Opinión

Al paso del tren, en los años veinte

El deambular por archivos fotográficos y fílmicos empezó en 1996.

  • 16/04/2017
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Trenes, agua, madera, agua, trenes… y más trenes.


Alguna foto debía existir de la vida en aquellos tiempos en Cima, alguna toma fílmica quizá.


- ¿Cómo crees? ¡Tú siempre piensas que debe haber imágenes de todo!


Pues sí, por qué no, se trataba de un espacio a pie de vía ya entrado el siglo XX; muy aislado, eso sí, pero cercano a la capital y estación clave de una línea ferroviaria muy transitada. Me dispuse a agotar las posibilidades en todo acervo fotográfico o fílmico que tuviera fondos relativos al ferrocarril.


Cima (Tlalpan, Distrito Federal) fue una estación estratégica en el tendido de la línea C, División Querétaro. Era un espacio muy significativo para mí a fin de siglo y el tren estaba a punto de dejar de pasar por esas vías y muchas otras en el país. ¿Qué sería de Salvador, después de más de treinta años de atenderla como jefe de estación? Su trayectoria de vida resultó clave para entender lo que significó ese trabajo y el ferrocarril como medio de transporte para tantas generaciones.


El deambular por archivos fotográficos y fílmicos empezó en 1996, en plena privatización, y en escasos meses se fueron silenciando todas las máquinas en muchas líneas del país, hasta dejar de verlas y oírlas, hasta apagarse el murmullo de numerosos pueblos que dejaron de existir con la clausura de tantos y tantos ramales.


La línea C fue una más. De México al Balsas atravesaba diversidades climáticas, naturales y culturales a su paso, transportando ya solo carga desde mediados de los años setenta. Antes eran pasajeros los que lo tomaban para ir a Cuernavaca o simplemente para salir de excursión a recoger hongos al monte. Cima no era más un poblado, pero lo había sido en los años veinte, y me empeñé en seguir buscando imágenes que nos permitieran reconocer esa antigua estación del tren donde se instalaron los ‘talamontes’, antes de trasladarse a Parres años después, con la dotación del ejido que les hiciera Cárdenas en 1937.


Localicé cientos de imágenes de decenas de líneas que tapizaban todo el país con sus rieles. Sobre todo en el Museo de los Ferrocarriles, en Puebla, que preserva fondos completos de Registros de Avalúos que hizo periódicamente Ferrocarriles Nacionales. Fue ahí donde, revisando la línea C, capturada puente por puente, estación por estación, y casi kilómetro a kilómetro entre 1926 y 1930, se reveló Cima, con una sola foto muy peculiar y diferente de las demás.


Fotografía perteneciente al Registro de Avalúos 1926-1930 de la Línea C, Colección del Museo de Ferrocarriles Nacionales Mexicanos. Fo­tografía compuesta por dos registros, editada y reproducida en Roca, Km. C-62 Un nómada del riel, 2000, Instituto Mora-FONCA.


En esta fotografía se capturó como pocas el perfil de una población de taladores, en el rumbo mejor llamados ‘talamontes’, en una época de gran actividad para esta estación estratégica en el tramo México-Cuernavaca, por estar en el punto más alto del tendido, a 3100 metros de altitud. El tren siempre debía detenerse para poner los frenos antes de bajar la “pendiente gobernadora”. Eran muchos los carros de carga que transportaba, y el peso también.


En esta imagen congelada en el tiempo podemos ver desde el propio tren, con un registro hecho desde uno de los carros del convoy, algunas viviendas a un costado y al fondo, apenas asomando, el cabús-estación que estuvo durante casi un siglo en funcionamiento, siempre con el telégrafo como principal instrumento. La radio nunca funcionó por la accidentada topografía del terreno.


La fotografía permitió re-trabajar con un antiguo habitante del pequeño pueblo, Santiago Cervantes, conocido en el rumbo como Don Chago. Sus recuerdos y su lucidez hicieron posible reconstruir en gran medida la cotidianidad de este espacio laboral donde confluía la recolección de madera con los traslados por la vía, entre el trajín cotidiano de escasas decenas de casas de madera con techos de zacate, materiales del propio rumbo.


Estaban las imágenes, pero faltaba conocer varios aspectos del día a día para poderlas entender. Cuando ya no esperaba encontrar nada más, en la revisión de un documental producido en 1925 surgieron algunas escenas al paso del tren justo por el trayecto México-Cuernavaca. Ahí se revelaron un par de secuencias que pasarían a ser clave para triangular con el testimonio de Don Chago. Él había referido ante todo como parte esencial del paisaje cimeño los atados de madera que día con día se alineaban junto a la vía para su traslado hacia la capital en su mayoría. En la foto no eran visibles, pero en la toma fílmica, que tenía el ángulo contrario, finalmente podíamos verlos a un lado y otro de los rieles, perfectamente acomodados para su carga. 


Toma extraída del documental México antes los ojos del mundo (Miguel Chejade, FNM, 1925). Filmoteca de la UNAM. from Opinión LSR on Vimeo.


Puede apreciarse como el cerro al pie de la vía ya era utilizado para alimentar de balastro la vía. Su ladera mordida de tanto retirar tezontle negro para el tendido y mantenimiento de los rieles. Como una de tantas poblaciones que se crearon al paso del ferrocarril, Cima y sus pobladores adecuaron su actividad al paso del tren, y como zona montañosa la madera de inmediato se volvió un modus vivendi.


Con Don Chago conocimos sobre todo la importancia de la madera, pero también del agua para esta población. En otra toma puede verse una escena tan cotidiana como el abastecimiento de agua caliente para las señoras del pueblo, desde la locomotora del tren. Ambas asunto de subsistencia: la primera daba para comer y sin la segunda era imposible vivir. Ambas dependían del traslado en tren y ambas aparecían en las escenas del documental justo al paso por Cima


Toma extraída del documental México antes los ojos del mundo (Miguel Chejade, FNM, 1925). Filmoteca de la UNAM. from Opinión LSR on Vimeo.


Tan cotidiana debió ser la escena, que en el viaje que efectuó sobre esas vías el documentalista chileno Miguel Chejade, realizador de México ante los ojos del mundo, se hizo este registro que quedaría en la realización del documental de 1925, encargado por Ferrocarriles Nacionales de México para promover las visitas en tren más cercanas al Valle de México: Cuernavaca, Toluca y Amecameca. Una joya del periodo que resguarda la Filmoteca de la UNAM y que seguro será una fuente para muchos más estudios.


Estas piezas fueron clave para el estudio que dio pie a la investigación y documental Km. C-62 Un nómada del riel (Instituto Mora/FONCA). Aquí podemos ver cómo fueron integradas a la presentación de Cima como espacio protagónico.



Secuencia extraída de Km. C-62 Un nómada del riel, (Lourdes Roca, Instituto Mora, 2000) from Opinión LSR on Vimeo.



@institutomora

www.mora.edu.mx


Dra. Lourdes Roca Ortiz

Antropóloga e investigadora del Instituto Mora, especialista en investigación social con imágenes. Coordinadora del Laboratorio Audiovisual de Investigación Social (LAIS). Docente de programas de licenciatura y posgrado, así como de cursos de especialización en el tema en México y el extranjero. Ha publicado documentales, libros, exposiciones y sitios web. Su trabajo fue reconocido con el premio Antonio García Cubas que otorga el INAH.


lroca@mora.edu.mx

http://www.mora.edu.mx/Investigacion/SitePages/Lais.aspx


@OpinionLSR


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