La reforma energética fue la más trascendente del sexenio del presidente Peña y la más importante quizá desde la firma del Tratado de Libre Comercio para América del Norte. La liberación de los mercados energéticos para fomentar la libre competencia en la mayor parte de la cadena de valor y el permitir la inversión privada en esta materia, eran medidas urgentes desde hacía décadas.   

Si bien la reforma se planteó en tiempos del presidente Fox, fue hasta este sexenio que se concretó mediante una negociación en la cual los principales partidos políticos la aceptaron y promovieron hasta aprobarla.

La implementación de la reforma se ha dado a pasos acelerados no solo en el tema de hidrocarburos, sino también en materia de electricidad. Solo será posible sacar del atraso a estas industrias si se le da continuidad a lo que ya está en marcha. Pero existen diversos aspectos que podrían poner en riesgo a la reforma energética.

Cambio de gobierno

Un cambio de gobierno que pretenda dar marcha atrás a las reformas y regresar a los esquemas que han probado ser un fracaso, amparados en un estatismo trasnochado, la pondría en riesgo. Existen ya numerosos contratos con entes privados y compromisos derivados de la reforma que, si no se respetaran, provocarían el desprestigio del país, fuga de capitales, demandas multimillonarias y difícilmente se atraerían nuevas inversiones extranjeras.  

Inseguridad

Se ha dado un crecimiento acelerado en los últimos años del robo de combustible y su comercio ilegal. Quizás en parte derivado de la liberación de precios en las gasolinas, pero también alentado por la impunidad y la incapacidad del Estado mexicano para combatir este fenómeno. La inseguridad no solo amenaza al transporte de combustible. Amenaza también la exploración y explotación de hidrocarburos en zonas dominadas por el crimen organizado. Si no se logra darles la seguridad que requieren, las compañías podrían recurrir a ejércitos de mercenarios como en Iraq o simplemente abandonarán el país.

Corrupción

El robo de combustible se da en gran parte por la corrupción de los empleados y ex trabajadores de Pemex que proporcionan conocimientos técnicos a sus cómplices. Esto ocurre en todos los puntos de la distribución, desde los grandes depósitos de combustible, pasando por el transporte del mismo, hasta la venta ilícita. En electricidad también ocurren robos hormiga, aunque desde que desapareció Luz y Fuerza del Centro este fenómeno disminuyó. Pero la corrupción daña a Pemex y CFE no solo con los robos de combustible y electricidad. También los contratos amañados de obras, las adquisiciones innecesarias y todas aquellas operaciones que tienen por fin enriquecer a funcionarios corruptos, son una grave amenaza a estas empresas.  

Sindicatos y sus privilegios


Uno de los rubros de gasto público que más crece son las pensiones de los trabajadores al servicio del Estado y que en los últimos seis años han venido creciendo a un promedio del 7% anual y representan ya el 3.2% del PIB. Los privilegios y sueldos de los que gozan los empleados de Pemex y CFE son bien conocidos. Empleados de nivel superior llegan a ganar como si fueran secretarios de estado y existen jubilados que obtienen como pensión cantidades superiores a lo que gana el presidente de la República. Estos privilegios representan una carga insostenible para las empresas y las pueden hacer quebrar.

Falta de competitividad


Las empresas del Estado (Pemex, CFE y sus subsidiarias) aquejadas por falta de inversión y afectados por los factores antes mencionados, podrían estar en riesgo en el ambiente de competencia en el que se les ha lanzado, de no darse cambios radicales en su programa de gastos e inversión, tales como reducciones salariales, reducción de personal, inversión en mantenimiento, sustitución de equipos y tomar otras medidas para lograr que alcancen niveles de competitividad adecuados.

Mercados competitivos


Los mercados de energía están en proceso de apertura y aún existen muchas imperfecciones y asimetrías que deberán resolverse pronto para que funcionen y beneficien a la población. Los entes reguladores: CNH, CRE, CENACE, CENAGAS, COFECE Y SENER, deberán vigilar muy de cerca que se alcance una competencia adecuada, protegiendo a los consumidores.

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La reforma energética es una gran reforma que podría cambiar el futuro del país. Pero si no se resuelven los factores mencionados, podrían acabar con una de las iniciativas más importantes de las últimas décadas y afectar el desarrollo del país de manera permanente. Ojalá el próximo presidente de la República, si resulta elegida una persona que desee continuar con la reforma, pueda atender estas amenazas. Está en juego la economía del país.

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