Opinión

¿Advertir, prohibir o educar?

La estrategia del sector salud contra el sobrepeso y la obesidad aún no está funcionando. | José Antonio Sosa Plata

  • 01/10/2020
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Hoy entra en vigor la Norma Oficial Mexicana sobre el Etiquetado de Alimentos y Bebidas no Alcohólicas Preenvasados (NOM 051). Con esta ley comienza una de las acciones preventivas y de comunicación más importantes del Gobierno de la República para hacer frente a la epidemia de sobrepeso y obesidad que padecemos desde hace más de 30 años. 

Como sabemos, el problema es grave y las autoridades del sector salud nos recuerdan, casi a diario, que se trata de uno de los problemas de salud más importantes del país y también de uno de los factores que más han influido en el incremento del número de personas muertas por el covid-19.

Los datos son preocupantes. Uno de cada tres niños y adolescentes, y siete de cada diez adultos han sido afectados por este mal. Por lo tanto, el sobrepeso y la obesidad se han convertido ya en una de las principales causas de morbilidad y mortalidad en el país.

Tan solo la diabetes ha sido la causa de muerte de más de 100 mil personas, de acuerdo con el estudio más reciente del INEGI. Además, el impacto económico negativo es muy alto, ya que representa un 34% del gasto público en salud y una pérdida anual del 0.4% del PIB (Ribera, J.A., et.al., 2018).

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La alta incidencia del sobrepeso y la obesidad es consecuencia de una realidad compleja y multifactorial. Está vinculada con enfermedades crónicas como la diabetes, la hipertensión y otros problemas cardiovasculares. Pero no solo eso. La situación se sigue agravando porque la dieta de la mayoría se caracteriza por consumir un elevado número de alimentos y bebidas con alta densidad energética, altas cantidades de azúcares o grasas y harinas refinadas y bajo contenido en fibra.

El nuevo etiquetado es parte de las acciones de prevención y control de una estrategia de carácter multisectorial. El objetivo principal que tiene es mejorar la salud de la población, defender los derechos de las y los consumidores, proteger a la niñez y dar certeza jurídica a productores, importadores y comercializadores de la industria alimentaria.

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Sin embargo, las voces en favor y en contra de la nueva ley y la estrategia general que la respalda no han estado exentas del conflicto y la polarización. Cuando uno revisa los argumentos de unos y otros, hay muchas razones convincentes para apoyar las diversas propuestas de solución que presentan. Pero es evidente que, aunque la prioridad es y debe ser la salud pública, los intereses económicos de algunas empresas nacionales y transnacionales siempre terminan por imponerse. Algo similar sucedió con las campañas antitabaco, y ya conocimos los límites de sus resultados.

Lamentablemente, México es el mayor consumidor de alimentos procesados en América Latina y el cuarto más grande del mundo. Las campañas oficiales y las acciones que se han realizado para tratar de mitigar la epidemia han sido poco eficaces frente al gran poderío y capacidad seductora que han mostrado las grandes empresas de alimentos y bebidas “chatarra”. Y aunque se ha dado un paso importante con la NOM 051, no existen razones para estar optimistas en el corto y mediano plazos.

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La esencia del nuevo etiquetado está en advertir a la gente —en forma clara y visible—sobre los peligros de consumir los productos que contengan exceso de azúcares, sodio, grasas o calorías, y también cuando contengan edulcorantes o cafeína. Hasta ahora, las únicas prohibiciones han sido para los menores en Oaxaca y Tabasco. Por otra parte, la nueva norma establece sanciones para las empresas que no cumplan con sus disposiciones.

El reto de las autoridades en términos de política social y de comunicación política es enorme. Por un lado, porque a pesar de la visión integral que plantea la estrategia general, es evidente que no todas las acciones darán los resultados esperados. Por el otro, porque las campañas contra el tabaquismo, el consumo de drogas y el consumo excesivo de alcohol no han tenido el impacto esperado en la población. 

En el mismo sentido, tampoco se pueden considerar totalmente efectivas las acciones que se han impulsado desde el sistema educativo para cambiar la delicada situación que aqueja a niñas, niños y jóvenes. La educación es una herramienta necesaria y poderosa, pero hasta ahora sus limitaciones son muchas. Las tendencias a la alza y los efectos adversos que provocan estas enfermedades en la economía, sin duda, hacen ver a este conjunto de medidas como simples paliativos. Advertir, prohibir o educar es conveniente, pero los esfuerzos para acabar con las adicciones no han sido totalmente eficaces ni suficientes.

Consulta: Juan Ángel Ribera Dommarco, et.al. La obesidad en México. Estado de la política pública y recomendaciones para su prevención y control. UNAM, Instituto Nacional de Salud Pública y Academia Nacional de Medicina, 2018.

Lo que no hemos visto —y urge— es un cambio de fondo en la construcción social. Si en verdad hay voluntad política para resolver el problema, se requiere una transformación que apunte hacia una nueva cultura en los hábitos de consumo, preferencias y gustos que tanto daño están ocasionando. El sistema y el entorno alimentario deben ser modificados. 

Al mismo tiempo, se debe mejorar el acceso económico de las familias para tener una dieta saludable, disponer los espacios adecuados y transformar los factores que propician la actividad física. También hay que promover la salud mental y contar con campañas de comunicación realmente efectivas que incidan en cambios de comportamiento a nivel individual y familiar.

Todos estos puntos están contenidos en la estrategia general del sector salud contra el sobrepeso y la obesidad. La NOM 051, por su parte, considera tres fases para su implementación, lo que habla de un proceso lento al que no será fácil adaptarse. Y por lo que se ve hasta ahora, la campaña antidrogas se mantiene como una de las más altas prioridades de comunicación del gobierno.

Si el problema es tan grave, es obvio que se necesitan decisiones políticas, económicas y sociales más firmes y con una verdadera visión integral. Si no se actúa de esta manera, lo más probable es que la pandemia del sobrepeso y la obesidad siga creciendo hasta ocasionar más muertes que cualquier otra pandemia que hayamos tenido en los últimos cien años. 

¿Tendremos que esperar las soluciones, entonces, hasta que alguien nos proponga una quinta transformación?

Recomendación editorial: Peter L. Berger y Thomas Luckmann. La construcción social de la realidad. Buenos Aires, Amorrortu, 1995.

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