Opinión

AMLO y el recurso del mito

El político tabasqueño parece haber rescatado, con singular éxito, la fórmula para gobernar apoyada por lo que podríamos llamar el “recurso del mito”. | Roberto Rock L.

  • 15/07/2021
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Frente a complejos escenarios que, en naciones estables como Colombia y Chile, han provocado convulsiones sociales (presentes incluso en Cuba, bajo un régimen autoritario), el presidente López Obrador mantiene a una parte sustantiva del país atada al “filo de la butaca” gracias a su proverbial olfato político, que le permite desviar la atención pública –y buena parte de la publicada–.

La destreza presidencial logra construir una agenda, con algunas mentiras y muchas verdades a medias, claro. Pero, en particular, bajo la lógica del entretenimiento. Si alguno de sus temas alcanza algún relieve, éste se desvanece bajo una nueva andanada de fuegos de artificio, como debatir por varios días sobre los “destapes”, espontáneos o inducidos con el aval de Palacio, cuando la presente administración ni siquiera ha llegado a la primera mitad de su término.

Desde luego, por ejemplo, es importante la recomposición del gabinete de Claudia Sheinbaum, en el gobierno de la Ciudad de México. Y la operación que buscó reflotar su mandato. Pero la presencia de Martí Batres en la segunda posición de importancia no traerá un voto más para Morena si no pasa antes, entre otras aduanas, la prueba de ácido de poder negociar con los alcaldes de oposición, que la semana pasada ya habían acorralado a la señora Sheinbaum con la denuncia de que están congelados los procesos de transición en sus respectivas alcaldías.

Batres puede ser un “halcón” del ala radical de Morena, siempre y cuando se le compare con, digamos, un notable moderado como Ricardo Monreal. Pero no es el mismo político acelerado que alguna vez calculó que, llenando con viejitos acarreados la explanada del Monumento a la Revolución, podría arrancar a dentelladas la candidatura a la jefatura de Gobierno. A esa oficina en el viejo Palacio del Ayuntamiento llega un personaje maduro, aunque quien todo decide lo hizo hacerse acompañar de algunos provocadores “iluminados” e histéricos que resultarán un lastre en esta nueva etapa. 

En otro frente que ameritaría mayor atención, en días pasados el club de ricos agrupados bajo las siglas de la OCDE, en donde México es poco más que un invitado de piedra, acaba de publicar un nuevo balance sobre el impacto económico de la pandemia. En ese informe nuestro país alcanza la peor calificación, tanto por su escasa destreza para fortalecer las finanzas públicas (apenas capta 22 puntos del PIB), como por sus inversiones igualmente pobres para reactivar el crecimiento, con apenas 11 puntos del PIB destinados al desarrollo de infraestructura y empleo. 

De todo esto hablamos poco, o nada (¿quién analiza ya la tragedia en la Línea 12 del Metro capitalino?). En cambio, Palacio nos receta cada día una telenovela confeccionada con destreza, una buena dosis de clímax falsos… y no poco humor involuntario. 

Hace algunas semanas el presidente divagó sobre las antiguas dictaduras latinoamericanas (las actuales no le interesan) que cautivaron la pluma de grandes escritores, entre otros, el cubano Alejo Carpentier (“El recurso del método”), el colombiano Gabriel García Márquez (“El otoño del patriarca”) e incluso –no mencionado esa mañanera–, el peruano Mario Vargas Llosa (“La fiesta del chivo”). 

El político tabasqueño parece haber rescatado, con singular éxito, la fórmula para gobernar apoyada por lo que podríamos llamar el “recurso del mito”. Este último elemento, la retórica basada en mitos, ha sido tema de intensos debates en nuestra misma región, desde hace más de un siglo, cuando ya había sido advertido incluso por las voces del cubano Martí, el mexicano Madero o el peruano Mariátegui. Los mismos nombres usados por décadas en discursos oficiales que llevan al bronce sus frases célebres, pero sin arriesgar una lectura profunda de sus textos, contrarios a los líderes obsesionados por concentrar el poder sin traer verdaderos beneficios a sus pueblos.

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Horacio Duarte, administrador general de Aduanas, se apuntó ayer un éxito sobre Raquel Buenrostro, titular del SAT, al debilitar su injerencia en el cobro de derechos en el sector. El mexiquense se adentra cada vez más en el desarrollo de la estrategia de Palacio y de Morena con rumbo a la sucesión del gobernador Alfredo del Mazo. Ya previamente había desplazado en esta tarea a dos pesos pesados, la maestra Delfina Gómez, hoy secretaria de Educación, y Gabriel Hernández, quien fuera voluntad casi absoluta en el manejo de los programas asistenciales, pero enviado hace unos días de regreso al Senado con más pena que gloria. 



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