Opinión

AMLO - Trump: un encuentro necesario

Es posible identificar que el encuentro tiene tras de sí varios aspectos significativos. | Areli Cano

  • 09/07/2020
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Históricamente, las relaciones de México con los Estados Unidos de América se han caracterizado por su complejidad, imbricando asuntos múltiples, como la migración, legal e indocumentada; el trasiego de drogas; el intercambio comercial; el turismo recíproco; entre otros temas. Todo esto en el marco de una heterogeneidad cultural que, en ocasiones, suma prejuicios, recelos históricos y visiones generalizantes.

Esto es resultado de ciertos aspectos de la convivencia entre ambas naciones que no siempre han sido del todo positivos. Basta recordar la guerra de 1847 que además de implicar la invasión a nuestro país, concluyó con la anexión de grandes extensiones del territorio mexicano al del vecino del norte; o la rispidez que en momentos ha adquirido el tema del combate a las drogas, que hasta hace algunos años merecía una evaluación unilateral del gobierno americano sobre la forma en que el mexicano conducía las políticas sobre el tema, poniendo en tela de juicio, desde algunas perspectivas, la noción de soberanía. Otro tema conflictivo es el intenso trasiego de armas de alto poder que fluyen desde Estados Unidos a nuestro territorio, fortaleciendo la capacidad de fuego del crimen organizado, sin que parezca que exista interés de la autoridad norteamericana por regular y controlar de mejor manera la venta de armamento.

La cercanía existente entre México y los Estados Unidos tiene un peso relevante en la forma como se desarrollan las diversas dinámicas sociales, siendo posible afirmar que muchas decisiones y políticas que se toman en la Casa Blanca afectan significativamente el ámbito nacional. El reto que enfrenta el gobierno mexicano es convertir una interacción con riesgos y problemas, en una circunstancia favorable para los objetivos y necesidades nacionales.

Una acción que puede abonar a ello, particularmente en el contexto de la entrada en vigor del T-MEC, sucesor del TLCAN, es la visita que realiza a partir de ayer, 8 de julio, el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador a su homólogo norteamericano, Donald Trump. Es importante el contexto del inicio del instrumento que establece los aspectos del libre comercio entre los dos países, pero también es posible identificar que el encuentro tiene tras de sí varios aspectos significativos.

No se puede obviar la peculiar manera de relacionarse de ambos mandatarios. Durante la campaña electoral que lo llevó a la presidencia, López Obrador mantuvo un discurso que alertaba contra los mensajes agresivos y la actitud casi racista que exhibía cotidianamente Donald Trump desde la Casa Blanca. Sin embargo, una vez en el ejercicio del poder, se pudo advertir un cambio en las formas, con un mutuo reconocimiento y un tono amistoso en las comunicaciones y los comentarios, incluso matizando cuestiones álgidas del debate político internacional, como el muro fronterizo que el presidente norteamericano convirtió en señuelo para sus votantes y del cual anunciaba sería pagado por México.

Otra arista de análisis se relaciona con el momento político en el país vecino. El presidente Trump buscará la reelección en noviembre próximo, en medio de duras condiciones económicas y severas críticas a su gestión ante la pandemia del covid-19, que ha llevado a los Estados Unidos a convertirse en el epicentro de los contagios y decesos por causa del virus. En este marco, la reunión podría representar un riesgo ante una eventual derrota del partido republicano y la llegada al poder de los demócratas. Sin embargo, la decisión del titular del Poder Ejecutivo de ir a su primer compromiso internacional con el habitante de la Casa Blanca se vincula con la coyuntura actual y con la cercanía que obliga a encontrar las mejores condiciones para el desarrollo mutuo, el intercambio comercial ordenado y la colaboración para los retos comunes.

Sin duda la agenda de temas es muy grande y la reunión no podría abarcarlos de manera exhaustiva, pero representa la oportunidad para sentar las bases de un esquema de diálogo amplio, que permita revisar con detenimiento y a futuro, las formas de atender a la migración; la seguridad fronteriza y sus implicaciones, como el tráfico de drogas y de armas; el fomento a la inversión en nuestro territorio, en el marco de las políticas proteccionistas de Trump; y un tema de coyuntura que es de suma importancia: la reactivación económica en el contexto de la pandemia global por el covid-19.

La consolidación de una buena relación con Estados Unidos es necesaria ante la perspectiva futura poco halagüeña de las finanzas internacionales. Siendo el principal socio comercial del país, es trascendental trazar medidas conjuntas que ayuden a paliar la disminución en la caída del dinamismo económico que se prevé a nivel mundial.

El desafío a partir de esta reunión será construir un esquema de relaciones ambicioso, en función del cuidado de los intereses de la nación, que además de encauzar el intercambio de bienes y servicios, así como las inversiones, redunde también en un mejor desarrollo de aspectos ambientales, de combate a la criminalidad transnacional y de protección a los derechos de las personas, particularmente en lo relativo a los flujos transfronterizos.

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