Opinión

¿Alguien tiene que ceder?

Seguir por la misma ruta a nadie conviene.

  • 23/06/2016
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La violencia no es el camino. Con esta frase se sintetizan las reacciones más relevantes ante el enfrentamiento ocurrido el domingo pasado en #Nochixtlán. Los ocho muertos y más de 100 heridos no sólo provocaron un punto de inflexión en el conflicto magisterial. Es un evento indignante que se debe investigar a fondo y sancionarse con todo el peso de la ley.

 

El diálogo se mantiene como la mejor opción.

Sin embargo, la comunicación entre los actores políticos involucrados se ha caracterizado por mantenerse en extremos inflexibles, lo que ha llevado a una situación donde la tensión se incrementa y se ha cancelado cualquier posibilidad de llegar a una solución definitiva.

 

Los argumentos han fracasado.

No han servido para distender el conflicto. Más bien lo han complicado. No han evitado las presiones que ejercen unos y otros. Por el contrario, han escalado. No han sido útiles para ganar la confianza de la opinión pública, pues los han llevado a una fórmula de "perder—perder"

 

El resultado: la sociedad está dividida.

También está confundida. Las narrativas que se han construido tienen problemas importantes, pero el daño mayor se ha generado en los momentos más críticos. La versión oficial en torno a los acontecimientos del domingo pasado pusieron en evidencia las fallas que aún tienen los protocolos de comunicación y de actuación de las fuerzas de la seguridad

 

Predominaron las inconsistencias y contradicciones.

Aunque algunas medidas correctivas se aplicaron a partir del lunes, éstas no alcanzaron a cubrir las deficiencias de los primeros pronunciamientos. En las #RedesSociales siguen presentes ciertos temas y conversaciones que amenazan con darle al suceso un valor simbólico de grandes proporciones.

 

No es para menos.

En primer lugar, porque la violencia generó la muerte, hasta ahora, de ocho personas. Luego porque se incrementa el miedo de la población. Y además por la incertidumbre que existe ante las reacciones que ha habido hasta hoy.

 

¿Y qué pasará si el diálogo no da resultados?

La voluntad por parte de las autoridades existe. Los secretarios de Gobernación y Educación hicieron la convocatoria. La CNTE se pronunció en el mismo sentido y aceptó sentarse a la mesa. El tono de los posicionamientos se ha mesurado. La condición coyuntural es clara:

 

Primero lo político, después lo educativo.

Ni el diálogo ni la negociación serán sencillos. Tampoco es probable que veamos pronto los mejores resultados. Lo que pasó nada tiene que ver con el derecho legítimo de manifestación y protesta. La confrontación escaló y rebasó los límites.

 

Violencia genera violencia.

La sangre derramada hasta ahora no sólo ha sido de personas involucradas en el conflicto. Murió gente que presuntamente estaba al margen de éste. Pero lo más importante: El conflicto, por muy delicado que sea, no justifica la muerte de nadie.

 

En democracia, la ley es el instrumento esencial.

A ésta deben someterse las partes, aunque no sea suficiente para reducir las tensiones. Aunque no satisfaga los intereses de todos. Si quieren avanzar en serio, la comunicación es el otro recurso disponible para dar certeza, generar confianza y tener una buena reputación.

 

El reto ahora es más grande.

Primero, porque el problema  ya forma parte de la agenda internacional. En principio ya forma parte de la agenda del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. La postura del relator sobre Ejecuciones Extrajudiciales, Sumarias o Arbitrarias, Christof Heyns, es delicada.

 

En México "persisten las ejecuciones extrajudiciales", dijo.

Lo mismo sucede con "el uso excesivo de la fuerza por parte de agentes de seguridad,". Por ambas razones, Heyns "urgió a las autoridades mexicanas aprobar una ley general sobre el uso de la fuerza y a crear una institución nacional autónoma de servicios forenses".

 

El costo para el gobierno podría ser alto.

Después de los resultados de las #Elecciones2016 no le conviene tener abierto, por mucho tiempo, otro frente de alto impacto. La sensibilidad e indignación que se está generando en la sociedad podría tener desenlaces de alto costo en las elecciones presidenciales del 2018.

 

Seguir por la misma ruta a nadie conviene.

A partir de hoy todos los involucrados tienen que ceder y comunicarse mejor con la sociedad y con la comunidad internacional. Mantenerse en la intransigencia sólo los puede conducir a un proceso destructivo e irreversible que terminará dañando a todos y, lo que es peor, al país entero.

 

 

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