Opinión

Adiós al maestro Jesús Trápaga Reyes

Soñaba con un mundo mejor para los desiguales | Manuel Fuentes

  • 07/02/2018
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Eran cerca de las tres y media de la tarde del tres de febrero de dos mil dieciocho (en el día internacional del abogado), cuando Jesús Trápaga Reyes se despidió silenciosamente. Su hija la más pequeña lo cuidaba, había estado agitado en las últimas horas; ella trataba de tranquilizarlo, después de cierto rato, al fin los dos durmieron, ella abrazándolo lo tomaba tiernamente, cuando ella despertó su padre se había ido; parecía que dormía, su cara denotaba tranquilidad, como la de aquellos hombres que nunca mueren.

Jesús Trápaga fue de los grandes juristas de nuestro tiempo, muy distinto a los demás. Era desprendido, de una sencillez como la de nadie. Bondadoso con sus conocimientos.

Era un apasionado de la historia, le gustaba desentrañar los secretos más recónditos del derecho y cómo éste era atrapado por el poder.


Contaba, en sus clases de derecho, historias de los reyes, de los sultanes, de los poderosos, hasta de los presidentitos que hacían suyo el derecho para apropiarse de lo ajeno, para vender la patria, para tener sometidos a los demás.

Le gustaba la filosofía y con ella soñaba un mundo mejor para los desiguales. Era un apasionado de todo lo que hacía. Lo mismo en tribunales, en sus clases, en las charlas en los pasillos, en los mítines que acudía para defender a los suyos, en donde fuera. Podían pasar horas sin cansarse de escucharlo.

Fue uno de los precursores del derecho alternativo en nuestro país. No solo lo teorizaba sino lo practicaba con las personas más humildes a quienes defendía. 

Él decía con frecuencia que el deber de todo jurista era lograr que el derecho de los poderosos se convirtiera en un instrumento de justicia.

¿Cómo lograr que las normas enmohecidas se pudieran convertir en un respiro social?

Él decía que todo jurista que se preciara de serlo debería manejar, conocer, aplicar el derecho mejor que nadie. Mejor que un juez, un magistrado, un ministro, un abogado contrario, un maestro. Conocer lo más recóndito del derecho, cada palabra, cada detalle, el punto de la coma, su esencia de cada espacio, como la de un artista. A Jesús le apasionaba la música. Cuando se refugiaba con los suyos, tocaba la guitarra, cantaba, era alegre, amaba la vida. Así la esperanza por el cambio nunca acababa para él, volaba y se posaba por todos lados.

El derecho alternativo, decía, debe lograr que nuestros defendidos acompañen al jurista social en sus acciones.

Hacerlos participar en todo tiempo, para que no sean simples observadores sino activos principales de la justicia. Combinar lo legal con la participación de la gente.  Hacer del derecho un instrumento de cambio social con la movilización consciente del pueblo.

Legado

Las experiencias que encabezó en las colonias Martín Carrera, Morelos y Guerrero a fines de los años setenta y en los ochenta, fueron muestra de la aplicación del derecho alternativo que pregonaba. Cuando se acababan los remedios jurídicos cientos de colonos se congregaban para evitar lanzamientos arbitrarios. Apenas tronaba un cuete en el firmamento salían las personas de sus casas, dejaban lo que estaban haciendo, para ingresar a la vivienda que se pretendía desalojar.

Mujeres en mandil, con niños en brazos, viejos con bastón, jóvenes, hombres maduros, todos salían a realizar una resistencia pacífica frente a los actuarios y policías que los acompañaban. Se metían a la vivienda, decenas y decenas de personas para que nadie pudiera entrar y así evitar sacaran las modestas pertenencias de sus angustiados habitantes. Llegaban órdenes judiciales, citatorios en ministerios públicos y allí llegaba Jesús Trápaga a apoyar a su gente. Siempre cargaba consigo el ánimo y esperanza.

Esos tiempos eran los de las máquinas de escribir (de las de teclado y pega) y cuando él las tomaba parecía que saltaban las letras para acomodarse con los mejores argumentos. Eran escritos de hojas y hojas. Tomaba el código, como el campesino con su azadón, con gran maestría. Yo lo acompañaba en esos espacios; me sentía un ser privilegiado, como el del aprendiz con su maestro del que se aprende la vida para darle magia.

