Opinión

Adivina adivinador o de los usos de la historia

Generalizar en historia es banalizar, simplificar, quitar peso y fundamento al suceso. | Fausta Gantús

  • 09/11/2019
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Hagamos esta vez algo entretenido que demande la participación directa de usted que lee para resolver el asunto, ¿le parece? Es un tema serio, que requiere algunos conocimientos de historia patria y estar enterado del acontecer político actual. Si está en disposición de poner a prueba su pericia, siga leyendo. Si no quiere verse atrapade por la duda y ser incapaz de encontrar la respuesta/las respuesta (¿hay respuesta correcta?), abandone ahora esta columna y siga tranquilamente con sus labores del día.

La curiosidad le gana, continuó leyendo... De acuerdo, entonces “adivine adivinadore”, ¿de quién hablamos? El personaje seleccionado debe cumplir con al menos 8 de las 12 características anotadas:

1. Compitió en dos procesos electorales antes de lograr llegar a presidencia de la República en la tercera contienda.

2. Dio la batalla en el campo del sufragio y en otros frentes aduciendo siempre la defensa del pueblo. Y una buena parte del pueblo le dio su respaldo por mucho tiempo.

3. Contó con el apoyo de empresarios muy cercanos a su administración a quienes protegió y otorgó importantes contratos.

4. Se le señaló por cobijar a sus amigos y atacar crudamente a sus oponentes y críticos a quienes consideraba sus enemigos.

5. Contó con una corte de esbirros zalameros, incondicionales, muchos de los cuales gozaban de sueldos patrocinados por el presupuesto oficial.

6. Sostuvo una relación conflictiva con la prensa, pues tuvo que lidiar con una crítica severa de una parte de la misma, aunque había otra que le era adicta.

7. Estaba orgulloso del pasado indígena, pero apoyaba el uso de los suelos de las comunidades vivas para el desarrollo económico y el progreso de México.

8. Se le acusó de entrometerse con los otros poderes en su afán de dominar la política nacional.

9. Especialmente tenía controlada las cámaras; esto es, el poder legislativo marchaba en concordancia con las políticas del ejecutivo, al que respaldaba.

10. Tuvo una relación conflictiva con el poder judicial durante mucho tiempo, por lo que se dio a la tarea de modificar reglas y “perseguir”, eso sí, con sutileza, a los miembros de ese poder que no le fueran adictos.

11. Era liberal y rindió culto a Benito Juárez.

12. Privilegió la paz como objetivo fundamental de su gobierno.

Respuesta (hay más de una opción correcta, ¿quizá dos? ¿quizá cuántas?):

También puede sumar otros nombres de presidentes mexicanos que no estén en la lista, pero que usted logre identificar con al menos 8 de las características...

Bueno, ya. Ahora un poco de seriedad. ¿De qué se trata este juego? Es el intento de mostrar a les lectores los usos que pueden hacerse de la historia. Esto es, las generalidades a las que acuden muchas veces las personas que no son profesionales de la disciplina, son muy “peligrosas”. Generalizar en historia es banalizar, simplificar, quitar peso y fundamento al suceso; es renunciar al análisis y la interpretación. Justo lo que hacemos los historiadores es trabajar con fuentes (documentos de los más diversos tipos), analizarlos e interpretarlos para encontrar explicaciones. Los historiadores estudiamos procesos, procurando entender realidades tempo-espaciales complejas. Complejas no solo por las coordenadas tiempo/espacio, sino porque se trata de comprender sociedades, si en plural: sociedadeS, en sus múltiples realidades: políticas, económicas, culturales..., la lista es larga.

Así que, cuando #LópezObrador en sus alocuciones o sus mensajes escritos recurre a supuestos ejemplos históricos, usándolos como referente y fundamento de sus dichos, en realidad lo que hace es banalizar la historia, generando confusión. La historia, como la memoria, son maleables; es la ética personal la que dicta el uso que se haga de ellas.

Si observamos con cuidado la lista de 12 características podremos ver que, según los “dichos” hay dos personajes que las cubren todas, ¿quiénes son? Porfirio Díaz y Andrés Manuel López Obrador. Lo que, en una rápida y banal alusión a la historia, nos haría decir que son lo mismo. Pero lo cierto es que no lo son, ellos no son lo mismo, como no lo son ninguno de los presidentes, porque cada uno responde a un tiempo, un espacio, unas determinadas circunstancias –nacionales e internacionales–, a ciertas coyunturas; esto es, forman parte de sociedades diferentes. No, no apreciades lectores, no es cierto que “la historia siempre es la misma” porque la historia no es cíclica; o que “todo tiempo pasado fue mejor” o que “un personaje es igual a otro” o que “el futuro será mejor que el pasado porque aprendimos de la historia”. Lo cierto es que cada época, cada momento, cada sociedad, cada individuo tendrá sus particularidades, sus peculiaridades que son necesarias estudiar para comprenderlos. Somos producto de nuestro tiempo y el tiempo en que vivimos supone una influencia sobre nosotres; nuestro tiempo abre y cierra caminos, posibilidades.

*Fausta Gantús

Investigadora del Instituto Mora (CONACYT) y profesora de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Especialista en historia política, electoral, de la prensa y de las imágenes. Es autora de una importante obra publicada en México y el extranjero, entre la que destaca su libro Caricatura y poder político. Crítica, censura y represión en la ciudad de México, 1876-1888. Ha coordinado varios libros sobre las elecciones en el México del siglo XIX.