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Toca ahora a la administración AMLO reconocer el triunfo de Joe Biden y ponerse a trabajar en una relación seria y duradera. | José Luis Castillejos

  • 10/11/2020
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El endurecimiento de la política norteamericana, que se padeció en la era Trump, no sólo hacia México sino hacia muchas naciones del mundo deberá quedar en el pasado. Toca ahora a la administración AMLO reconocer el triunfo de Joe Biden y ponerse a trabajar en una relación seria y duradera.

¿Podrá con eso el presidente mexicano sin entrar al terreno de las descalificaciones o comparar el resultado electoral norteamericano, que le fue adverso a su amigo Donald, con lo que le pasó a él en sus anteriores y fallidas participaciones políticas?

No reconocer a Biden como presidente electo es mezquino cuando la comunidad internacional ya se pronunció a favor del triunfo del hombre que sepultó las esperanzas de reelegirse de Donald Trump.

Ese trago amargo ya debe pasarlo AMLO si quiere caminar sobre ruedas en una nueva relación con Biden, quien ha lanzado un mensaje conciliador en su primer discurso en público tras obtener la victoria electoral.

Biden se hizo de la presidencia luego de duras jornadas en la contienda contra Donald Trump, que se extendieron desde el 3 de noviembre, día de las elecciones presidenciales.

La sepultura política de Trump fue su desprecio social y la falta de toma decisiones en materia de salud que ha dejado una gran cauda de muertos en Estados Unidos, lo cual fue capitalizado por Biden.

Pero mientras, en México, López Obrador se hace de la vista gorda y no quiere reconocer el triunfo del demócrata este ya convocó al pueblo a la unión y entendimiento.

"El pueblo de esta nación ha hablado, nos han dado una victoria clara, convincente, una victoria para nosotros el pueblo con la mayor cantidad de votos por una fórmula presidencial en la historia de nuestro país: 74 millones", dijo recientemente Biden por si le quedaba alguna duda a los seguidores de Trump.

Quizás AMLO no ha dimensionado que México es hoy por hoy el socio comercial más importante de Estados Unidos, superando, incluso, a China y Canadá.

La economía mexicana, es una de las de mayor apertura, al contar a la fecha cuenta con 12 Tratados de Libre Comercio con 46 países, 32 Acuerdos para la Promoción y Protección Recíproca de las Inversiones (APRIs) y 9 acuerdos de alcance limitado (Acuerdos de Complementación Económica y Acuerdos de Alcance Parcial) en el marco de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI).

Esto hace que los flujos comerciales de México con el mundo sean muy intensos, aunque no siempre superavitarios ya que de 1998 a la fecha (con excepción de 2012), la balanza comercial de México con el mundo ha sido deficitaria, es decir, importa más de lo que exporta.

Entre enero y julio del 2019 las exportaciones e importaciones de bienes entre México y Estados Unidos alcanzaron los 361 mil 107 millones de dólares, dato mayor al registrado en el mismo periodo de 2018, cuando llegó a los 351 mil 516 millones de dólares.

De ahí la importancia en que López Obrador se ponga a trabajar con total seriedad con Estados Unidos, país que con Biden a la cabeza busca ganarse la confianza mundial, luego de un gobierno como el de Trump que generó irritaciones en varias partes del orbe.

A ver si AMLO entiende el llamado de Biden de dejar a un lado la retórica vitriólica, acercarse y escuchar para progresar. Las dos naciones deberán unir esfuerzos si quieren seguir adelante en un proceso de buena vecindad.

La relación comercial entre México y Estados Unidos es de gran peso y juega un papel fundamental para ambas economías; pues la dependencia es mutua en muchos sentidos.

Por ello resulta confuso que AMLO se niegue a reconocer al triunfador y que diga que esperará a los resultados electorales oficiales.

Esperemos que esa rebeldía no traiga consigo tropiezos en la relación comercial con Estados Unidos, país que en muchos aspectos tiene la sartén por el mango.

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