Opinión

Álvarez-Buylla y el Conacyt: el autoelogio

Lo que se escuchó y vió en la conferencia de la Directora del Conacyt fue una visión autoelogiosa de su gestión. | Rafael Loyola Díaz*

  • 21/12/2020
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Con motivo de la presentación, y aprobación “en lo general”, como bien se dijo en un boletín de prensa del Conacyt, del informe sobre la gestión al frente del Conacyt y del anteproyecto de iniciativa de ley para el ramo de ciencia, ante el Consejo General de Investigación Científica, Desarrollo Tecnológico e Innovación, presidido por el jefe del ejecutivo y la alta burocracia, la titular del Conacyt dio una conferencia de prensa el pasado 16 de diciembre.

He de confesar que tuve que hacer un acto de voluntad para conectarme y escuchar lo que se decía, en virtud de que la responsable del ramo suele hacer presentaciones autocomplacientes, sin puntos de reflexión que muestren los desafíos a enfrentar, con una jerga ideológica que poco tiene que ver con los dilemas y los programas que el sector público debería elaborar para la ciencia, la tecnología y la innovación (CTI) y con una inadecuada y discutible supeditación a los dictados y prioridades del titular del ejecutivo, así como de los postulados de la cuarta transformación (4T).

No obstante y dada la importancia de la temática, pero sobretodo frente a los temores que tiene la comunidad de CTI sobre el posible contenido que depare la propuesta de ley que elabore el Conacyt, me conecté y con la mayor atención posible escuché lo que la doctora Álvarez-Buylla piensa de su gestión y de la mecánica como se formuló el anteproyecto mencionado de ley, al igual que las respuestas, si así se les puede llamar, que dió a los reporteros que le plantearon interrogantes. En esta circunstancia, los puntos que, en mi opinión, sobresalen de tal ejercicio son los siguientes:

1. La mayor parte de la intervención de la Dra. Álvarez-Buylla la dedicó a contar las glorias de su administración, entre las que mencionó las siguientes: 

a. Que se había ratificado el Programa Especial de Ciencia, Tecnología e Innovación (PECITI), aunque evitó decir que se aprobó casi con un año de retraso y que no hubo consulta a la comunidad científica para su elaboración.

b. Que los miembros del SNI habían subido a 35,606 en 2020, mientras que en 2019 eran poco más de 30 mil, pero evitó decir lo inconsistente de sus decisiones: primero anunció la supresión arbitraria del estímulo a los investigadores de instituciones privadas y luego comunicó que no se les cancelaba debido a la benevolencia del jefe del ejecutivo.

c. Que el número de becarios había subido, aunque tampoco se refirió a cancelación de renovaciones y retrasos en los pagos;

d. Reiteró lo que insistentemente dice en cuanto al apoyo otorgado a la investigación básica del orden de 1,600 millones de pesos en los dos últimos años, a la vez que su discurso y propuesta fundamental va hacia sus programas PRONACE, destinados a resolver prioridades del gobierno de la 4T, centrando sus prioridades en los campos en salud, energía y lo que llaman como seguridad humana, pero sin explicar mediante qué mecanismo colegiado se llegó a esa decisión, salvo su énfasis en que las directrices vienen de la agenda de la 4T y de las indicaciones del titular del ejecutivo.

Tampoco aclaró de qué manera se seguiría apoyando la investigación fundamental luego de que lleva dos años de reducciones severas al presupuesto del sector, de que su administración coadyuvó a la cancelación de los fideicomisos que significaban una entrada de recursos para los centros de investigación y de que su tarea principal la enfoca a que la dependencia a su cargo se dedique a las prioridades del ejecutivo, aunque no sean responsabilidad de la CTI.

e. Retomó el tema de los famosos ventiladores, de los cuales informó ya se habían instalado más de 500, agregando que se habían elaborado con empresarios nacionales y la participación de Centros Conacyt, en particular CIDESI. Empero, no se entiende cómo se alcanzó tal logro puesto que la Directora del Conacyt es obcecada en decir que el “neoliberalismo” había dejado en “desmantelamiento técnico/científico estatal” al sector de CTI. Por lo mismo, nos queda la confusión de cómo ocurrió ese milagro, partiendo de cero en dos años alcanzó la sapiencia para construir respiradores que coadyuven en el tratamiento de los enfermos de covid?.

