Opinión

Algarabía en el mercado petrolero

Es un hecho que en 2019 los precios del petróleo estarán en manos de Donald Trump, Vladimir Putin y el príncipe heredero Mohammed bin Salman. | Alicia Fuentes

  • 11/12/2018
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En fechas recientes el ámbito petrolero enfrenta un escenario complejo. Si bien el mercado de los hidrocarburos siempre ha estado influido por factores políticos, de entre todos los actores que han contribuido a generar la situación actual, Estados Unidos es el que más está influyendo en la definición de los precios del petróleo en el corto y mediano plazo.

Desde junio de 2017 el precio del petróleo había estado registrando un aumento sostenido que lo llevó a cotizar al barril de crudo a 74.96 dólares el 9 de octubre de 2018, su precio máximo desde 2014. Esta situación provocó la furia twittera de Donald Trump exigiendo a la OPEP a terminar los recortes en la producción para bajar los precios.

Por supuesto los países cuya economía depende de las ventas de petróleo se habían beneficiado por el aumento de los precios del petróleo, incluido Estados Unidos que, como consecuencia de la masiva extracción de petróleo de esquisto, en muy poco tiempo se convirtió no sólo en el segundo productor mundial de petróleo después de Arabia Saudita, sino que también comenzó a pelear por uno de los principales lugares como exportador de energéticos fósiles.

Sin embargo, para Donald Trump los altos precios del petróleo también tienen otra connotación: encarecen los combustibles para los conductores, el transporte público, la calefacción y otros servicios vinculados a su consumo y, en consecuencia, el efecto que esto tiene sobre la inflación. En pocas palabras, si los bolsillos de los estadounidenses son afectados, Trump pierde votantes.

A medida que se acercaba el verano de este año, temporada en que los estadounidenses aprovechan para viajar y consumir más gasolina, a nadie sorprendió que Donald Trump, también presionado por los demócratas en el Senado, arremetiera contra la OPEP exigiendo el aumento de la producción de crudo para evitar el continuo incremento del precio de los combustibles; el cual, por cierto, tuvo que ver con la decisión del propio Trump de retirar a Estados Unidos del Acuerdo nuclear con Irán e imponer nuevas sanciones al gobierno de Teherán el 8 de mayo de 2018, lo que ocasionó la “pretendida” salida parcial del crudo iraní del mercado energético mundial.

A pesar de la presión ejercida por Trump y de que los propios saudíes al frente de la OPEP se comprometieron en junio de 2018 a relajar las restricciones en la producción, que había estado implementando desde 2016 para “supuestamente” compensar la salida del petróleo de Irán, los precios del petróleo continuaron al alza pues el mercado petrolero entró en una especie de pánico ante una eventual escasez derivada de una creciente demanda mundial impulsada en gran parte por China.

Uno de los efectos de lo anterior es que sacó a la luz que la “alianza estratégica” entre Washington y Riad es sólo aparente, al menos en lo que a petróleo se refiere, pues los grandes mercados chino e indio terminaron seduciendo a Trump al grado que su administración les concedió privilegios para suplir las importaciones de petróleo iraní provocando con ello, y con justa razón, el enfado de los saudíes.

La consecuencia mayor de este arreglo derivó en un aumento de la oferta en el mercado: el crudo iraní continuó circulando, los saudíes y los rusos aumentaron la producción y el petróleo estadounidense se coló por todo el orbe. La abundancia en la oferta de petróleo llevó a reducir sus precios. Al 5 de diciembre de 2018 el barril de crudo se cotizó a 52.89 dólares, una caída del 29% respecto a los 74.96 dólares que costaba el 9 de octubre, cosa que no se había experimentado durante una década.

Lo que sucede a nivel internacional

A nivel internacional las economías dependientes de las exportaciones del petróleo son las que están sufriendo el mayor impacto de los bajos precios del petróleo. El ejemplo más próximo es Qatar que, el 3 de diciembre y en vísperas de la Conferencia Ministerial de la OPEP, anunció que se retiraba de la Organización ya que a diferencia de otros miembros le resulta difícil continuar manteniendo una economía sana con los precios bajos del petróleo y a sabiendas de que en los días siguientes la OPEP confirmaría una reducción en la producción petrolera.

Como se esperaba, el 7 de diciembre la OPEP y sus aliados, con Rusia a la cabeza, confirmó que mantendrá una reducción petrolera en 1,2 millones de barriles al día durante el primer semestre de 2019. La disminución en la producción de petróleo decretada por la OPEP podría incrementar el precio del combustible y beneficiar a sus miembros y demás exportadores de petróleo. Sin embargo, también abre la puerta a un Donald Trump preparado para expandir su dominio de la energía y dispuesto a perforar el Ártico, con tal de aumentar sus volúmenes de producción y exportación de petróleo, y con ello influir nuevamente en el precio.

Evidentemente, el anuncio de la OPEP de mantener baja la producción de petróleo es una muestra clara de querer conservar el control del mercado muy a pesar de la histeria twittera del inquilino de la Casa Blanca, que confiaba en verse beneficiado de su “estrecha relación” con el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammad bin Salman.

Es un hecho que en 2019 los precios del petróleo estarán en manos de Donald Trump, Vladimir Putin y el príncipe heredero Mohammed bin Salman, pero dado sus intereses encontrados todo parece indicar que la constante, al menos en los primeros seis meses del próximo año, será la volatilidad del precio del crudo lo que, como efecto en cascada, representa un riesgo tanto para los países productores como consumidores de petróleo, así como para la estabilidad de la economía global.

A México, altamente dependiente de las exportaciones petroleras, le convienen los precios altos que se derivan de la reducción en la producción de petróleo, finalmente es por esta razón que el gobierno mexicano se unió a la OPEP en esta estrategia en los últimos dos años. Sin embargo, para nuestro país los altos precios del petróleo conllevan un incremento en el precio de la gasolina y del transporte, lo que afectaría negativamente el presupuesto familiar. Por esto, es importante el diseño de la política energética de México, especialmente cuando los recursos públicos son escasos y son muchas las tentaciones.

El limbo en la frontera

@alifur1  | @OpinionLSR | @lasillarota

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