Opinión

¿Amor y paz?

AMLO ha extremado los cuidados en su discurso. A punto de que termine el periodo de #intercampañas, el precandidato se mantiene sin cambios en su comunicación

  • 22/03/2018
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Con la tranquilidad que le da ocupar el primer lugar en las encuestas, el precandidato de la coalición Juntos Haremos Historia ha mostrado disciplina en los mensajes centrales y la narrativa que cree le darán los mejores resultados el próximo 1 de julio. El objetivo es claro: evitar los errores del pasado.

Hasta ahora, la #estrategia de #ComunicaciónPolítica está funcionado.

Durante las últimas semanas todas las encuestas publicadas lo mantienen en el primer lugar de las preferencias. Si bien las tendencias pueden cambiar durante los próximos tres meses, lo más probable es que López Obrador se mantendrá en la misma línea discursiva, sin caer en las provocaciones de sus oponentes.

El ejemplo más ilustrativo de sus palabras lo tuvimos luego de que entregó su solicitud de registro al Instituto Nacional Electoral (#INE). Ahí ofreció “mano franca y abierta” a sus adversarios y les aseguró que cuando sea presidente “no habrá represalias ni persecución, ni destierro para nadie”.

… Todos pueden estar tranquilos

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Por otra parte, y en el mismo sentido de mesura, reiteró el compromiso de someterse a la revocación del mandato. “Cada dos años —dijo— habrá consulta ciudadana para preguntar si quieren que siga en la presidencia o que renuncia ella”.

En un marco donde sobresalen la #GuerraSucia y las #CampañasNegras, da la impresión de que son los otros candidatos quienes están equivocando las tácticas. Ciertamente Ricardo Anaya y José Antonio Meade han mantenido en sus agendas espacios para las propuestas y el acercamiento con los diversos grupos de la sociedad. Sin embargo, se mantiene latente la intención de judicializar la política en su lucha por el segundo lugar.

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Las acusaciones, amenazas, denostaciones, ofensas, descalificaciones y noticias falsas no parecen ser hoy lo más conveniente. Sin dejar de lado que la esencia de una campaña electoral es la confrontación abierta entre adversarios, la historia ha demostrado que cruzar ciertos límites se convierte, paradójicamente, en arma de doble filo para quien actúa de esa manera.

La frontera entre la violencia verbal y física es corta

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Por eso se inventaron los debates, las campañas de contraste e incluso las campañas negativas. Establecer la diferencia con un adversario tiene métodos y procedimientos de comunicación muy alejados de la violencia, que podrían aportar más en el diseño y operación de las estrategias de campaña. Ejemplos de su efectividad sobran, en México y en un sinnúmero de países democráticos.

Si la esencia de una campaña es el conflicto, entonces no conviene mantenerse al margen y mirarlo desde lejos. Una sociedad abatida por la inseguridad y con problemas económicos que afectan su calidad de vida, no elegirá a líderes débiles o que muestren dudas o temores para hacer frente a los problemas del país.

La ciudadanía simpatiza con los personajes valientes, decididos y echados para adelante. Sin duda, prefiere la mano firme, pero siempre y cuando se apegue a la legalidad. Le gusta más la autenticidad en el líder, que la actuación con la que se pretende ser quien no se es. Y rechaza la indecisión y la falta de congruencia. En el actual ecosistema de comunicación, es muy difícil engañar a la sociedad.

El discurso “amoroso” funciona en algunos contextos, en ciertas circunstancias, pero no puede ser permanente. La confrontación que veremos —que estamos viendo— en las campañas, no le permitirá a López Obrador evadir la agenda del conflicto y el debate.

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