Además, explicó que la construcción de tales aparatos era parte de su estrategia para alcanzar la soberanía científica y la independencia tecnológica, visión que no deja de plantear problemas por lo siguiente: la globalización, que les gusta o no es una realidad, puso en cuestión el concepto de soberanía, a la vez que más que nunca la investigación científica en la actualidad es más colaborativa, interinstitucional e internacional. Por lo mismo, su visión de soberanía científica no solamente suena ingenua sino también muestra que el agregado de la H al Conacyt poco le ha servido para que se le actualice en el tema.

De manera parecida, la tecnología pasa por el mismo rasero, por lo que ya no hay país que se considere capaz de asumir por sí solo aportaciones tecnológicas, cualidad que explica el nivel de composición internacional de la industria aeroespacial, la del automóvil y hasta la de las vacunas, por citar algunas y ni qué decir de la informática. Insistir en esos despropósitos tiene el riesgo de llevar a la CTI mexicana a su empobrecimiento por las pretensiones aislacionista que entraña tal discurso.

Y para que quede clara la visión y apuesta por una innovación por y a cargo del sector público, baste con leer la afirmación contenida en el boletín de prensa aludido, en términos de que el plan estratégico del Conacyt apunta a  “la creación y el fortalecimiento de empresas públicas y mixtas, con base científica y tecnológica, que favorezcan la recuperación de la rectoría del Estado en términos de patentes, ingresos, soluciones endémicas y adecuadas al país”.

f. Agregó la colaboración del Conacyt en la producción de una vacuna anti covid y mencionó los esfuerzos para recuperar la capacidad de producir vacunas, pero con la precisión de que sería con una empresa estatal, Birmex. Es decir, sin dejar de ser encomiable la búsqueda de capacidades  para volver a producir vacunas, llama la atención su ya conocida visión de un regreso a un estado poderoso como agente económico y no tanto regulador, donde la empresa privada parece no tener más acomodo.

g. Finalmente, es de sorprender que entre los logros coloque la cancelación de los fideicomisos en el ámbito de la CTI, en virtud de que sin entenderlos ni haber comprendido su función como articuladores del conocimiento con la sociedad y como fuente de financiamiento de las actividades en el sector, como tampoco su carácter estratégico para mejorar productividad y competitividad empresarial, festejó su liquidación. Todavía más, con frivolidad expresó que la particularidad de tales fondos para el ejercicio transanual de presupuesto se resolvería sin mayor problema, manifestando mucho desconocimiento acerca de la mecánica de funcionamiento del sector hacendario y de las dificultades para ejercer presupuestos más allá de las anualidades. O la Dirección del Conacyt está haciendo magia o sigue sin entender la administración pública.

2. Al final de su intervención mencionó el tema del anteproyecto de ley en CTI, acentuando los puntos siguientes:

a. Que era anteproyecto, aprobado por un comité interministerial y que ya estaba en manos del ejecutivo.

b. Que el mencionado documento ya cuenta con el aval de instituciones de educación superior, centros de investigación, asociaciones, organismos de CTI de diversa índole y comunidad pertinente; subrayó que se habían recibido muchas propuestas y que se había dialogado con universidades, entre las que incluyó a la UNAM. Empero, el punto no es tal como lo expone la Directora del Conacyt. En conferencia de prensa del pasado 1 de diciembre la UNAM mencionó que todavía no se le había tomado en cuenta, lo mismo se sabe de la REDNACECYT que tiene una propuesta de ley en forma en la que pone énfasis en una estructura de gobierno y una visión federalista en materia de CTI, apostando por una decisiva participación de estados y municipios tanto para su aprovechamiento como financiación; además, se sabe que sus diálogos con la Directora han sido por demás infructuosos hasta el momento. Lo mismo pasa con el grupo de ProCiencia, el cual dispone de una propuesta de ley, muy anclada en lo científico, que se benefició de una extensa participación de científicos, y que también ha externado su preocupación de no haber sido tomado en cuenta. Este grupo sigue bregando para que su propuesta sea tomada en cuenta.