Teníamos la coincidencia de que su madre y mi padre eran primos hermanos, y esa era una hermandad de sangre que se acrecentó al compartir los mismos caminos.

Cuando en los años ochenta asesoramos al sindicato de Tremec en la ciudad de Querétaro, lo traje a mis espacios. Era la empresa automotriz más importante del estado y allí el gobernador Rafael Camacho Guzmán junto con su secretario de gobierno Enrique Burgos, hicieron todo lo posible para que no se resquebrajara la CTM. Estalló una huelga, hubo despidos. El secuestro de dos sindicalistas. Toda la maquinaria del estado se nos vino encima. Nos expulsaron de Querétaro, a cambio de reinstalar a despedidos, dar el mayor aumento posible y salvar el quebranto cetemista ante la rebeldía obrera.

En 1985 se sumó a los abogados que defendíamos a las costureras. Los patrones se escabullían por todas partes y las autoridades acorraladas por la presión social hicieron que el movimiento tuviera respuestas de solución a pesar de estar contracorriente.

Jesús Trápaga no cesaba de estudiar, sumó especializaciones, maestrías y doctorados, y con ellos formó cientos de generaciones en todos los niveles profesionales. Fue profesor en instituciones públicas y privadas. Tanto en la Universidad Autónoma Metropolitana como en el Instituto de Posgrado en Derecho. Esta última institución recibió uno de los tesoros más importantes que poseía el doctor Jesús Trápaga, quizá lo único: su biblioteca personal. Era un fanático de los libros de viejo, de los que reseñaban las mejores historias. Se pasaba horas y horas buscando entre obras y tratados hasta lograr hallar los más preciados estudios.

Armó escuelas de formación sindical y política en los sindicatos y barrios populares, compartiendo sus conocimientos de cambio social.

Un hombre sabio

Él, era un abogado bien recibido en todas las asociaciones, fue miembro de la Unión de Juristas de México. En 2016 recibió de la Asociación Nacional de Abogados Democráticos (ANAD), en la que también participaba, la medalla “Emilio Krieger” por su contribución a la ciencia jurídica y su compromiso social (ver discurso). En la tarde del 21 de octubre en el ex templo Corpus Christi de la Ciudad de México se refirió a la congruencia como su guía:

-Debo decir que durante estos últimos 42 o 43 años que tenemos ya en el litigio solamente una meta nos ha guiado… tratar de ser congruente… congruente entre lo que pensamos y lo que decimos… congruente con lo que decimos y lo que hacemos… ya sea se trate de la defensa de un inquilino pobre, de un trabajador despedido, de campesinos luchando por sus tierras, lo único que hemos tratado de hacer siempre es ser congruente.

Hemos tratado de hacer que el Derecho se comprometa con la justicia y que la justicia no sea solamente un privilegio que dependa de los poderosos y quienes tienen dinero, la justicia es para el más sencillo trabajador, inquilino o joven que es víctima de lo pelear por parte la autoridad.

Nosotros pensamos que el Derecho es precisamente un instrumento para el cambio de la sociedad, en esta sociedad injusta que nos ha tocado vivir y que no queremos heredar a nuestros hijos; por eso lo que queremos decir es que agradezco profundamente a mis compañeros colegas y amigos de la ANAD porque tantas batallas hemos dado con las que seguramente vamos a seguir dándolas porque pues definitivamente vemos que están tratando de revertir hasta lo más sacrosanto, como decía el Doctor Sánchez Alvarado, del sentido social del Derecho.

Ya nos arrebataron en buena parte el sentido social del Derecho Agrario y hoy están pretendiendo hacerlo de nueva cuenta con el Derecho del Trabajo.

Lo que nosotros queremos decir es que tenemos que formar un frente común precisamente para evitar que ahora seamos víctimas del estado neoliberal y de sus aliados para revertir el sentido de justicia social del Derecho del Trabajo.

Jesús Trápaga Reyes fue de los juristas incansables, de los que nunca mueren, de los que se quedan abriendo caminos, compartiendo sueños por un cambio verdadero, como lo hizo hasta su último suspiro, en su último instante, abrazado de todas sus querencias, de las más cercanas y de las que no podían tenerlo, pero que siempre estuvieron con él. 

Gracias Jesús, por ese gran legado que nos dejas.

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@Manuel_FuentesM@OpinionLSR | @lasillarota


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