Opinión

Abordaje sistémico

El abordaje sistémico se refiere al emprendimiento de acciones coordinadas en torno a: usuarios de las vialidades, infraestructura y vehículos. | Roberto Remes

  • 03/02/2021
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En las estrategias de seguridad en el mundo, una de las tendencias que ha dominado los últimos años es la del “Abordaje sistémico”, que se refiere al emprendimiento de acciones coordinadas en torno a tres elementos clave: Usuarios de las vialidades, la infraestructura y los vehículos. En la medida que, a partir de un marco institucional, una ciudad, una región o un país, atienden estos tres elementos, ocurre una reducción clara de la siniestralidad, la gravedad de los siniestros, y por consecuencia, una disminución en el número de muertes y lesiones permanentes.

La política de seguridad vial del Gobierno de la Ciudad de México se ha vuelto el talón de aquiles en sus esfuerzos desordenados pero notorios, por mejorar la movilidad.

Cuando un porcentaje alto de viajes ha sido cancelado por la pandemia, en vez de disminuir el número de muertes en las calles, éstas se han incrementado. Tan sólo en enero de 2021, al menos 37 personas murieron en incidentes viales en la Ciudad de México: 4 ciclistas, 13 peatones, 16 motociclistas y 4 ocupantes de automóviles. Los responsables de la política de seguridad vial, en teoría, dan la cara. Hace unos días el propio secretario de Movilidad estuvo en la calle con ciclistas que se manifestaban. La respuesta a estas manifestaciones fue el lanzamiento de acciones, quizá buenas pero insuficientes, que los propios funcionarios calificaron como “abordaje sistémico”, aunque sólo están utilizando la expresión como una simulación, porque estamos muy lejos de tener ese enfoque sistémico de la seguridad vial en la Ciudad de México.

El problema de fondo es que nuestras autoridades mienten por lo menos tres veces:

Uno. Presumen que las “fotocívicas” han funcionado, cuando son un notorio fracaso. Si sirvieran de algo, las estadísticas mortales no estarían al alza.

Dos. Mienten al presumir el abordaje sistémico del problema, cuando sólo usan la expresión como propaganda.

Tres. Mienten también al minimizar la situación presente en materia de seguridad vial.

Esto sí tiene como solución el abordaje sistémico, pero no como propaganda, sino como acciones específicas en tres vías:

Usuarios. Necesitamos una gran acción del Gobierno de la Ciudad de México para cambiar las conductas: particularmente las que más ponen en riesgo a las personas (consumo de alcohol, velocidad, agresiones a peatones y ciclistas, conducción temeraria).

Infraestructura. No importa el número de intersecciones atendidas, lo importante es que se entienda que arreglar puntos peligrosos necesita tener un enfoque integral y no verlos de forma aislada y con improvisación. Hay cruceros peligrosos que fueron mal intervenidos pero muy presumidos. Si el cruce de dos vialidades anchas es peligroso, hay que disminuir carriles, aunque duela.

Vehículos. Los vehículos particulares han venido ganando seguridad por su diseño moderno, las viejas láminas de acero han sido reemplazadas por fibras ligeras y la protección de un habitáculo. Sin embargo, los vehículos de carga y los de transporte público van mucho más atrás. Si bien las normas de diseño vehicular son materia federal, los gobiernos locales sí pueden normar los vehículos de transporte público, y establecer acuerdos con las cámaras empresariales para mejoras al transporte de carga: hay aditamentos que se pueden colocar para hacer los vehículos más seguros para peatones y ciclistas. El cambio no tiene que ocurrir de la noche a la mañana, pero sí necesitamos tener un calendario de retiro de todos los vehículos que no tengan un diseño que proteja a peatones y ciclistas (como ya ocurre en los autobuses bajos que ha comprado RTP y en todos los trolebuses adquiridos esta administración).

Necesitamos que sea una costumbre el que la gente respete los límites de velocidad. Quitar las fotomultas dio manga ancha a quienes gustan de acelerar, suspender las sanciones cívicas durante la pandemia sólo rompe la relación conductual entre el acto y su castigo, algo que no ocurriría con sanciones económicas.

De igual forma, carecemos de respeto en otras infracciones al reglamento de tránsito, como el estacionamiento en áreas peatonales, la falta de obediencia a semáforos, invasión a la infraestructura ciclista y vueltas prohibidas. Hay que perseguir la conducción temeraria y las conductas agresivas. Hay que llevar a todos los vehículos oficiales al ejemplo, mediante rastreo satelital, incluyendo los vehículos de RTP y Transportes Eléctricos.

En lo que se refiere a las fotomultas. La decisión demagógica más correcta es que no regresen nunca, pero la más responsable exige su retorno con tres diferencias clave: el mecanismo de contratación para que no sea un actor privado quien las opere; el mecanismo de apelación, para que el ciudadano no se perciba vulnerado con su aplicación; y la posible conmutación de la primera fotomulta, siempre que no haya velocidades temerarias involucradas.

Sabemos que las autoridades no harán caso a planteamientos como este, ni a los de las manifestaciones, pero que no se quejen de ellas. Seguirán en tanto no haya acciones reales que reduzcan las muertes en las calles. Les duele más que los manifestantes “manchen” el flamante tapete floreado que la jefa de gobierno hizo poner bajo su ventana, que las decenas de muertes que sus acciones han provocado.

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