Opinión

Adriana Labardini

Adriana fortaleció la labor del IFT durante estos años y enriqueció con su ejemplo a muchos de quienes la rodeamos | María Elena Estavillo

  • 05/03/2018
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El 28 de febrero pasado concluyó el encargo de Adriana Labardini como comisionada del Instituto Federal de Telecomunicaciones.  

Conocí a Adriana en septiembre de 2013, en una comparecencia a la que nos convocó una fracción del Senado, junto a los demás candidatos propuestos a ser comisionados del IFT. Más tarde me comentó que todo el tiempo, hasta que tomamos nuestros lugares, pensó que yo era una senadora.

Después de nuestra ratificación, el 10 de septiembre de ese año, comenzó una labor intensa para construir una institución y cumplir un mandato constitucional que se antojaba casi inalcanzable en el plazo que se nos había otorgado. Una experiencia profesional y de vida, que sin duda marcará a quienes tuvimos el privilegio de vivirla.

Desde ese momento y durante cuatro años y medio aprendí a conocerla, apreciando progresivamente sus grandes cualidades profesionales y personales.

Quizá sólo quien la ha visto trabajar de cerca puede darse cuenta de su gran profesionalismo. Como miembros del cuerpo colegiado en una autoridad con un campo de actuación especialmente amplio, uno de los retos que enfrentamos es entender las particularidades y encontrar soluciones a asuntos que requieren conocimientos profundos de derecho, economía e ingeniería, así como de especialidades diversas, entre las cuales están la competencia económica, la regulación técnica (económica y en ingeniería), las nuevas tecnologías, los derechos humanos y las ciencias de la comunicación.

De cierta manera era natural que Adriana, por su profesión y trayectoria, hiciera contribuciones importantes en los aspectos jurídicos de los asuntos, pero ella nunca se limitó a esos confines de su perfil, sino que, con un marcado sentido de responsabilidad, se adentraba en otros aspectos analíticos que enriquecían sus aportaciones y muchas veces dieron luz sobre aspectos fundamentales que había que cuidar y reforzar al resolver los asuntos.

En la interacción cotidiana pude advertir cuánto cuidado ponía en prepararse para nuestras reuniones de trabajo y para las sesiones del pleno. Podía imaginarla leyendo, estudiando, consultando diferentes fuentes, cuestionando y buscando soluciones innovadoras, out of the box. Porque siempre sus intervenciones fueron informadas, estudiadas, meditadas y con el ánimo de construir. Al pleno no llevaba problemas, sino soluciones.

Aunque Adriana tiene un amplio reconocimiento público, también en ocasiones se le ha juzgado como se suele juzgar a las mujeres, regateándoles mérito y créditos. Nadie pone en duda su labor apasionada a favor de los consumidores y las audiencias, pero generalmente se retrata esa única dimensión, que sin duda tiene y es muy valiosa, pasando por alto otras virtudes y logros.

Por poner algunos ejemplos, Adriana fue, entre los comisionados, la primera en advertir la importancia de que se impulsara el tránsito del sistema IPv4 a IPv6, tema al que me sumé y en el que ella no dio tregua hasta convencer e infundir la misma preocupación al resto del Instituto. Animó de diversas formas el análisis de asuntos relacionados con el desarrollo de los servicios satelitales; insistió en la importancia de estudiar prospectivamente nuevas tecnologías para el aprovechamiento del espectro, como el uso de espacios blancos, el acceso dinámico y la compartición de frecuencias. Con su gran don de gentes contribuyó a estrechar las relaciones del IFT con otros reguladores y con organismos internacionales.

Pero más allá de eso, Adriana siempre ha mostrado las cualidades que ansiamos encontrar en toda servidora pública: honestidad, objetividad, imparcialidad y procuración del interés público. Y también las que la enriquecen como ser humano: empatía, generosidad, curiosidad, valentía, sencillez. Sin filias ni fobias, emitiendo su voto en conciencia y honrando el compromiso que asumimos cuando protestamos cumplir con este encargo en la Cámara de Senadores.

Siempre he estado consciente de que las instituciones rebasan a las personas y de que hay ciclos que cumplir. Pero también sé que Adriana fue un factor que fortaleció la labor del IFT durante estos años y que enriqueció con su ejemplo a muchos de quienes la rodeamos.

Adriana seguirá con su exitosa carrera donde quiera que vaya, pues tiene mucho que seguir aportando. Estén atentos, quienes tengan la suerte de encontrarla en su camino.

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* Comisionada del IFT. Las opiniones expresadas son a título personal y no deben entenderse como una posición institucional.

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