Opinión

Ahora quieren inflar al Verde

La élite ha comenzado a inflar al Partido Verde que se ha convertido en una suerte de segunda división del PRI.

  • 22/02/2015
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Si el capital no tiene país, las oligarquías no tienen siglas políticas. Para los beneficiarios del régimen de privilegios en el que vivimos es irrelevante que gobierne tal o cual partido. Lo que les importa es asegurar que todo se mantenga en su lugar, sin alteraciones. En el año 2000 arribamos a la alternancia pero no a la democracia como muchos creyeron. El poder no se transformó sólo jugó con distintos colores.

 

En los 90 el país atravesó por una profunda crisis que hizo insostenible la permanencia en el poder del PRI. La continuidad del tricolor en la silla presidencial se convirtió en un capricho muy caro, ya que ponía en entredicho la estabilidad necesaria para darle continuidad al régimen.

 

La oligarquía optó por mantener al régimen aunque eso implicara cambiar de partido y encumbraron al PAN con Vicente Fox que llegó al poder con altas expectativas que se desgranaron principalmente con la persecución hacia Andrés Manuel López Obrador, que era desde entonces el principal líder de la oposición en México.

 

Para el siguiente sexenio se robaron la presidencia e impusieron a Felipe Calderón cuyo gobierno dejó como principal resultado un baño de sangre difícil de olvidar: Más de 100 mil muertos en una guerra contra el narco que no ganó.

 

Luego de estos dos sexenios, uno tragicómico y otro trágico a secas, el PAN dejó de asegurar la estabilidad tan deseada por la oligarquía y volvieron a voltear hacia el PRI. Sin embargo, el poco talento y la sobrada corrupción de los tricolores han provocado un grado de hartazgo social que hace que sus posibilidades de repetir en la presidencia se diluyan.

 

Ante esta emergencia, la élite ha comenzado a inflar al Partido Verde que se ha convertido en una suerte de segunda división del PRI y ayudado por el dinero salido de quién sabe dónde y por la televisión se quieren presentar a la ciudadanía como una “nueva opción”.

 

Se trata de empujar un cambio para que todo siga igual, como ocurrió con Fox y como ocurre con Peña Nieto. Es evidente que este recambio de figurines y siglas no está motivado por un afán democrático de la oligarquía sino por un sentido práctico.

 

El neoliberalismo es un modelo político económico que somete a las sociedades a crisis cada vez más continuas y cada vez más profundas. Esta dinámica de crisis reduce el margen de acción de la clase política y la desgasta. Por eso, los partidos y los personajes del neoliberalismo se han vuelto sino desechables, al menos intercambiables. Para contener el cambio verdadero que toque al modelo económico y que transforme la realidad de la mayoría los grupos de poder necesitan hacerle frente con un cambio ficticio que “refresque las pantallas” para que los mismos personajes de siempre continúen llenándose los bolsillos. 

 

@martibatres

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