En este aspecto el problema radica en que la dirección del Conacyt estima que recibir documentos y propuestas sin diálogo, sin tomarlos en consideración, es suficiente; al igual que está convencida o se autoengaña en cuanto a que cuenta con el aval de organismos de CTI, universidades y miembros de la comunidad. Por ello, el grupo que se supone elaboró el anteproyectos y que ha mostrado la Directora, está compuesto básicamente de burocracia y de dos o tres académicos sin mayor trayectoria en el medio ni en la temática; una de estas dispone de un único libro con carga ideológica contra el neoliberalismo, acusándolo de ser responsable -como le gusta decir también al séquito del Conacyt- de haber puesto la ciencia al servicio de la empresa; otro de ellos es conocido por sus posturas ideológicas, su fervor y militancia en la 4T y su abyección Presidente en turno.

En virtud de este supuesto entramado de apoyos y de su autoconvencimiento acerca de la legitimidad del anteproyecto de ley, la Dra. Álvarez-Buylla subrayó que solamente restaba la visión del ejecutivo y la decisión del legislativo, sin considerar en ningún momento la necesidad de dialogar con la comunidad de CTI. Hizo esta afirmación a pesar que, dos días antes, en el mencionado boletín de prensa, se había informado que: “a partir de ahora, (el anteproyecto) entrará en un proceso de retroalimentación y consenso con la comunidad científica de México”. Y para tapar el ojo al macho, ante la pregunta de un reportero, mencionó que si alguien quisiera todavía opinar la puerta estaba abierta, sin indicar para qué puesto que, en su visión, el tema ya no está en sus manos.

En suma, de lo expuesto se deduce que se tiene un anteproyecto sin diálogo con la comunidad y organismos de ciencia y de educación superior, y sin ninguna evidencia de que las propuestas recibidas hayan sido tomadas en cuenta. Eh ahí el dilema de si tenemos un organismo de ciencia que escucha y consulta o solamente se atiende a sí mismo, al titular del ejecutivo federal y a su 4T. Por lo mismo, toma fuerza la hipótesis de que estamos ante una conducción de CTI del sector público que va más por una ciencia de estado que por una política de estado para el sector.

Lo que se escuchó y vió en la conferencia de la Directora del Conacyt fue una visión autoelogiosa de su gestión, sin puntos ni referentes que comprueben la veracidad de sus afirmaciones; una postura sobre su anteproyecto de ley de ciencia caracterizado por su elaboración al margen de las propuestas presentadas y con los aportes fundamentales de agentes de la burocracia federal, sin la participación del sector científico, a pesar de que ella lo pretende cubrir con dos o tres académicos ajenos al sector e imbuidos de militancia pro 4T o de discursos ideológicos antineoliberales, además de haber cerrado la posibilidad de diálogo con la comunidad científica al haber depositado en el ejecutivo federal y el legislativo la decisión final.

Asimismo, se volvió a ver una directora de voz suave y melodiosa, pero sin la menor receptividad a los cuestionamientos e interrogantes, de ahí la ya no sorprendente respuesta a una pregunta relacionada con despidos en el Conacyt, simplemente lo negó tajantemente sin mayor explicación. De igual manera, sigue llamando la atención, como bien afirma Guillermo Sheridan, que el Conacyt a su cargo está al servicio del jefe del ejecutivo federal y de su discurso de la 4T, no del avance de la CTI sin cortapisas o de la Nación, como debiera ser.

Ahora lo que sigue es revisar el mencionado anteproyecto, sobretodo después de escuchar voces que alertan sobre sus referentes ideológicos, la exclusión de hecho de la comunidad científica en la toma de decisiones, la ausencia de organismos independientes de planeación y contrapeso, y la introducción del asambleismo en las instituciones de ciencia que tantos estragos dejó en las de educación superior en los años setentas del siglo pasado. Ya no sorprende la habilidad de la 4T para desenterrar y resucitar muertos que ya eran artículos de museo. De esto nos ocuparemos en una siguiente reflexión.

No deja de preocupar la afirmación de la Dra. Álvarez-Buylla en términos de que ya había sentado “las bases de la transformación hacia los principios de la 4T”, declaración que subraya el carácter militante de su gestión y lo limitado de su visión para la CTI en México. Nos seguimos preguntando si dispone del liderazgo y autoridad para conducir un sector estratégico que reviste gran complejidad, y que requiere de un conocimiento y habilidades necesarias para ser llevado con acierto. No es lo mismo tener el poder para imponer que disponer de liderazgo y autoridad para dirigir al sector científico.

*Rafael Loyola Díaz

Investigador IISUNAM, ex-director general del CIESAS y fundador de un Centro Socioecosistémico.

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