisistas y los efectos devastadores que pueden provocar en las personas que los aman.

Una referencia muy importante es el psicoanalista francés Paul-Claude Racamier. Un creciente colocarse en el lugar del amo. Quizá lo más aterrador es la frialdad. Esa distancia con la que te habla y habla de ti. Aquella mujer que le era necesaria y con la que se comprometió a construir una vida, es ahora el más prescindible de los capítulos. Pero no se va. No se irá mientras le seas útil. Y puedes serle útil mucho tiempo. Si vas -sin apenas darte cuenta- renunciando a ti misma.

En palabras de Bouchoux: "para crecerse, se alimenta de la imagen de su víctima: cuanto más la menosprecia más fuerte se siente. Si siente angustia, rápidamente hace experimentar al otro esta misma angustia... hace cargar a los demás con lo que debería ser su rabia, sus miedos y su culpabilidad". Los psicoanalistas de la escuela de Palo Alto han investigado otra de las herramientas clave de la paulatina dominación narcisista: el lenguaje paradoxal. Esas frases inquietantes y de dobles y triples sentidos que te descolocan.

¿A cuál de los sentidos respondes? ¿cómo te explicas si hay en el discurso que te arrojan una trampa? Al narcisista no le interesa que te expliques. Los espejos no tienen nada que explicar. Los espejos son objetos con una misión muy clara: reflejarlos. Una crueldad inimaginable que irá creciendo cuando tomes distancia, cuando entiendas que te tienes que salvar. ¿Cómo? Ese largo camino de aprehender que lo que estás viviendo se llama maltrato. Que la descalificación constante es violencia. Que la relación (y no importa cuanto dure) en términos de amor, solidaridad, honestidad, vínculo verdadero: nunca tuvo ni la menor oportunidad.

Ese largo camino de recuperarte a ti misma

No, no eres La Culpable por más que él insista: la relación con un perverso narcisista te devora, porque lo suyo es devorar. Te va desapareciendo, porque lo suyo es desaparecer a ese otro cuya profundidad no entiende. Es indispensable pedir ayuda. No quedarse sola. Protegerte. En la mayoría de los casos no será fácil que te deje ir. Te perseguirá con cantidad de actos perversos, difamaciones, mentiras. Te conoce muy bien: intentará golpearte donde más te duela. Es importante saberlo y prevenir: su venganza será un intento de aniquilamiento moral. Mientras sonríe encantador del umbral hacia afuera.

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